Distribución equitativa

José T. Raga

Empezamos mal, y aún no han llegado las vacunas contra el covid-19. Y se preguntarán: ¿qué tiene que ver la equidad con la vacuna? Pues esa es, también, mi pregunta y mi preocupación.

Mi alarma se origina en unas declaraciones del ministro de Sanidad, según las cuales el reparto de las dosis entre las comunidades autónomas será equitativo.

El término, y precisamente en nuestro país, tiene más peligro que el propio virus que se pretende combatir. Ya sé que, en el siglo XXI, los términos, sobre todo cuando andan los políticos de por medio, suelen tener un significado bastante alejado del suyo. Así, ante asuntos de los que no se quiere informar a la población, se utilizan todas las artimañas lingüísticas para hacer creer lo que no es, o para prometer lo que no se piensa cumplir.

La bondad del pueblo español suele atribuir tales confusiones a la falta de competencia de los políticos, y si bien es cierto en no pocos casos, en otros lo que hay es una intención perversa de encubrir la verdad –cuando se trata de hechos– o de mostrar unas intenciones –cuando está en juego la voluntad de hacer y, más aún, de cómo hacer–.

El problema es que, so capa de equidad, se han cometido en la historia de nuestro país las mayores tropelías públicas, siempre y precisamente en contra de la equidad. Repasen ustedes el empleo político del término y verán cómo, en muchas ocasiones, es sinónimo de discrecionalidad, y en nuestra España discrecionalidad equivale a arbitrariedad.

O sea que, finalmente, el término equidad, tan noble en sí mismo, encubre el de arbitrariedad, que, sin paliativos, supone perversión de intenciones y de realidades.

Esto no me debería sorprender, dado que vivo en este país, quizá demasiado tiempo, y he visto demasiados atropellos en nombre de la equidad. Mi alarma es porque, en esta ocasión, quien pretende el reparto equitativo es un ministro, titulado en Filosofía, que está obligado a saber qué exige la equidad.

Es más, antes de hablar de equidad, debe establecerse la norma justa para el reparto, con carácter universal; criterio de justicia. Sólo cuando esta norma, en casos concretos, incurriese en injusticias, sería la equidad la encargada de corregirlas.

Recuerde, señor ministro, la aristotélica definición de equidad: “Corrección de la ley en lo que falla por causa de la universalidad” (Ética a Nicómaco, V). Pero ustedes prefieren leyes con nombres y apellidos de destinatarios.

Porque, ante un censo de población muy detallado, qué más necesita para distribuir las vacunas justamente. A esa distribución, matemáticamente justa, sólo cabe una corrección equitativa considerando el factor riesgo en la población de cada comunidad. El amiguismo y el partidismo siempre son enemigos de la equidad.

Hágalo, y que todos sepan lo que un filósofo puede aportar a un Gobierno.

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