Otra 'Diada' de la vergüenza

EDITORIAL

Un año más, los separatistas catalanes han convertido la fiesta de su comunidad autónoma en una jornada reivindicativa en demanda de la secesión, cuyo inminente advenimiento no dejan de proclamar, para regocijo y sonrojo de tantos.

El Onze de Setembre nunca debió ser la Diada de Cataluña: no era difícil imaginar que los peores enemigos de Cataluña, los nacionalistas fanáticos que precisan manipular la Historia para aventar su mensaje falaz, iban a pervertir esa fecha incardinada en la historia de nuestras contiendas civiles hasta convertirla en efeméride de una suerte de estupefaciente guerra de España contra el Principado. Viven de mentir y excitar el odio y ahí siguen, emporcados en la tarea de enfrentar a los catalanes y dinamitar la convivencia en esas tierras, que tanto dicen amar. En el aquelarre de este domingo les dio por ir de blanco, pero su mensaje sigue siendo igual de sucio y de infame.

Que tienen problemas de imagen incluso entre los suyos lo certifica la muy inferior participación registrada este año, hecho que ni siquiera se han molestado en tergiversar: ni los más lunáticos de entre ellos han sacado a pasear esta vez la gran mentira que echaron a rodar en años previos, en que sin vergüenza hablaban de dos millones de catalanes clamando en las calles por la libertad.

Cataluña en manos de personajes como Puigdemont, Junqueras y Rufián es un motivo permanente de bochorno, una broma de pésimo gusto que deja de tener la menor gracia cuando se repara en el odio que los alimenta, y que pretenden instilar no sólo en los catalanes sino en los demás españoles.

Cataluña tiene que despertar, sacárselos de encima y denunciarlos como lo que son, un magma de fanáticos y oportunistas que está devastándola y cubriéndola de vergüenza. Y cambiar el 11-S por Sant Jordi, como alguna vez ha prometido hacer Ciudadanos.

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