La pasmosa estrategia del PP después de Trump

Federico Jiménez Losantos

Con pocas horas de diferencia, el representante del PP vasco Borja Corominas y la diputada comunista de Madrid Isabel Serra, condenada por agredir a una policía, coincidieron en identificar a Abascal con los grotescos seguidores de Trump que han brindado a la izquierda norteamericana el mejor regalo imaginable: invadir el Capitolio dejando varios muertos y convirtiendo la indignación de 75 millones de norteamericanos que piensan que el establishment político, mediático y judicial ha robado las elecciones, en un esperpento resumido en dos imágenes: un idiota pintarrajeado con cuernos y un imbécil robando el atril de Nancy Pelosi. Caricatura perfecta.

Todos los defectos de Trump se conjugaron para enmascarar todas las trampas de Biden. Cometió la criminal estupidez de sacar a la calle a una multitud sin saber para qué. Y no para asaltar las instituciones, como dicen los progres y los comunistas, sino para regalárselas a sus enemigos. Desacreditó una causa noble, convirtió a los defensores de la democracia que pedían unas elecciones limpias en sus aparentes verdugos, destrozó la lucha ideológica contra el consenso izquierdista y dejó a sus seguidores a la altura de un ególatra que no sabe perder en vez de alguien que defiende el derecho de la ciudadanía a no pensar y votar lo que diga Mark Zuckerberg. Por cierto, un tirano de nuevo cuño al que Trump ha permitido retratarse.

¿Quiere Casado romper con Vox?

Pero Trump ya es pasado. El PP y Vox son presente. Por eso tiene importancia la identificación de Vox y Podemos con el cadáver de Trump. Si no conociéramos la obediencia perruna del político profesional, hija del hambre canina del que cae en desgracia ante el aparato del partido y no entra en ninguna lista, cabría pensar que el incógnito vascongado critica la política de pactos de Casado con Vox, gracias a la que gobierna las dos instituciones que más apetece la Izquierda: la comunidad de Madrid y la de Andalucía, amén de muchas alcaldías de importancia. Pero como este Borja nunca ha sido nada y su partido apenas existe en su región, parece un alarde de apoyo a la línea oficial más que una posición independiente, como la del jefe de las juventudes del PSOE vasco, que critica los pactos con Bildu.

Si Corominas no aspirase a Corimonas, léase corifeo de Génova 13, debería pedir la ruptura de todos los gobiernos del PP con el apoyo de Vox, porque gobernar con “la mierda” no es higiénico ni ético. Pero Corimonas o Corominas no aparece, como recordaba ayer Javier Somalo, en el vídeo en que el joven Abascal, junto a Carlos Urquijo, defiende valerosamente la causa de España y la Libertad frente a la jauría etarra en Llodio, cuando el que ahora lo insulta era un zigoto entusiasta o una inconcreción genética. Se le ve tan joven, ignorante o desmemoriado, que muy probablemente desconoce que el término “la misma mierda” es un americanismo que usó por primera vez Felipe González contra Aznar y Julio Anguita en los años de la “pinza” PP-IU contra la corrupción socialista y los crímenes del GAL. La unidad de pensamiento resumida en un tuit no permite mucha sabiduría ni matices. Pero la corimonada es tan fiel a la línea del PP contra Vox que nos obliga a pensar en el sentido y los fines de esta estrategia en el futuro de la derecha, que es el de la resistencia frente al proyecto socialcomunista.

Las encuestas engañosas

Uno de los periódicos que más ha aplaudido la estrategia de Casado de atacar a Vox, aunque condenara por mendaz e innecesario su ataque personal a Abascal, publicaba esta semana una encuesta en la que, según titulaba, los votantes del PP aplaudían la ruptura y la respaldaban. Cuando uno se acercaba a los números resultaba que “los votantes del PP” eran poco más de la mitad, el 54% por ciento. Más de un tercio estaba en contra y con los que no sabían o no contestaban, el saldo era que casi la mitad no estaba de acuerdo. Peor aún: Casado tenía el menor apoyo en los votantes del PP de todos los líderes entre los de sus partidos: poco más de la mitad.

Otra encuesta de otro medio con pareja inclinación daba otro dato interesante. La fluctuación del voto seguía produciéndose dentro de los dos bloques PP-Vox-Cs o PSOE-UP. Pero mientras el voto de Vox migraba al PP en torno al 2%, el voto del PP que se iba a Vox estaba en torno al 10%. Luego, si Casado tiene menos apoyo que antes entre los votantes del PP y, si no se produce una migración del voto de Abascal al PP, sino al revés, no veo por ninguna parte el éxito de la estrategia del aparato pepero. Tendrán muchos medios favorables, pero pierden votos y no gana prestigio el líder.

