¿Existe una alternativa de izquierdas?

José García Domínguez

"Vamos a intentarlo". Lo acaba de proponer el más voluntarista Pablo Iglesias con la vista fija en el líder de la bancada socialdemócrata. Pero ¿a intentar qué? Porque si en algo coincide la izquierda toda que aún piensa es en que alcanzar el Gobierno resulta relativamente sencillo. Pero, aquí y ahora, en la Europa de la apisonadora ordoliberal que diría el mismo Iglesias, una cosa es el Gobierno y otra bien distinta el Poder (así, con mayúsculas). Y si no que se lo pregunte al más dócil, obediente y disciplinado alumno que jamás soñara la Troika, su buen amigo el desengañado Alexis Tsipras. ¿Intentar qué?, insisto. ¿Acaso un programa nacional alternativo a la consabida austeridad, el plato único que prescriben por norma Berlín y Bruselas? ¿Tal vez una audaz alternativa de regusto keynesiano que plante cara al dogma del establishment continental por la vía de estimular la demanda interna con el sector público haciendo las veces de locomotora del PIB?

Si de lo que está hablando entre líneas Pablo Iglesias es de eso, desde luego, no está apelando a ninguna quimera disparatada. Bien al contrario, eso se podría hacer; es más, se debería hacer, claro que se debería hacer. El problema es que, se llame como se llame el próximo presidente de España, su capacidad efectiva para materializar una iniciativa tal tendería a cero. Sin duda, en las convenciones económicas de los tecnócratas del PP y del señor Garicano no hay nada apasionante. Pero, sin embargo, rebosan de algo en extremo perentorio en el universo de los adultos: sentido de la realidad. Y el gran inconveniente que plantea la realidad es que existe, incordio que todos los que han dejado de ser jóvenes descubrieron en su día con algún pesar. En puridad, lo que abandera Iglesias no es una alternativa a nada, sino una simple falacia de composición. Porque su querencia únicamente se antojaría factible dentro del marco supranacional de la Unión Europea en su conjunto. Algo que, huelga decirlo, no va a ocurrir.

A Iglesias y su gente, es sabido, les place sobremanera caricaturizar a los adversarios como furibundos ultraliberales de brocha gorda. Pero entre la caricatura chusca y la verdad numérica de la contabilidad nacional resulta que media una deuda del 100% del PIB. Nada menos que del 100% del PIB. Contra lo que quiere creer el doctrinario Iglesias, el margen que cabía en España para la rebeldía frente al mandato de la Troika ya lo recorrió De Guindos en su día. No se olvide al respecto que los pretendidos neoliberales austericidas han incrementado la deuda pública en nada menos que 300.000 millones durante la legislatura última. Y eso antes de dejar listos para servir unos presupuestos, los de 2016, que tampoco obedecen al déficit prescrito. Llega tarde Iglesias, todo el pescado heterodoxo ya está vendido. Ahora, ¡ay!, no hay margen ninguno para más alegrías. Y ninguno significa ninguno. ¿Intentar qué?, preguntaba.

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