Hay Sánchez e Iglesias para rato

José García Domínguez

Escribo estas líneas, como siempre breves, un jueves 3 de diciembre. Y lo normal, tanto en el significado estadístico como en el político del término, hubiera sido que por estas muy precisas fechas, semana arriba, semana abajo, el Gobierno hubiese caído. Eso, que Sánchez no llegaba a la Navidad, era lo que pensábamos todos, empezando por Pablo Casado, a principios de marzo. Y tendría que haber caído justo ahora por lo que también considerábamos evidente todos, a saber: porque al Ejecutivo, exactamente igual que le ocurriera a Zapatero antes, no le iba a quedar más remedio que reeditar el discurso de la austeridad, con su manido corolario de mutilaciones del gasto social. Un revival de aquel aceite de ricino que se vio obligado a administrar Rajoy a la sociedad española por órdenes de sus prestamistas en Bruselas. Algo que haría por completo impensable la continuidad de los ministros de Podemos en el Gobierno.

Lo que todos esperábamos, pues, y con Casado a la cabeza, era que justo por estas fechas, en torno a la primera semana de diciembre, Sánchez presentara su dimisión, se disolvieran las Cámaras y en el BOE apareciera publicada la inminente convocatoria a las urnas para principios de 2021. Eso era, sí, lo que pensábamos todos. Y no es que todos estuviésemos equivocados; es que Conte, el primer ministro de Italia, en aquel instante, principios de marzo, el país europeo más castigado por el virus, adoptó un gesto que heló la sangre tanto a Merkel como al alto mando del cuartel general de la OTAN. Recuérdese, Italia, país fundador del Mercado Común Europeo, pidió ayuda al ejército de la Federación Rusa, que envió raudo centenares de soldados y de vehículos blindados cargados con material sanitario a Roma. ¡Soldados y oficiales rusos desfilando por Roma en el año 2020! Italia no estaba dispuesta a pasar otra vez por el aro como tras la Gran Recesión de 2008. Esta vez, el envite iba en serio: o había solidaridad del Norte con el Sur o Italia rompería la baraja del euro. Y Berlín entendió que iba muy en serio. Sánchez e Iglesias van a gobernar cuatro años en España, probablemente ocho, gracias a un gesto torero de un romano en Italia. El puro azar, que también cuenta en política.

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