El PSOE también rescató a la banca

José García Domínguez

El PSOE rescató a los banqueros exactamente igual que el PP. Exactamente igual. Quizá Pedro Sánchez no lo sepa aún por un problema de simple ignorancia. Quizá no lo quiera reconocer aún por una cuestión de simple cinismo. Pero lo cierto es que lo hizo. Por eso no tiene nada de qué presumir ante Rajoy en ese asunto. Lo de Bankia nos obligó a humillarnos ante Bruselas suplicando un crédito que llevaba asociada una cláusula de mutilación de la poca soberanía que aún nos restaba, sí. Pero eso ocurrió gracias al PSOE, no a pesar del PSOE, como ahora pretende hacer creer Sánchez a sus abducidas audiencias televisivas.

Algunos liberales de cátedra, siempre tan ingenuos ellos, propusieron en su momento que se dejara quebrar a ese engendro surgido del cadáver aún insepulto de Caja Madrid. Sala i Martín fue el que más se significó al respecto. No tenían ni idea del asunto. Sencillamente, no sabían de qué hablaban. Porque el reflote con dinero público de Bankia, en efecto, nos ha costado una fortuna a los contribuyentes. Pero dejarla quebrar nos hubiera supuesto idéntica fortuna. No habríamos ahorrado ni un céntimo del erario permitiendo que el llamado libre mercado aplicara sus leyes. Ni un céntimo. La broma nos habría salido por lo mismo.

En realidad, lo de menos era que finalmente se produjese una intervención formal del Estado en la entidad o no. Los contribuyentes, hubiera o no rescate, ya estábamos condenados a pagar el estropicio de Bankia desde mucho tiempo atrás. Y ello gracias al PSOE. Sí, al PSOE. Y no porque el hecho de haber agrupado un montón de basura provincial dispersa bajo la misma razón social hubiese alumbrado un monstruo sistémico. Con monstruo o sin monstruo, los socialistas ya se las habían arreglado antes para que las minusvalías del sistema financiero recayeran sobre la población.

Porque fue el Gobierno socialista quien, en 2008, ordenó socializar las perdidas presentes y futuras de la banca. En concreto, lo hizo mediante el Real Decreto Ley 7/2008, de 13 de Octubre. Un asunto bien sencillo y de fácil comprensión, por lo demás. El Estado, vía esa norma, otorgaba su generoso aval para que las entidades de crédito emitiesen títulos de deuda. Luego, si el banco o caja en cuestión quebraba, sería el Estado quien cargase con la obligación de devolver el dinero a sus tenedores. Así consiguieron liquidez primero Caja Madrid y después Bankia. Resumiendo, prácticamente toda la porquería que figuraba en el balance de Bankia un segundo antes de la quiebra ya estaba garantizada por el Estado. Hubiéramos pagado la fiesta sí o sí. Y gracias al partido de Pedro Sánchez. ¿De qué gallea, pues, el jefe de los avalistas?

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