Yolanda Díaz y la insoportable hipocresía de la izquierda

EDITORIAL

La ministra de Trabajo ha sido pillada en una cena en un restaurante de Madrid en la que se reunieron hasta 17 personas. Según los testigos, el grupo se distribuyó en tres mesas, pero interactuaban unos con otros, no respetaban ninguna distancia de seguridad y, para más inri, no llevaban mascarilla la mayor parte del tiempo, a pesar de encontrarse en un espacio cerrado.

En lo que ya parece recochineo, la reunión tuvo lugar prácticamente a la misma hora en la que, el pasado miércoles, Salvador Illa presentaba las restricciones que afectarán a los españoles durante la Navidad, limitaciones que para muchos van a ser un serio problema familiar, mientras que para otros, como los propietarios y trabajadores de distintos tipos de negocios, pueden ser la puntilla a sus ya maltrechas empresas.

Es un ejemplo más, desde luego no el único –ahí está el escandaloso caso de Francina Armengol, pillada de copas a altas horas de la madrugada–, de cómo buena parte de la izquierda entiende el poder, precisamente mientras presume de lo contrario: como un privilegio.

Yolanda Díaz, Francina Armengol, el Pablo Iglesias que se saltaba la cuarentena para ir al Consejo de Ministros o el Fernando Simón que no sigue sus propias recomendaciones son diferentes caras de la misma moneda: la de aquellos que se creen por encima de los demás, que dicen representar a "los de abajo" pero en realidad no tienen la menor intención de cumplir las normas que dictan para el populacho.

Un político serio de un país serio, a estas horas estaría preparando la comparecencia en la que anunciaría su dimisión y pediría muy sentidas disculpas a la ciudadanía. Podemos apostar a que Yolanda Díaz no lo está haciendo: ella no es un político serio y, sobre todo, no tiene ningún respeto por los ciudadanos a los que representa y que le pagan su inmerecido sueldo.

Además, en un país serio la prensa y los medios de comunicación estarían dejando a los pies de los caballos a una ministra cuyo comportamiento es completamente intolerable. En España, por el contrario, un periodismo dominado por la izquierda y sin ningún sentido de la ética pasará de puntillas por un caso que es muy grave, especialmente en las dificilísimas circunstancias presentes.

Y es que tanto para los políticos de izquierda como para los muchos medios y periodistas que les apoyan, la ejemplaridad solo pude exigirse a las derechas. Así que los mismos que cargaron contra Rajoy por saltarse las normas sin correr ningún riesgo mirarán hacia otro lado cuando lo hace Yolanda Díaz de una forma mucho más irresponsable y en el ejercicio de un cargo tan relevante como el de ministra. No es nada nuevo, pero que ya sepamos la historia no hace menos insoportable la hipocresía de esta izquierda desvergonzada.

A continuación