Mas sacrifica a sus peones

EDITORIAL

El expresidente de la Generalidad Artur Mas ha llevado a cabo una purga en la dirección de CDC para que los viejos nombres y las caras de siempre no le puedan hacer sombra y perjudiquen el apaño de refundar Convergencia con otro nombre. Él permanecerá al frente del partido que salga del próximo congreso, un cónclave que comenzará mañana, durará todo el fin de semana y tendrá su colofón dos semanas después, con la elección de los nuevos dirigentes de la formación.

Mas cree tenerlo todo atado y bien atado. El Nou Partit debe ser una plataforma consagrada a enaltecer su carisma de teórica víctima propiciatoria de las cloacas del Estado. Tuvo que ceder su puesto de presidente de la Generalidad por antojo de la CUP a Carles Puigdemont, exalcalde de Gerona vinculado a la última hornada del tres por ciento, pero no está dispuesto a abandonar las riendas del proceso separatista.

De tal modo y efecto, Mas ha preparado una propuesta envenenada a los asociados (ya no habrá militantes porque suena a vieja política). Él será presidente y designará a una vicepresidenta, con toda probabilidad Neus Munté, portavoz del Gobierno regional. No habrá secretario general ni de organización. Bajo el mando del presidente y la vicepresidenta habrá un Comité Ejecutivo formado por doce miembros, que saldrán de los apoyos de los dos candidatos a una inexistente Secretaría General: Jordi Turull, partidario de romper con España por las buenas, y Germà Gordó, un moderado que pretende la independencia por vías legales, eran quienes aspiraban a la dirección ejecutiva de la nueva formación, pero se han llevado un auténtico chasco ante el organigrama diseñado por Mas para controlar el partido y la Generalidad a través de Munté.

La purga ha sido antológica. Mas no quiere a ninguno de sus peones de cabecera en la nueva dirección, de modo que Josep Rull, Lluís Coromines, Francesc Sánchez y hasta el propio Francesc Homs, su mano derecha, no podrán figurar en la Ejecutiva. Tampoco el president Puigdemont. Mas quiere jóvenes que no hayan ocupado cargos y no estén pringados en la corrupción sistémica del partido de Pujol. Y quiere, como Pujol, montar un partido al servicio de su figura. En lo que queda de Convergencia la bronca es monumental, el cisma absoluto y la lluvia de cuchillos constante e implacable.

Mas se escuda en que está imputado por poner las urnas, en que las cloacas del Estado le persiguen y en que se tuvo que sacrificar por la presión de la CUP para el sostenimiento del proceso. Así que el partido es suyo y hace lo que le da la gana. En el planeta convergente el malestar es notorio, no sólo por la depuración de los dirigentes sino por el sesgo personalista de la formación que está modelando Mas para no quedarse fuera del proceso.

De nuevo se confirma la capacidad letal de Mas. Primero provocó una crisis en el PSC, luego se cargó Unió y ahora se pule a su núcleo duro, a quienes le han acompañado, empujado y ayudado en la tarea de conducir Cataluña al borde del abismo. El camino está plagado de cadáveres atribuibles a este zombi.

La gran incógnita es qué nombre tendrá Convergencia a partir de ahora. En principio, mañana es el día de la gran decisión. Todo lo demás está hecho. Lo que sea, será el partido de Artur Mas y nada más. Tal es su propósito. Habrá lío en el congreso en dos fases, este fin de semana con prórroga los próximos días 22, 23 y 24, cuando se decidan los nombres de los doce miembros de la Ejecutiva de Mas y Munté.

La refundación está abocada al fracaso. Puede ser el canto del cisne de Mas, si ERC deja de acudir en ayuda de Convergencia cada vez que el partido del tres por ciento se encuentra en apuros.

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