Las tenebrosas elecciones catalanas

Pero lo que más retrata el oportunismo casadista o teodorino de esta táctica anti-Vox y lo que más deja en evidencia a los corimonas y marotos que la jalean es que el PP está repitiendo con Ciudadanos la misma táctica de tierra quemada que ha emprendido contra Vox. Y lo ha hecho ante unas elecciones, las catalanas, en las que la causa de la Nación y la Constitución aparecen con una pavorosa debilidad, por el hundimiento del partido que fue de Rivera y cuyas ruinas gestiona ahora, como puede, Inés Arrimadas.

Es decir, que Casado no insultó a Abascal y anunció la muerte de su partido por razones ideológicas, ya que ahora está haciendo con Cs, que se sitúa a su izquierda, lo mismo que con Vox, que se sitúa a su derecha. Esto coloca aquel irrintzi centrista que entusiasma a los jóvenes corimonas a un nivel ajeno a cualquier razón ética y cuya única justificación sería el éxito.

¿Y es previsible que tenga éxito la destrucción anunciada contra Vox y la absorción promovida contra Cs? ¿Puede salir de la destrucción de esos dos partidos, a izquierda y derecha del PP, un reforzamiento de la Derecha? ¿Es más creíble y más cercana una alternativa al proyecto social-comunista y separatista, que avanza a toda velocidad? ¿Anuncian las encuestas una migración masiva de los votos de Vox y Cs al partido de Casado? Porque, insisto, sólo eso blanquearía, por la elocuencia del resultado, una estrategia que a muchos nos pareció innoble y que depreciaba el liderazgo de Casado.

Y hasta ahora no hay una sola señal, aparte del apoyo de periodistas que no votan ni apoyan a la Derecha, de que la supuesta agrupación del voto “a la derecha de la izquierda”, que Casado decía buscar, antes de dejarse barba, se esté produciendo en torno a su partido o a su persona. Vox se mantiene, más o menos al alza, y Cs sigue igual, más o menos a la baja. Ni sube el voto del bloque de Derecha ni el gran enemigo de Casado, que desde hace algunos meses es Abascal, muestra síntomas de debilidad.

Es lógico: Vox tiene un voto que no ha sido nunca del PP -gracias a eso se logró una mayoría inédita en Andalucía- o que no volverá al PP, sobre todo por los ataques diarios de sus gerifaltes y corimonas, hasta el insulto peor: compararlos con Podemos. En cuanto a Ciudadanos, está por ver hacia dónde migrará su voto, pero las encuestas catalanas predicen que iría más al zurrón de Vox que al del PP. Si Vox no tenía ningún escaño y ahora se acerca al PP, parece claro que de las ruinas del voto constitucional saca más Abascal que Casado, pese a que éste tenga el mejor candidato.

Los grandes fichajes del PP

Lo terrible es que parte del voto que fue naranja vuelve a ser rojo y separatista, porque así ha presentado Illa la campaña del PSC: defensor de la “nación catalana” y de liquidar la Constitución española para que nos hagan el honor de no abandonarnos, de momento. No por mucho tiempo: Iceta dijo hace cuatro años que harían falta diez para cambiar la mentalidad de los españoles. Faltan seis. En esta desesperada situación, no sabemos a quién votarán los catalanes defensores de España, pero no será sólo al PP, que además, llevando al extremo el tacticismo y el juego sucio contra sus socios, ha fichado a la número dos de Ciudadanos, Lorena Roldán, y a una señora llamada Parera, que militó en UDC, el partido separatista y corrupto de Durán i Lleida, donde defendió el referéndum de independencia para Cataluña, obviamente sólo para votantes catalanes, pero que tras la ruina de migró a Manuel Valls, el que iba a salvar a España, a Cataluña y a París.

Esas dos razones, junto al desconocimiento casi absoluto de Parera, hacen ininteligible su fichaje como número tres de la lista del PP. No sabe uno qué es más decepcionante en el PPC: ser votante o heroico militante, que a la hora de repartir cargos se ve preterido por nulidades que no tienen otro mérito que el de no haber sido del PP. A eso le llaman “ampliar la base” o “candidatura transversal”. Yo lo veo como un oportunismo suicida.

Ojalá me equivocara, y la charraná de Casado a Abascal tuviera más fruto que el de la primacía como jefe de una Oposición eunuca que sólo se opone al lento pasar de las hojas del calendario, esperando que el tiempo y el desgaste de la Izquierda le lleven cómodamente al Poder, como a Rajoy. Pero no. 2021 ha empezado como el mefítico 2020, y el apocalipsis se le da mejor a la Izquierda que a la derecha. Sobre todo, cuando se llama centro, que es como proclamarse expósito o hijo natural de Doña Maricomplejines.

A continuación