Pistorius asesino

Francisco Pérez Abellán

La jueza de color Thokozile Masipa ha tratado por segunda vez al atleta sudafricano Oscar Pistorius con excesiva bondad. Pistorius, el discapacitado, el hombre pez, el corredor sin pies más rápido del mundo, dio muerte a su novia, Reeva Steenkamp, la madrugada del día de San Valentín de 2013. Masipa primero lo condenó a cinco años por homicidio y a los pocos meses estaba en arresto domiciliario viviendo a cuerpo de rey. Pero el Tribunal Supremo ha subido la calidad del delito: asesinato. La jueza por eso solo le ha puesto un año más. Pistorius es un asesino y más cosas, aunque la investigación ha sido muy deficiente, tal vez porque se trata de una celebridad mundial, un millonario y un héroe caído. Masipa debería haberle aplicado una condena de 15 años, pero con esa capacidad de entender la tragedia del Apolo sin extremidades que tiene le ha echado únicamente seis años de cárcel. Matar a Reeva significa un lustro de internamiento y poco más.

En mi opinión, los deportistas, héroes de la juventud, deberían tener un plus de responsabilidad y un agravante por delitos especialmente graves, de defraudadores a asesinos.

El velocista Pistorius aprendió a correr con unas prótesis revolucionarias que le convirtieron en una amenaza para los corredores con dos piernas. Su triunfo le hizo famoso y multimillonario. Además es un chico guapo y enseguida estuvo rodeado de reinas de la belleza. La modelo Reeva era un pibón espectacular y todo apunta a que aquella noche del día de San Valentín quiso escapar de su novio. La incoherencia del relato de Pistorius indica que es un hombre que ejerce violencia contra las mujeres. Capaz de superar la amputación de sus dos piernas pero no de tratar en plano de igualdad a su pareja. Detrás de este crimen mal investigado parece haber violencia de género. La juez Masipa, en vez de centrarse en la violencia contra la mujer, ha elegido ablandarse con las razones de la defensa y aplicar la ley con rebaja: "Este crimen ya le ha causado a Pistorius disgustos económicos y ha acabado con su carrera". Pues mire usted, a Reeva le ha causado la muerte y le ha quitado todo lo que tenía en el mundo. Y sin embargo tiene razón la juez. Pero ¿qué puede esperarse de un tipo que se rodeaba de armas semiautomáticas y que dormía con una 9 mm debajo de la almohada? Era el rey del mambo, todos bailaban a su son, pero él prefería sentir el calor de las balas.

La noche del crimen, Pistorius dice que se levantó de la cama porque oyó un ruido, fue al cuarto de baño, donde creía que había un ladrón, y disparó a través de la puerta. Es fácil imaginar que, si las cosas son como se sospecha, Reeva decidió dejarlo harta de maltrato y se encerró en el baño. Pistorius llevaba un pistolón en la mano y dice que se sentía inseguro, vulnerable, porque iba caminando sobre sus muñones sin ponerse las prótesis de paseo, como demostró ante el jurado, sosteniéndose sobre sus partes amputadas. Todo muy dramático, pero en ese momento no había visto a nadie armado, no sufría ninguna amenaza excepto la de su propia fantasía, y podría haber llamado a Reeva para saber si era ella. Pistorius era el único animal peligroso de la casa. En mi opinión, la llamó y luego disparó, no solo un tiro nervioso y aterrado, sino hasta cuatro, como si tratara de fusilarla. ¿Por qué la jueza se ha vuelto a ocupar del caso, cuando no distingue entre homicidio y asesinato? Al Supremo no le cabe duda de que Pistorius tenía intención de matar. ¿Cómo Masipa le ha juzgado dos veces por delitos diferentes? Creíamos que los grandes fallos judiciales solo ocurrían en nuestro país, pero hay leyes y jueces deficientes en todas partes. Y la ley no es lo mismo para las celebridades millonarias que concitan la comprensión y el perdón hasta de juzgadores que por su condición de mujer deberían reconocer cuándo un famoso se convierte en un machista armado.

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