Venezuela y el PSOE de Sánchez y su semejante Zapatero

EDITORIAL

Nicolás Maduro escenificó el domingo una nueva farsa electoral para seguir detentando el poder en la Venezuela que, junto con su predecesor y semejante, Hugo Chávez, ha devastado con saña. 

Ni la Organización de Estados Iberoamericanos (OEA) ni la Unión Europea (UE) reconocen la grotesca performance electoral chavista.
 Es la única postura que cabe adoptar ante un régimen criminal que llegó a amenazar con matar de hambre a quienes se negaran a tomar parte de la misma. Pues bien: el rechazo a la mafia chavista es tan abrumador en el país caribeño que la participación se ha cifrado en un ínfimo 20%.

Maduro solo cuenta con el respaldo de personajes tan denigrados en la escena hispanoamericana como Rafael Correa y Evo Morales. El primero es un prófugo de la Justicia ecuatoriana acusado de graves delitos de corrupción, mientras que el segundo tuvo que abandonar el poder en Bolivia de manera harto cobarde y deshonrosa tras otro fraude electoral. 

A Maduro, sí, o apoyan Correa y Morales y el infame expresidente del Gobierno de España José Luis Rodríguez Zapatero, Zapatero el infame, Zapatero el palanganero de la sanguinaria narcotiranía bolivariana. Así, el domingo se presentó en Caracas para proceder a su enésima maniobra de blanqueamiento del imblanqueable régimen que ha sumido a Venezuela en la peor etapa de su historia.

Por desgracia y para vergüenza del socialismo español, el partido de Pablo Iglesias, creado bajo la inspiración y el impulso chavista para trasladar la revolución bolivariana a Europa, no está solo en su apoyo al chavismo maduriano. También en esto el PSOE de Zapatero y Sánchez se distingue cada vez menos del execrable Podemos del que hace solo un año abominaba públicamente.

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