Casado y los principios

EDITORIAL

Volver a escuchar el entusiasta y estimulante discurso que pronunció Pablo Casado en el verano de 2018 después de derrotar a Soraya Sáenz de Santamaría en las internas del PP, recuperado estos días por Libertad Digital, procura dimensión y profundidad a la traición cometida a los principios que él mismo prometió defender con la defenestración de quien fuera su fichaje estrella, Cayetana Álvarez de Toledo, para la portavocía del grupo parlamentario popular.

Aquel día, Pablo Casado puso en pie a los suyos en varias ocasiones haciendo una cerrada defensa de los pretendidos principios del PP, "esos principios que han hecho a nuestro partido el primer partido de España", decía. Unos principios que se cifrarían en una inquebrantable y desacomplejada defensa de la libertad. Pero ahora parece que eso choca con su autoridad.

Quienes defienden la decisión de Casado argumentan que Álvarez de Toledo se había convertido en un verso suelto del PP y que con su destitución el aún joven líder popular da un puñetazo en la mesa para demostrar firmeza. El problema es que Álvarez de Toledo no ha hecho otra cosa que defender aquello que defendía Casado. Casado, defenestrándola, se ha desautorizado a sí mismo.

Con la cabeza de Álvarez de Toledo servida en bandeja de plata a una camarilla de intrigantes, Casado no sólo certifica el abandono de los principios que le llevaron a la presidencia del PP, sino la asunción de una estrategia basada, fundamentalmente, en no molestar a la izquierda.

La Sexta y El País, la SER y Mediaset, Podemos, PSOE, ERC y hasta Bildu señalaron a CAT como el nexo del PP con la extrema derecha. Acusaron a Casado de rozar el fascismo por su discurso atrevido en defensa de la libertad. Pues bien, parece que el mensaje ha calado y Casado ha terminado agachando la cabeza. Y eso no tiene un pase. El líder del principal partido de la oposición no puede aceptar que la defensa de la libertad, la Constitución y el libre mercado se considere una amenaza fascista. El líder del partido que aspira a volver a gobernar España no puede dejar de dar la batalla contra el discurso liberticida de la izquierda realmente existente. Pero así ha sido: Casado ha pagado con la cabeza de Cayetana el chantaje impuesto por los herederos de los asesinos de ETA, los comunistas de Podemos, los golpistas de ERC y este PSOE impresentable del felón Sánchez Castejón.

Lo que no quiere ver Casado es que la voracidad de la maquinaria liberticida de la izquierda gobernante, sus satélites mediáticos y sus aliados racistas, golpistas y proterroristas, es formidable. Si cree que la destitución de CAT se van a calmar, se equivoca. Han olido la sangre y no piensan perder el rastro. Que vayan preparándose Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida...

"No hay que tener miedo al debate, no hay que tener miedo a la libertad (...) Somos el partido de la libertad individual, el partido de las personas": qué lejos suenan ya estas palabras que ponían en pie a la militancia popular. Qué lejos queda esa concepción de la política que legitimaba su autoridad dentro del partido. Esa autoridad que ahora Casado parece decidido rendir a la izquierda piafante. Pero la izquierda siempre le considerará un radical, y él no tiene la opción sino la obligación de defender los principios en los que creen sus votantes. Con el coraje, la contundencia y la brillantez con que lo ha hecho Cayetana Álvarez de Toledo.

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