Rivera y los tamayazos

Pablo Molina

Los resultados de las elecciones autonómicas y municipales han convertido a Ciudadanos en la llave para permitir al PP seguir gobernando en bastantes lugares. La suma de las dos formaciones alcanza la mayoría absoluta en numerosos ayuntamientos y en las autonomías de Madrid, La Rioja, Murcia y Castilla y León, donde el Partido Popular necesitará como mínimo la abstención de Ciudadanos para permanecer cuatro años más en el poder. Todo depende de lo que decidan los concejales y diputados del partido naranja y de la capacidad de su equipo rector para hacer valer una estrategia nacional común.

Albert Rivera ya ha dicho que favorecerá a la lista más votada a poco que se asuman algunos compromisos programáticos, lo que, mal que bien, podría permitir al PP seguir gobernando allí donde la aritmética le sea propicia. Otra cosa es lo que decidan hacer los concejales y diputados de Ciudadanos una vez trinquen sus actas oficiales, momento en el cual la obediencia a la dirección del partido dejará de ser un acto imperativo para convertirse en una opción personal.

Teniendo en cuenta que muchos de los candidatos de Ciudadanos estaban hasta anteayer en UPyD, no parece que vayamos a asistir a ejemplos heroicos de fidelidad a las siglas con las que han salido felizmente elegidos, aunque personalmente estén en contra de permitir al PP llegar al poder. Total, cuando ya te han echado de un partido poco importa que te expulsen del siguiente también, sobre todo si a cambio hay una concejalía de tronío o una dirección general bien remunerada.

Los resultados de estas pasadas elecciones no podían ser más favorables para el baile de tránsfugas, y de eso en la izquierda saben bastante. Según fuentes generalmente bien informadas, en Ciudadanos están dispuestos a fulminar a mil tíos (y tías, suponemos) en cuanto sus representantes comiencen a desobedecer las órdenes del partido. ¿Mil expulsados? Pocos parecen. A ver dónde surge el primer tamayazo.

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