El voto libre, la militancia cretina

Zoé Valdés

Para nadie es un secreto que en las presidenciales francesas del 2007 yo voté por Nicolás Sarkozy, lo dejé por escrito incluso. Fue mi primera votación en libertad, de hecho y de facto. Sin embargo, en las municipales siempre voté Bertrand Delanöe para la alcaldía de París, y ahora voto Anne Hidalgo.

Recuerdo que entre la primera vuelta y la segunda de las presidenciales del 2007 escribí una carta a Sarkozy acerca del estado de tres presos políticos cubanos de los que él se venía preocupando personalmente: Orlando Zapata Tamayo, Ariel Sigler Amaya y Ricardo González Alfonso, no pensé que me contestaría de inmediato dado que se encontraba inmerso en el momento más importante de su carrera política. Pues no sólo la respondió, además supe que se ocupó rápida y eficazmente a través de la embajada en La Habana de animar a los familiares de estos presos.

Cuando ganó François Hollande, quien había publicado en el pasado en Le Nouvel Observateur dos artículos sobre la Primavera Negra del 2003 en contra de la represión castrista también le dirigí varias cartas acerca de la situación esta vez de los presos políticos Sonia Garro Alfonso y Ramón Alejandro Muñoz, nunca recibí respuesta.

Pero tampoco recibí respuesta sobre el mismo tema de François Copé, presidente de la UMP (el partido contrario), ni de Nathalie Kosciusko-Morizet propuesta para la alcaldía de París en estas municipales. Que Copé haya manifestado públicamente que Cuba es una dictadura no tiene nada de extraordinario, es lo que todos saben, y muy pocos asumen. Es de agradecer que lo haya reconocido, pero a estas alturas es bastante poco.

Sin embargo, tanto Delanöe como Hidalgo, así como Sarkozy y su esposa Carla Bruni y Frédéric Mitterrand, socialista ex ministro de la Cultura de Sarkozy, han sido siempre muy solidarios con los cubanos demócratas, por lo tanto, eso yo lo valoro.

Dentro de mi voto y del hecho de pertenecer al Comité de Soutien de Anne Hidalgo no está contemplado sólo y preferentemente mi interés por Cuba, aunque también. Primero que nada observo la calidad de los políticos, su fidelidad a lo esencial para lo que han sido elegidos, para servir a los ciudadanos, y no para lo contrario, para lucirse ellos.

Dicho lo dicho, y como no soy militante de ningún partido, y me siento más bien de centro derecha, como a veces de centro izquierda, o como diría Guillermo Cabrera Infante y que tanto he repetido "una reaccionaria de izquierdas", pues me siento libre de votar por quien mi conciencia me dicte, y mi conciencia y mi pensamientos son libres. Como libres eran los de Václav Havel cuando expresó:

Nunca en mi vida me he identificado con alguna ideología, creencia o doctrina, sean de derecha o de izquierda, ni tampoco con un sistema cerrado de pensamiento sobre el mundo.

Cuando en las presidenciales en las que ganó Hollande, vimos todo perdido ante la guerra mediática impuesta en contra de Sarkozy, los sexuales imprevistos-previsibles de DSK y la improbabilidad de Martine Aubry, sostuve que prefería a Aubry que a Hollande, algunos me quisieron comer, comer no, devorar. E incluso algunos de su partido, quienes razonaban de la manera más idiota posible: "Es fea, es gorda". Como si Angela Merkel fuera Claudia Schiffer. Bien, ahí tienen, a un "feo, teñido, inútil", que está hundiendo el país y conduciéndolo a la ultraderecha.

Si los resultados de estas municipales se hubieran producido durante el gobierno de Sarkozy Francia entera estaría en las calles, aupada por los medios. Pero no, se trata del socialista Hollande, entonces callan y disimulan.

Para las municipales votaré al dúo Hidalgo-Girard para París, lo he explicado con creces: en relación a la ciudad en la que vivo hace 25 años son la opción menos peligrosa para el futuro, y la más efectiva y eficaz. En cuanto a presidenciales gubernamentales, y de este gobierno que debiera dimitir en pleno, incluido el presidente, votaría por Aubry, pero en caso de que volviera Sarko, votaría por Sarko. Y eso lo saben tirios como troyanos. Faltaría más, mi libertad es mía. Y no sólo es mía, no la escondo detrás de seudónimos pendejos.

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