Autoexplotación

Carlos Rodríguez Braun

El año pasado Tania Sánchez, la destacada política de Podemos, montó un lío importante en el programa de Ana Rosa Quintana. Habían invitado a una señora que había perdido su empleo y decidió crear una empresa para cuidar a enfermos y personas mayores en sus domicilios. La atención de los participantes giraba en torno a lo que suelen padecer los empresarios, es decir, los costes y obstáculos de todo tipo con que las diferentes Administraciones Públicas lastran a las empresas.

Hasta ahí, todo bastante normal. Pero entonces habló doña Tania, condenando "ese discurso que algunos utilizan del emprendimiento, especialmente el Partido Popular, como si fuese una salida a la crisis", y redondeó así su razonamiento:

Se está forzando a la gente a constituirse como autónomo y a ser una especie de autoexplotador de sí mismo.

En primer lugar, por supuesto que ser empresario es la salida de la crisis, puesto que la empresa es la que crea riqueza y empleo. Es más, han sido los empresarios los que de hecho han propiciado la recuperación, al haber realizado un duro ajuste, mucho más duro del que habría sido necesario si el poder hubiese acometido de verdad esa austeridad de la que se habla mucho y ha existido poco.

Si no fueran los empresarios los creadores de riqueza en el mercado, entonces tendríamos que creer que esa riqueza refulge allí donde no hay mercado ni capitalismo. Pero la realidad es la contraria.

El comentario estrella de doña Tania mereció el revuelo que se montó. Su error sólo se entiende a partir de la negación de la creación de riqueza mediante el intercambio y la contratación en el mercado.

En efecto, si la riqueza sólo se usurpa o distribuye, estamos en el mundo de Marx: dado que, según él, no hay más valor que el creado por el trabajador asalariado, entonces todos los demás ingresos, y en particular el beneficio del capitalista, equivalen al robo y la explotación.

¿Y si una persona no es capitalista ni asalariada, sino un autónomo, que es las dos cosas a la vez? La argumentación marxista se impone: si el capitalista explota, y el trabajador es explotado, entonces un autónomo… se explota a sí mismo.

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