Pésimo Grande Marlaska

EDITORIAL

Fernando Grande Marlaska se está revelando un nefasto, indigno ministro del Interior. Su pasado en la Audiencia Nacional debería haberle dotado de un especial respeto por el cumplimiento de la ley y por el desempeño de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Pero resulta que no, que está comportándose de una manera ominosa.

Recuérdese el asedio de que fue objeto la delegación de Ciudadanos en la última manifestación del Orgullo Gay celebrada en Madrid. En aquella ocasión, Grande Marlaska se atrevió incluso a culpar no a la canalla liberticida sino a los miembros del partido naranja por haber ejercitado su derecho a participar en una manifestación autorizada; derecho que él, como ministro del Interior, era el primero que debía respetar, garantizar y proteger.

Pero es en los asuntos relacionados con Cataluña donde Marlaska está siendo más infame. Recientemente supimos de la reprimenda que propinó a la cúpula de la Guardia Civil por no haberle informado de la operación contra los separatistas radicales que pretendían cometer atentados con motivo del aniversario del 1 de Octubre. Un juez de la Audiencia Nacional como él no puede desconocer que las actuaciones de los agentes en cumplimiento de un mandato judicial no tienen por qué discutirse con el titular del ministerio. Se trata de respetar la necesaria separación entre los poderes Ejecutivo y Judicial, principio básico del Estado de Derecho, que Grande Marlaska se salta a la torera con gran desfachatez.

La contumacia de Marlaska tuvo su reflejo hace tan solo unos días, cuando reprendió al máximo responsable del Instituto Armado en Cataluña por un discurso que soliviantó a los Mozos de Escuadra presentes en el acto. Sin embargo, la alocución del general Garrido en San Andrés de la Barca fue un ejercicio irreprochable de defensa del orden constitucional y de apoyo a los agentes que habían practicado la detención del comando independentista que disponía de material explosivo.

Tiene toda la razón Pablo Casado al acusar a Marlaska de ponerse al lado del golpista Torra en lugar de junto a la Guardia Civil, en lo que demuestra ser un buen lacayo de Pedro Sánchez, que se encaramó a la Moncloa de la mano de los separatistas catalanes y vascos.

Grande Marlaska ha preferido ponerse al servicio incondicional de Sánchez en lugar de cumplir fielmente con las obligaciones de su cargo. No solo ha perdido la confianza de las FCSE (algo que de por sí ya inhabilita a cualquier ministro del Interior), sino el respeto de los españoles escandalizados por su repugnante sectarismo.

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