Chivite o la traición disfrazada de normalidad

EDITORIAL

Nada habría que objetar –todo lo contrario- a que un político tomara posesión de su cargo apelando a valores constitucionales tan encomiables como los de la convivencia, el respeto, la paz, la memoria, la verdad o la Justicia, tal y como ha hecho este martes la socialista María Chivite en su discurso como nueva presidenta de la Comunidad Foral de Navarra.

Lo que, sin embargo, supone una muestra insuperable de hipocresía es que Chivite apele a esos valores para disfrazar y dar un aire de normalidad democrática a unos bochornosos pactos con formaciones separatistas que tratan, además, de anexionar Navarra al Pais Vasco, e impedir que gobierne la formación más votada en aquella comunidad, como es Navarra Suma, coalición constitucionalista integrada por UPN, PP y Ciudadanos.

Así las cosas, ya podrá Chivite invocar la "pluralidad y diversidad" de Navarra tanto como incurrir en la cursilería de mostrar su respeto "a todas las maneras de pensar, de sentir, de vivir y de amar", que lo único que trata con sus palabras es dar legitimidad y aires de normalidad a cosas tan bochornosas como su alianza con quienes niegan la personalidad política de Navarra y tratan de anexionarla a una fantasmagórica Euskal Herria independiente, o con quienes, además, se niegan a condenar el terrorismo, tal y como el caso de los proetarras de Bildu.

Chivite lo podrá considerar una muestra de su respeto a "todas las maneras de pensar, de vivir o de amar", pero el hecho es que resulta una vergüenza que tenga como consejera de su gobierno a quien, como Itziar Gómez, fue parlamentaria de Batasuna en los años más sangrientos de ETA, antes de recalar en Aralar, formación que, para colmo, la expulsó por el cobro irregular de dietas en el Ayuntamiento de Pamplona.

A lo mejor Chivite lo considera una muestra de respeto a la convivencia, a la memoria, a la paz o a la Justicia, pero la verdad es que su silencio y pasividad ante los actos que, también en Navarra, ya se están celebrando para homenajear a los presos etarras y acosar a la Guardia Civil constituyen una afrenta a todas las victimas del terrorismo.

Chivite no es ejemplo de tolerancia ni de respeto al pluralismo sino de nihilismo como el de quien, con tal de acceder a la poltrona, es capaz de traicionar las otrora señas de identidad constitucionalistas del socialismo navarro y poner el gobierno de aquella Comunidad al servicio del anexionismo vasco y de unos proetarras a los que los Chivite tendrá que satisfacer para poder gobernar más de lo que ya lo ha hecho para poder acceder a la presidencia.

Así las cosas, es lamentable y perfectamente lógico que el lehendakari vasco, Iñigo Urkullu, presente en la toma de posesión de Chivite, haya aprovechado la ocasión para lanzar un mensaje anexionista, ensalzando los "lazos históricos" y "culturales" entre el País Vasco y Navarra; tanto como que el portavoz de los bilduetarras, Bakartxo Ruiz, se frote las manos mientras advierte que sin ellos "no es posible construir ninguna alternativa a la derecha en Navarra".

Y es que ya podrán los socialistas poner en valor su acuerdo de gobierno en Navarra como "ejemplo de normalidad"; pero lo cierto es que dicho acuerdo no más que insuperable muestra de indignidad.

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