Adiós, PP, adiós

Pedro de Tena

Han pasado más de veinte años desde que, cansado de la enfermedad moral y política del socialismo español y asfixiado por la corrupción desatada en España, dejé de ser de izquierdas. Dado que el comunismo, en versión marxista-leninista o en versión iberoamericana, me parecía un retroceso a las cavernas antes que un paraíso, decidí ayudar al PP a ver si era capaz de lograr la regeneración de una nación irreverente consigo misma. Por ello, a finales de 1995 dejé El Mundo y pasé a formar parte del equipo de Javier Arenas, primero en el Ministerio de Trabajo y luego en su etapa de dirigente nacional y presidente del PP andaluz. Creo que fui de los primeros ciudadanos que procediendo de la izquierda evolucionaron hacia un centrismo nacional, liberal y no sectario sin esconderse por ello.

Durante todo este tiempo, y hasta 2012, año decisivo, ayudé en lo que pude y en lo que se me dejó. Nunca acepté prebendas, ni puestos en los consejos de administración de las empresas públicas, ni sobresueldos. Tampoco me afilié porque no soy hombre de partido. Nunca estuve en la meleé interna y, aunque el personalismo cesarista instalado en su seno era empobrecedor e incluso despótico, me aparté de las disputas. Quiero creer que contribuí a su desarrollo en la medida de mi inteligencia y mi conciencia, mucho más desde 2004, cuando me pareció que la izquierda española se había vuelto loca acusando al gobierno de España de ser responsable del mayor atentado de la historia de Europa, que ella misma creía islamista.

Pero en 2012 se produjo una crisis que se resuelve ahora con mi despedida del PP. Sigo sin entender lo que pasó en las elecciones andaluzas de 2012, si bien creo que Rajoy quiso perderlas deliberadamente para no dejar al PSOE fuera del gobierno de las CCAA. Nunca recibí explicaciones de por qué se dilapidaron 400.000 votos en cuatro meses, por qué quien ganó dio una espantá inenarrable, por qué se dio el espectáculo ridículo de una sucesión absurda y por qué lo que iba a ser el cambio en Andalucía se convirtió en el cambiazo más cruel a los votantes andaluces del PP, creo que de los mejores, más sufridos e insultados de España. Luego supe de mentiras, corruptelas, bajezas y demás en un partido que creció y predicó precisamente contra esas prácticas.

"Perico, amigos hasta la muerte", me susurraron algunos muertos vivientes. Se referían a la mía, a mi muerte, claro. Desde 2012 no he tenido relación alguna con nadie del PP, salvo con algunos amigos y amigas a los que no nombro para no perjudicarlos. Llegados a este punto, es el momento de mi despedida definitiva del PP. Quienes hoy mandan y deciden no están a la altura de las circunstancias. Desde 2012 no fueron, son ni serán más, mientras sean los que están y estén los que no son, alternativa liberal y moderada alguna para España. Así que, sin otro particular, adiós, PP, adiós. Quedo en Libertad Digital –es un deseo–, y quedo a la espera de la novedad, de la sorpresa y de la buena voluntad desde la libertad que nunca he perdido. Puedo votar opciones varias, desde un liberalismo centrado y reformista hasta una socialdemocracia realmente demócrata a fuer de liberal y española. Abierto estoy a que me convenzan los aspirantes si se dejan de porquerías de casta, vieja y nueva, y de gatopardos encubiertos. Venga, díganme.

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