Illa puede ganar

José García Domínguez

Algunas veces, y también en política, hay que explicar lo obvio porque no se entiende a la primera. Por ejemplo, hay que explicar que los partidos procuran seleccionar al mejor candidato posible porque su objetivo suele ser el de obtener el mejor resultado posible. He ahí, sin ir más lejos, la razón nada secreta de que el PSC haya optado por postular a Salvador Illa como su aspirante a la Generalitat. Illa, ese muñeco del pim pam pum sobre el que la derecha toda concentró lo más estruendoso de su artillería pesada desde antes incluso de la irrupción en escena del virus, extrañamente, es un político popular. Illa cae bien, creo yo, porque los españoles necesitaban un catalán que no fuera borde. E Illa no es borde. Puede tener muchos defectos, sin duda, pero no es el típico catalán insoportable, el que invariablemente mira a sus interlocutores del otro lado del Ebro con esos aires de superioridad tan de hostia que ya parecían la marca de la casa.

Y es que hacía mucho que por Madrid no aparecía un catalán que se condujera como un tipo normal. Tanto tiempo que ya casi se daba por hecho que los que salían durante una temporada del terruño tenían que responder siempre a ese modelo canónico de hierático y altivo cretinismo cuyo paradigma germinal encarnó en su momento Carod Rovira. Si hago un ejercicio urgente de memoria histórica, yo creo que el último catalán razonable que apareció por Madrid sin poner cara de estar constantemente estreñido fue Jordi Solé Tura, un hombre que, al igual que ahora Illa, caía bien a la gente normal de fuera de Cataluña. Y dentro de Cataluña, donde tampoco suscita rechazos significativos entre los electores de los demás partidos, a quienes más atrae Illa, socialistas excluidos, es a los votantes de Ciudadanos. El otro día escribí aquí mismo que, desde 2012, Cataluña es igual que Irlanda del Norte, Bélgica y Ucrania, lugares donde toda la población se divide en dos bloques entre los que no caben tránsitos posibles. Por eso ningún independentista de ERC votará a Illa, contra lo que ahora mismo creen en Madrid. Pero también por eso el voto útil de los españolistas migrará en febrero hacia el PSC. Y en masa. Illa puede ganar.

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