Don Albert y el silencio de la cordera

Pedro de Tena

Todavía no es san Albert el Magno, capaz de reconciliar la razón y la política en España. Pero desde luego ya no es Albertín, como le ha llamado algún diario digital. Tras el debate de investidura de agosto, es don Alberto o don Albert. Como es sabido por casi muchos, no soy un entusiasta del personaje, muy especialmente por su comportamiento servil e inexplicable en un reformista cabal. Precisamente en Andalucía, la tierra de España que más reformas necesita, sobre todo en corrupción y sobre todo socialista, don Albert sigue marinando por los cerros de Úbeda sin asco alguno. Pero, dicho lo dicho, hay que reconocer que, en este final parlamentario de agosto, don Albert y su partido son los únicos que han prestado un servicio a la Nación. Ante el muro de Pedrín, las barricadas de Pablín y las trincheras de los "mueraespaña", Albert Rivera ha cumplido con su deber constitucional y democrático. Espero que ello le haga ganar muchos votos en diciembre, tal vez también el mío, si llega el caso.

Por ello, es más que sorprendente aún el silencio de la cordera. ¿Se acuerdan de Susana Díaz, aquella que como "la cordera" de Clarín, empezó volviéndose loca de miedo ante el tren que llevaba a Ferraz para después irse acostumbrando a su estrépito y finalmente, convencida ya de su familiaridad inevitable, ha terminado por no mirarlo siquiera? En uno de los libros raros y curiosos de España se anotó ya un antecedente:

Una cordera es la moza,

y una avispa muestra ser

con el que no tiene mosca.

De muchos es conquistada,

y al que en su cielo acomoda,

la pena le hace pagar

antes de rozar la glorla.

Pero quien parecía una loba capaz de merendarse en un santiamén al rebaño dependiente de Pedro Sánchez está resultando ser una cordera que está escondida en el silencio de sus congéneres. Si acaso, filtra de cuando en cuando, casi nada en el mes de agosto, algún aullido para dar la impresión de que sigue en la cola del eterno retorno de un AVE que lleva a la secretaría general del PSOE que, al parecer, no llega nunca a la ventanilla.

Pero, en fin, quien tiene la sartén por el mango es don Albert, sí, sí. Piensen en esta idea que le brindo al nuevo paladín de la política nacional. Descuelga el teléfono, llama a La Cordera y le explica en un ratito la necesidad de un gobierno para el conjunto de los ciudadanos españoles. Le subraya su responsabilidad como líder de la federación socialista más importante de España y el futuro esplendoroso que le espera. A continuación le espeta que si no se afana en derribar el muro de Pedrín, Ciudadanos dejará de apoyar a su gobierno en el Parlamento andaluz dando paso a una crisis, otra más qué importa, que acabaría con sus ambiciones y las de Pedrín de manera definitiva.

La política es así, poder en acción, presión inmisericorde y, si es noble, búsqueda del interés general. Si lo entiende, bien. Si no, adiós Cordera. Leopoldo Alas "Clarín" se refirió a otro tren, pero ese no iba a Madrid.

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