Por patriotismo, ¡viva Holanda!

Santiago Navajas

Terminó Ortega y Gasset un discurso ante la Sociedad Liberal de Bilbao en 1910 con su célebre "España es el problema y Europa la solución". Se refería Ortega a la regeneración de la idea española, que debía pasar por la democracia liberal, la ciencia moderna, la filosofía ilustrada y la economía de mercado. Es decir, todo lo que detestan los nacionalistas conservadores y los socialistas estatistas.

Actualizando Ortega a la problemática actual, podríamos decir que los nacionalistas y los socialistas patrios siguen siendo el problema mientras que los liberales europeos (holandeses, suecos, daneses, austríacos… fundamentalmente) son la solución. El primer ministro de los Países Bajos, Rutte, es el representante de una serie de países que pretenden condicionar los fondos europeos a que España haga una serie de reformas estructurales, sobre todo respecto a su esclerótico mercado laboral y el agujero negro de su piramidal sistema de pensiones, para que las ayudas no se conviertan en un financiamiento espurio y corrupto del socialismo de amiguetes, capitalismo clientelista y nacionalismo nepotista a que estamos acostumbrados, de Cataluña a Andalucía, pasando por Madrid.

En España es frecuente el europeísta que mide su compromiso con la UE por el tamaño de las ayudas que provienen de Alemania o Francia. No hay carretera, hospital o instituto en este país en el que no esté colgado un cartel al que nadie hace caso pero que constituye el pilar fundamental de nuestra modernización: "Financiado con cargo a fondos de cohesión, de solidaridad o estructurales". Dichos euros no son un asunto de caridad, tampoco de justicia, sino que benefician a todas las partes si se convierten no en un gasto, o una forma de enriquecimiento para los Pujol de turno o los sindicalistas habituales, sino en una inversión. España se comprometió con Felipe González y José María Aznar a hacer las reformas necesarias para dejar de lado una estructura económica ineficiente. Recuerden la disciplina a la que nos comprometimos para acabar con una política monetaria tercermundista y un gasto público desbocado. Sin embargo, con Zapatero, Rajoy y Sánchez tanto el déficit como la deuda, la corrupción moral y el delirio político volvieron a ganar posiciones en la sociedad española. Los medios de izquierda satanizaron la disciplina y la austeridad, como ahora tratan de envilecer la frugalidad y próximamente arrastrarán la moderación, la templanza y la sobriedad.

Es un asunto de patriotismo y de defensa propia reclamar a la UE un control del presupuesto comunitario en España, dada la incompetencia manifiesta del Gobierno de Sánchez, la ideología pobrista de Podemos, la sangría permanente de los nacionalistas y el seguimiento de los barones autonómicos.

La advertencia de Ortega sobre que la solución de España provenía de la Europa ilustrada y liberal no era complejo de inferioridad sino certificación de las inercias y lastres en la estructura político-económica de España. Cien años después estamos mejor pero con un Gobierno social-comunista hipotecado a los nacionalistas golpistas no cabe esperar que se hagan las reformas necesarias. El PSOE y Podemos nos empujan en dirección no de Europa sino de la Sudamérica de Venezuela y Argentina. Más Rutte significa menos Sánchez e Iglesias porque el líder liberal holandés es la voz de la objetividad y el principio de realidad allá donde Sánchez e Iglesias, en la senda de la complicidad de Zapatero y la desidia de Rajoy, importan el chavismo-peronismo que ha llevado a naciones antes prósperas a convertirse en sociedades fallidas, violentas y envilecidas. No perdemos soberanía porque somos tan europeos como españoles. Y ganamos racionalidad, libertad, eficiencia y prosperidad.

Pocos años después de su discurso ante los liberales de Bilbao, Ortega se dirigía a los argentinos:

No presumen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal.

Parafraseando a Ortega: ¡españoles, a las cosas! Y brinquemos hacia las alturas liberales, no saltemos al foso social-comunista.

A continuación