¿Qué quieren Rajoy y el PP?

EDITORIAL

Han pasado más de dos meses de las elecciones y la situación de bloqueo para formar gobierno es prácticamente la misma que la noche del 20-D, cuando conocimos los resultados. Mientras los pequeños ahorradores siguen perdiendo dinero en la bolsa, los dos grandes derrotados de las elecciones, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, no están dispuestos a dar su brazo a torcer para conformar un gran gobierno de coalición, respaldado por PP, PSOE y Ciudadanos. A todas las luces la única opción sensata ante el riesgo creciente de que un partido totalitario y liberticida como Podemos llegue al poder, ya sea pactando con PSOE e Izquierda Unida un Frente Popular o en unas nuevas elecciones de resultado incierto y, por tanto, inquietante.

Mariano Rajoy ha perdido de una tacada tres millones y medio de votos, pasando del 44% de apoyos al 28%, y la friolera de 65 escaños. Que, tras semejante batacazo, no dimitiese la noche del 20D es un hecho insólito que no tiene parangón en ninguna democracia del mundo civilizado. No hay precedentes de un político que ante semejante patada en el trasero del electorado se aferre a la poltrona como Rajoy y se permita el lujo de presumir de haber ganado las elecciones. Hablar de victoria electoral con un 28% de los votos y 123 diputados en unas elecciones parlamentarias en las que están en juego 350 escaños es una broma. No cabe duda de que el PP ha sido el más votado, la minoría más votada, pero eso en un sistema parlamentario dista mucho de ser el ganador de las elecciones. Merecido, por otra parte, lo tiene el PP que hace tiempo que dejó de ser un partido político para convertirse en un rebaño lanar dispuesto, como las ratas de Hamelín, a lanzarse por un barranco sin chistar, detrás del líder.

En estos dos meses la actitud de Rajoy es poco menos que esquizofrénica. En primer lugar, es una obviedad que desde el minuto uno sólo piensa en la repetición de elecciones dilatando el periodo de incertidumbre e inestabilidad lo máximo posible, pero lo oculta, o intenta hacerlo, a la opinión pública porque así se lo recomiendan sus encuestólogos de cabecera. Repite cada día que él ha ganado las elecciones y que sólo corresponde a él formar Gobierno pero cuando el Rey, la única institución que ha demostrado estar en su lugar durante este proceso, se lo propone, declina sin dar explicación alguna. Cuando, cómo es lógico, el Rey encarga la formación de Gobierno a otro candidato que sí está dispuesto a intentar la investidura, se enfada y ordena a sus terminales mediáticas que afeen la conducta a Felipe VI. Rajoy dice que quiere formar una gran coalición, esto es pactar con el PSOE y Ciudadanos, pero se enfada cuando Albert Rivera llega a un acuerdo con Pedro Sánchez que es , exactamente, lo que él dice pretender. Si bien, el tono de la carta que envió, e hizo pública, Mariano Rajoy a Albert Rivera deja bastante claro la poca disposición real del todavía presidente del Gobierno de llegar a acuerdos con nadie. No se puede decir que la actitud de Sánchez para pactar con el PP sea mejor, pero si el líder del PSOE es el primero en ir a la investidura con el respaldo de Ciudadanos es, sencillamente, porque Rajoy renunció antes a esta posibilidad.

Es cierto que el contenido del acuerdo PSOE-C's es una chapuza buenista de corte socialdemócrata. Es cierto que el pacto tira hacia la izquierda. Es cierto que para un liberal suscribir eso es un sapo difícil de tragar. Pero no es el caso de Rajoy que puede ser cualquier cosa menos un político liberal. Rajoy firmaría ese pacto con los ojos cerrados si se le ofreciese a él la presidencia del Gobierno. Rajoy ha subido más los impuestos que ningún otro gobernante en los últimos 40 años. Rajoy ha sido incapaz de cumplir un solo año con los objetivos de déficit, pese a haberlos renegociado al alza con Bruselas. Por tanto, aferrarse al contenido del texto para justificar el bloqueo de Rajoy es una trampa y una tomadura de pelo. No son esos los motivos por los que Rajoy rechaza sumarse al acuerdo. Resulta cómico ver ahora a los mismos periodistas y políticos que han ejercido estos cuatro años de palmeros del Gobierno ponerse la camiseta de la ortodoxia liberal.

Génova 13 toca a rebato para dirigir todos sus ataques a Ciudadanos, que en estos dos meses es el único partido que ha demostrado voluntad real de llegar a acuerdos. El mismo partido que sostiene al PP en la Comunidad de Madrid, Murcia, La Rioja y muchos ayuntamientos. Ya que se trata de elegir un gobierno entre las alternativas, todas malas, posibles y viables (con apoyo parlamentario suficiente) y no de una discusión teórica sobre cómo sería el programa de gobierno ideal, no estaría de más que todos aquellos que ponen el grito en el cielo por el acuerdo de Sánchez y Rivera explicaran qué proponen . ¿Un gobierno de Frente Popular? ¿Nuevas elecciones? No parece verosímil que después de unas nuevas elecciones con los mismos candidatos las cosas cambien mucho. Y si cambian, es probable que sea para peor reforzando aún más el poder de Podemos en un Congreso más escorado, si cabe, a la izquierda. Un precio demasiado alto para salvar la honrilla, ya maltrecha, de un político en decadencia como Rajoy y un partido en descomposición como el PP. En todo caso, si hay que volver a las urnas que sea cuanto antes y que Rajoy y Sánchez se queden en su casa.

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