El riesgo de conllevar el problema llamado Rajoy

Guillermo Dupuy

No existe en la historia de nuestra democracia un partido político que haya perdido en tan poco tiempo tanto poder local y autonómico como el PP de Rajoy en las elecciones de este domingo. Ahora bien: por mucho que estos comicios no hayan venido sino a confirmar la fatal trascendencia histórica que tiene la figura de Mariano Rajoy Brey al frente del PP -trascendencia de la que algunos venimos advirtiendo desde hace ya casi tres años-, una cosa es que se haya hecho evidente para todos que el problema del PP se llama Rajoy y otra, muy distinta, que los populares se dispongan a darle solución. Y eso por varios motivos:

En primer lugar, porque es harto dudoso que un partido político que se ha dejado llevar al desastre de forma tan ovejuna se ponga ahora, a menos de seis meses de las elecciones, a buscar un recambio a su candidato a la presidencia del gobierno. En segundo lugar, porque las elecciones de este domingo habrán dejado claro que el problema se llama Rajoy, pero no han dejado entrever en modo alguno el nombre de quién pudiera darle solución. Aunque algunos hubiéramos deseado que Esperanza Aguirre se librara del varapalo que tanto se merecía su partido, lo cierto es que hay muchos ciudadanos de Madrid que le han dado la espalda incluso entre los que sí han votado a Cifuentes en las autonómicas. Este para mí es el dato más increíble, inexplicable y lamentable de las elecciones de este domingo.

Así las cosas, es muy probable que el PP sostenga a Rajoy como esa clase de problema que hay que conllevar, a falta de una solución. Nos podrá parecer que esto último no es más que proseguir en la senda del suicidio, pero no van a faltar en el PP quienes piensen que, una vez que se haya visualizado el frente popular en el gobierno de tantas autonomías y tantos ayuntamientos, muchos volverán a votar, aun con la nariz tapada, al PP en las generales. El PP de Arriola, desde luego, no va a renunciar al voto del miedo, por mucho que el voto recibido este domingo sea el del castigo. Y ese lógico miedo a la revolución puede ser, lamentablemente, el principal aliado a la falta de regeneración que supondría la continuidad de Rajoy al frente del partido.

Así las cosas, desengañémonos. No va a ver recambio para Rajoy que no sea en unas primarias que el PP jamás celebrará, salvo que pierda también en las generales. Y esa medicina puede resultar para muchos demasiado amarga.

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