Carta a mi hermano y a mis sobrinas

Francisco José Alcaraz

Pensaba escribir una carta abierta a mi hermano Ángel, porque mis sobrinas Miriam y Esther tan solo tenían 3 años cuando las asesinaron junto a él, y tan pequeñas no sabían leer ni entender. Tampoco sé si donde están han pasado los años y han crecido, dejando de ser las niñas que recuerdo. De todas formas, aunque ya no fuesen niñas, ni mi hermano ni ellas entenderían lo que está pasando con la banda de asesinos que los mató, y cómo ha degenerado gran parte del país, ese país por el que perdieron sus vidas.

¿Cómo contarles que su sacrificio por España fue en vano? No porque nos haya derrotado ETA, sino más bien porque nos han derrotado los Gobiernos que han pactado con ETA y los que han asumido el precio de ese pacto, una traición por acción y otra por omisión.

Y cómo os voy a contar, Ángel, Miriam y Esther, que el brazo político de vuestros asesinos comparte conmigo escaños en el Congreso de los Diputados, ellos defendiendo el proyecto por el que fuisteis asesinados y yo defendiendo la memoria, la dignidad y la justicia que merecéis. Ahora son tan importantes que forman parte de la dirección del Gobierno, negociando impunidad a vuestros asesinos a cambio de aprobar los Presupuestos.

En estos días, muchos me preguntan si he visto una u otra serie sobre la lucha contra ETA, no he tenido fuerzas, porque se hace duro recordar todo lo vivido y al mismo tiempo ver que en algunos casos se quedan entre la equidistancia y una verdad controlada, para no dejar en evidencia la gran mentira de quienes dicen que ETA ha sido derrotada y al mismo tiempo ocultan el episodio de la verdadera negociación, que es una rendición ante los asesinos.

Cómo os voy a contar que las víctimas que defendemos la justicia y exigimos la verdad somos objeto de crítica y persecución, por querer sacar a la luz el precio que se ha pagado por vuestra sangre derramada, que está escrito en unas infames actas del Gobierno y del que ordenó poner el coche bomba aquel 11 de diciembre. Actas que ningún Gobierno ha querido hacer públicas, pues quedaría en evidencia la traición a vosotros, a tantas víctimas del terrorismo y a España.

Ángel, Miriam y Esther: tengo que contaros que, de momento, nos han vencido, nos han derrotado. Pero, en lo que me quede de vida y fuerzas, seguiré luchando para que se os haga justicia.

La batalla no es fácil, pues al blanqueamiento de los terroristas –al que se han sumado el Gobierno, periodistas, medios de comunicación...– y las continuas difamaciones de quienes se suponen están a nuestro lado hay que sumarle la falta de empatía y la pérdida de una parte del pueblo español, que no quiere recordar o no quiere conocer vuestro sacrificio.

Ángel, Miriam y Esther: antes, ETA decía quién vivía; ahora decide junto al Gobierno cómo debemos vivir.

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