La gran traición: Casado defenestra a Álvarez de Toledo y rescata al Gobierno

EDITORIAL

Vuelve el PP de los complejos y del miedo al qué dirán, el partido romo y apocado sin capacidad ni vocación de liderazgo, la formación que se deja derrotar por los enemigos de España. Pablo Casado ha sucumbido a las presiones de los grandes enemigos de su partido y prescindido de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz en el Congreso. Se imponen los serviles, los melindrosos, los partidarios del compadreo, siempre atentos a la opinión de los medios que los detestan, siempre de espaldas a sus votantes, tan despreciados.

El relevo de Álvarez de Toledo es un triunfo del Gobierno, del PSOE y de Podemos, una muestra de la sumisión de Casado y sus más directos colaboradores al relato social-comunista, la misma ficción que oculta los muertos del coronavirus, los efectos de la crisis económica y la corrupción de la banda de Iglesias. Se impone el discurso liberticida hasta en el partido que debería plantar cara al rodillo de la izquierda y el separatismo.

Especialmente inquietante resulta que Casado haya argumentado frente a Álvarez de Toledo la negativa de la portavoz a propiciar un apaño con la izquierda para la renovación del Poder Judicial, toda vez que los jueces son ahora mismo el único dique de contención frente a la ofensiva social-comunista y separatista contra la Constitución y el Estado de Derecho. Cualquier cesión en esa materia es un auténtico suicidio, es abrir la puerta a la ruptura y a la demolición del sistema democrático en un momento especialmente crítico.

También está en contra Casado de dar la batalla cultural y de ofrecer al PSOE la opción de un Gobierno de concentración que expulse del poder a Podemos y retorne a la formación socialista a la senda de la socialdemocracia. Prefiere la actual situación, la demolición del orden constitucional y la fractura de España.

Las feroces críticas de sus adversarios políticos y el obsceno acoso mediático de que ha sido víctima deberían haber sido los principales avales de Álvarez de Toledo, la demostración irrefutable de su enorme capacidad como portavoz parlamentaria del principal partido de la oposición. Y sin embargo han propiciado su relevo en un PP desnortado, incapaz de hacer frente a un Gobierno inútil y mentiroso. La auténticamente popular diputada demostraba capacidad de resistencia e iniciativa. Por eso la condenan y en Podemos, el PSOE y El País piafan.

La ya exportavoz ha sufrido un tipo de críticas y una clase de campañas que no se hubieran tolerado un solo segundo si se hubieran dirigido contra otras mujeres de otros partidos, pero aún peor que eso es la traición de la cúpula del PP, las puñaladas de sus teóricos compañeros, que han esperado al peor momento para ejecutar la peor decisión, que ojalá les pase la factura que merecen pagar por su escandalosa fechoría. El relevo de Álvarez de Toledo deja muy mermado al PP, que además pierde el referente moral que encabezó la lista por Barcelona en las últimas generales y que se enfrentó sin titubeos al acoso de las hordas separatistas en Cataluña.

Cuando menos credibilidad tiene el Gobierno, un paria en la Unión Europea, y más tocado está Podemos, Pablo Casado acude en su rescate con la defenestración de la diputada que sostenía el crédito ideológico de su partido ante la pujanza de los portavoces de Vox. En un movimiento sonrojante, Casado ha nombrado portavoz nacional del partido a José Luis Martínez Almeida. Como si así pudiera hacer tragar a sus votantes el viscoso sapo de su traición a los principios por los que se postuló como líder del PP ante Soraya Sáenz de Santamaría.

Es mucho, mucho peor que un inmenso error.

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