Calvorova, Ivanovitch y Oliverov: el soviet desinformativo socialcomunista

Federico Jiménez Losantos

En los días 15 y 16 de abril de 2020 el Estado Mayor de la Guardia Civil remitió correos electrónicos a las comandancias de toda España y a las unidades especializadas en seguridad informática para detectar "bulos y fake news" que pudiesen provocar "desafección a instituciones del Gobierno". No del Estado: del Gobierno. Uno de ellos, con fecha del 15 y número de código 48810, precisaba la tarea totalmente ilegal encomendada a la Benemérita: "identificación, estudio y seguimiento en relación con la situación creada por el COVID-19 de campañas de desinformación, así como publicaciones desmintiendo bulos y fake news susceptibles de generación de estrés social y desafección a instituciones del Gobierno".

La perversión de la Guardia Civil

Los españoles tenemos una tendencia natural, fruto de siglo y medio de experiencia, a sentirnos seguros en manos de la Guardia Civil. En una situación de peligro, asociamos el tricornio o la aparición del uniforme verde con la Ley y la tranquilidad. Olvidémoslo. Los correos citados, por su finalidad y terminología, muestran que una parte esencial, la del cerebro, del cuerpo que fundó el Duque de Ahumada no se dedica, o eso pretenden sus jefes, a defender a la ciudadanía de cualquier peligro, sino de proteger al gobierno del peligro de lo que pudiera opinar sobre él la ciudadanía.

El concepto de “estrés social” es nauseabundamente sociomarxista. Más viscoso aún es el de “desafección”, que alude a conceptos como los de amor o confianza, ajenos a la función de la Benemérita según su himno, que es la de guardar el orden y hacer cumplir la Ley. La mera asunción del terminacho “fake news” en vez de “noticias falsas” prueba que estamos fuera de la defensa del orden público: en el espionaje político totalitario. Cuando el Jefe de Estado Mayor de la Guardia Civil, general José Manuel Santiago, leyó, no improvisó, la tarea clamorosamente ilegal que le había encomendado el ministro Marlaska y luego se escondió en los galones de la lucha antiterrorista mostró la perversión de los fines de la Guardia Civil.

Cuando el Ejecutivo se pone a legislar

Nada puede sorprendernos después de ver a un general de la Guardia Civil exhibiendo delitos políticos como méritos profesionales. Ni siquiera la entrada, zafiamente ilegal, del venezolano Iglesias en el CNI. Lo único que faltaba para incluir a España en el club de los regímenes totalitarios iberoamericanos era que el Ejecutivo legislara directamente en el BOE, y eso ha hecho, al proclamar la Cheka de la Desinformación, que dirigirán la Comisaria jefa Calvorova, y los camaradas fiscales Iván Ivánovitch Redondoref y Iosef L. Oliverov, bajo la inspiración del Presidentísimo Sánchez y del Secretario General Pablenin Galapagarovitch. La vétcheca desinformadora se ha proclamado, por encima de las Cortes, que para ese están cerradas, y de los jueces, que para eso están callados, fiscal, juez y carcelera de la opinión publicada. Pero como la Unión Europea ha tomado nota de las denuncias de la última fechoría de Sánchez e Iglesias, ahora dice que busca la colaboración de la Sociedad Civil, con mayúsculas, para que oscuros poderes extranjeros no nos intoxiquen, o sea, para amordazar a la sociedad civil, con minúsculas. Los poderes extranjeros o antiespañoles que a diario nos agreden son los comunistas de Podemos y los separatistas catalanes y vascos, que son los verdaderos amos de la Cheka. Difícilmente encarcelarán a los carceleros.

El general Santiago es un símbolo de la anulación de las instituciones más queridas por los españoles; o de las más necesarias, como la Fiscalía y la Judicatura, nuestra última esperanza ante la ruina del Estado y el crimen de lesa nación que a diario perpetra el Gobierno socialcomunista. Cada día, casi cada hora, Dolores Delgado de Garzón mejora nuestra percepción del Ministerio Público, por ejemplo, la Fiscalía del Supremo abriendo otro caso contra Juan Carlos I mientras protege a Pablo Iglesias, es decir, que cumple literalmente lo que él dijo que haría el Supremo: “esto quedará en nada”.

Lo peor de todo, desde Aznar, es el invierno mediático de la derecha. Cada día es más deprimente asomarse a los muros de pago, que parecen de fusilamiento del disidente antiprogre. Lo peor de esta semana ha sucedido en el ámbito educativo: nada menos que la expulsión del español como lengua oficial y vehicular de la educación, el jaque mate a la educación concertada y la liquidación de la educación especial y de los inspectores de educación de carrera, sustituidos por comisarios políticos. Pues bien, ha ocupado mucho menos espacio que la Cheka de la desinformación. Y ésta, muchísimo menos que el linchamiento por la manada mediática del ya defenestrado Trump. Un muerto con demasiados deudos, casi 70 millones de votantes, como para enterrarlo fácilmente.

El triunfo del despotismo antifa

Cuando las tres cadenas televisivas en abierto interrumpieron a la vez al presidente norteamericano, cortando su mensaje para llamarlo mentiroso, se retrataron los nuevos déspotas: los medios, las redes y las universidades de élite de los USA, reboticas de los virus totalitarios que lo infectan todo. Nunca he tenido simpatía por Trump, pero me resultan vomitivos todos los antifas del senil Biden y la oculta Kemala, tan abogada como Pelosi de las comunistas BLM.

Aquella “ciudad sobre la colina” de Washington, Lincoln y Reagan empieza ya a parecer una charca, casi tan fétida como la nuestra.

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