El verdadero ‘efecto Illa’

José García Domínguez

Observado desde la distancia, un alejamiento que en mi caso no sólo es emocional sino también físico, el proceso electoral catalán presenta rasgos de esos fenómenos atípicos que en ciencias sociales se designan como “efectos no deseados”. He ahí lo que lo hace tan interesante. Porque, en circunstancias normales, las elecciones del próximo domingo tendría que haberlas ganado el bloque insurreccional del 1 de Octubre sin despeinarse demasiado. Y así hubiera sido de no haber hecho irrupción en escena el ya ex ministro Illa. Pero lo que en la prensa han dado en llamar “efecto Illa” no remite sólo, y ni siquiera principalmente, al potencial movilizador de los abstencionistas que cabría atribuir al cabeza de lista del PSC. Mucho más sustancial es el gran cambio en las percepciones dominantes que han provocado, huelga decir que de forma involuntaria, los adversarios de Illa. 

Porque el PSC ha transitado, y en apenas un mes y pico, de no pintar casi nada en las quinielas a convertirse en el caballo ganador a ojos de todo el mundo; de absolutamente todo el mundo, tanto de los partidos de la derecha nacional y de los entornos alineados con su causa, como desde la perspectiva de los tres grupos sediciosos que hasta ahora han dado soporte al Gobierno de la Generalitat, amén de sus innúmeros canales de prensa. Y eso no lo ha provocado Illa (tendría que ser un genio para haberlo logrado) sino la fatal e inopinada confluencia de las estrategias de comunicación de la totalidad de sus adversarios. El gran error de los demás, tanto los de Madrid como de los de Barcelona, fue suponer que cada uno de ellos por su cuenta se podría dirigir a un público cautivo, el suyo particular en cada caso, un público que únicamente decodificaría su mensaje específico. Pero, al coincidir absolutamente todos contra Illa, ocurrió lo imprevisto, a saber: que se instaló firmemente en el electorado catalán la certeza absoluta de que el PSC ganará las elecciones el día 14. Algo que, sin duda, no hubiera ocurrido sin el inesperado efecto multiplicador del todos contra uno. Enorme, infinita la torpeza de sus adversarios. Esta campaña catalana pasará a la historia de los grandes fiascos del márketing político. Qué inmenso error.

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