La imagen exterior de España

Pablo Planas

Problemas de las potencias turísticas. Hay ciudadanos alemanes e ingleses convencidos de que España no es un país, sino un parque temático donde se puede pasear con la chorra fuera. Sol y playa, sangría y paella. Y la noche. No hace falta más para disfrutar de la experiencia. Considerado el Estado como un resort liberal, no es de extrañar que en Alemania se tenga por seguro que la soberanía nacional de España reside en Alemania, no en el conjunto del pueblo camarero, tal como puso de manifiesto la resolución del tribunal de Schleswig-Holstein que desatendió la euroorden española sobre el prófugo Puigdemont.

Un reciente informe de la Guardia Civil acentúa el papel de T-Systems, filial de Deutsche Telekom, en la dotación tecnológica de las estructuras de Estado de la Generalidad, administración que satisfacía las cuantiosas facturas con dinero procedente del Fondo de Liquidez Autonómica. Así pues, el golpe de Estado era financiado por el propio Estado a abatir, que pagaba sin rechistar los contratos de la compañía alemana con la Generalidad para montar la república catalana.

Súmese al papel de la tecnológica alemana en el proceso separatista la resolución de Schleswig-Holstein, todo ello partido por el sepulcral silencio diplomático, para obtener el peso real de España en Alemania y las razones por las que cualquier campaña de imagen del Estado está abocada a la melancolía. Por no hablar de la Leyenda Negra.

A las buenas gentes alemanas les resulta verosímil que los jueces españoles prendan fuego literalmente a los catalanes. Y en el Reino Unido sostiene The Times que el Supremo es el nombre actual de la Santa Inquisición. La réplica es de risa a la par que patética, un cargo a Irene Lozano, la negra de Sánchez, para defender el buen nombre de España en el extranjero. Así nos va.

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