Pinta bien

Antonio Escohotado

Hacerme viejo coincidió con pensar que los adjetivos rara vez le hacen justicia a los nombres propios, y en noches como esta me arrepiento, porque virguero, brillante y sobrado van como anillo al dedo para el espectáculo grupal e individual. Parecían agotarse, por ejemplo, las sorpresas referidas a cracks juveniles brasileños con la irrupción de Vinicius; pero he ahí que Rodrygo se le asemeja en maestría, y encima sin nervios autosaboteadores.

Tanta señal positiva hubo hoy que cuesta ponerlas en orden jerárquico, como en el caso de Kroos y Valverde. El alemán ha dado un salto en virilidad que agudiza sus cualidades de pasador y chutador, permitiéndose de paso una exquisitez como el segundo gol. Cualquier adversario que se le enfrente en su estado actual de forma y brío sufrirá el bombardeo de desplazamientos milimétricos, añadido al incordio de quien aparece a menudo desde segunda línea, y lo mismo regatea en un palmo de terreno que larga cañonazos.

De Valverde lo primero admirable es estar en las antípodas del señoritismo, una propensión escrita con tinta invisible en la camiseta del equipo, que no en vano es el más laureado. Pajarito, como le llaman, se entrega hasta el punto de haber descubierto modos de presionar no anti reglamentarios, una hazaña al alcance de muy pocos que exhibe en cada partido, junto con la zancada capaz de defender atacando, todo ello sin perjuicio de seguir expuesto a precipitaciones como la de esta noche, cuando lo difícil era no ver puerta. Se le supone un gran disparo; pero aun echándola fuera su actitud es suficiente para admirarle y esperarle.

Benzema sigue siendo el hombre proteico, director, coreógrafo y bailarín de un concierto donde asombra ver a un hombretón tan flexible e ingrávido, que no le teme a nada. Pequeño a su lado, Hazard está a medio camino entre el hombre bala y el caracoleador, que sigue incurriendo en demasiados errores no forzados, y hasta cerrándose ángulos de tiro, aunque lo enmiende con fulguraciones tipo Messi, como el mal control origen del primer penalti. Cuando crezca en confianza y coordinación veremos quizá las diabluras de alguien pleno de experiencia, sin atisbo de rozar físicamente su límite.

Cosa pareja empieza a ocurrir con Casemiro, que sencillamente puede hacerlo todo, y lo hace cada mejor, ampliando su gama de cortes, conducciones, pases y remates. Courtois salvó un balón de gol en el primer tiempo, y dio en el segundo una lección de técnica ante un zambombazo cercano, que muy rara vez he visto parar y retener al tiempo. Bien Ramos y Varane, como de costumbre, y Carvajal se hizo perdonar varias acciones toscas con el centro del quinto gol, gracias al cual Jovic se sacudió la pesadilla de marcar solo en fuera de juego.

Me temo por último que Marcelo está gozando de un crédito sin aval, como Isco, aunque esta noche ni la inoperancia defensiva ni el renqueo se pagaron con tantos o zozobras. El conjunto promete, quizá como en ningún momento previo.

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