Pedro y Pablo en la Cañada Real

Pablo Planas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acostumbra a llegar tarde o demasiado pronto. Por ejemplo, se enteró de la pandemia cuando el coronavirus ya tenía barra libre en España. Y, por contra, dio por muerta la pandemia a principios del verano cuando en realidad estaba de parranda. Se debió de perder el episodio de Barrio Sésamo sobre "pronto" y "tarde". Ahora, con la Filomena, ha vuelto a dar muestras de su incapacidad para medir los tiempos, de modo que ha tardado más de tres días en darse cuenta de la gravedad de la situación y hacer algo.

Pero ¿qué ha hecho? Pues lo que mejor sabe hacer nuestro amado líder, un posado saliendo de un todoterreno para entrar con paso firme y decidido en el Ministerio del Interior, donde le esperaba Grande-Marlaska para poner orden en la borrasca. Nos quedamos más tranquilos. Como con la foto de Pablo Casado pala en ristre.

Al drama del frío, la nieve y el hielo hay que añadir el precio de la electricidad, eso que llamamos "la luz" por una especie de resabio atávico. La ola glacial viene con sorpresa, la caliente subasta del megavatio, que está batiendo todos los registros. De tal modo que mientras con el anterior Gobierno la luz subió un 8% y aquello era una catástrofe humanitaria colosal, con el actual ya va por el 27% y no pasa nada. Menos mal que Pablo Iglesias y Alberto Garzón iban a cuadrar a las eléctricas, según dijeron cuando estaban en la oposición. Al hilo, sostiene la ministra de la Transición Ecológica, Teresa Ribera, que eso de los récords en pleno temporal es una anécdota que no tendrá el más mínimo reflejo en el recibo. Lo cual quiere decir que ya podemos ir preparándonos para abonar un leñazo descomunal en la próxima factura.

Mientras tanto, esa izquierda que iba a poner firmes a los señores de las suministradoras mira ahora hacia otro lado. En concreto, hacia la Cañada Real, donde unos cientos de familias, algunas de ellas en verdadera situación de necesidad, sufren cortes de electricidad entre otras razones por las sobrecargas provocadas por las plantaciones de maría. Pero hay que ver cómo braman los hombres y mujeres de Podemos contra la derecha cruel y capitalista. La Cañada Real es terreno fértil para la demagogia más vomitiva de esa izquierda que está en el Gobierno y que podría hacer muchas más cosas de las que hace para evitar las horripilantes escenas de niños muertos de frío con las que se regodean en los programas de Ferreras y Cintora.

Pero de lo que se trata es de desviar la atención sobre su manifiesta inutilidad y cerebro de mosquito. Un año de Gobierno y ni siquiera han conseguido evitar los cortes de luz, sean de familias vulnerables o de capos del costo. Su gran logro será extender la pobreza energética porque ni se preocupan por los que pagan ni por los que de verdad no pueden pagar.

A continuación