Padres y profesores contra la nueva Oficina Lingüística de Baleares: "Es repugnante"

Víctimas de la inmersión reaccionan así ante la oficina que el Gobierno socialista ha abierto para paliar el "dolor" de no poder hablar en catalán.

Sandra León

Una semana después de abrir sus puertas, poco o nada ha trascendido sobre la labor de la nueva Oficina de Derechos Lingüísticos de Baleares inaugurada el pasado 4 de diciembre por el Gobierno de Francina Armengol. Teóricamente, el organismo se encargará de velar por los derechos asociados a las dos lenguas oficiales. Sin embargo, el consejero de Educación, el socialista Martí March, ya dejó claro el mismo día de su inauguración que el objetivo era paliar el "dolor" que supone "que demasiado a menudo los catalanoparlantes tengan que renunciar al uso de su lengua".

En la misma línea, la Secretaria Autonómica de Universidad, Investigación y Política Lingüística, Agustina Vilaret, reconoció abiertamente que su misión no era otra que "luchar conjuntamente por los derechos lingüísticos con otros territorios de los Països Catalans".

Así, la apertura de esta oficina, similar a las que ya existen en Cataluña y la Comunidad Valenciana, ha indignado a las miles de víctimas de la inmersión lingüística en Baleares. Muchas se resisten a alzar la voz por miedo a represalias, pero otras no están dispuestas a agachar la cabeza ante quienes, una vez más, tratan de confundir a las víctimas con los verdugos.

Es el caso de Irma Ricciardiello. Su historia saltó a los medios hace dos años, cuando denunció públicamente el calvario que sufrían sus hijos en el colegio Can Raspalls de Ibiza: "Si mi hija pedía hacer pis en español, la maestra le decía que no la entendía". A su hermano mayor, la profesora no le dejaba participar en clase por el simple hecho de llevar el libro en castellano. Tampoco le corregía los deberes. Es más, le penalizaba.

"¡Esto es de locos!"

Al enterarse de la apertura de esta nueva oficina, Irma no da crédito. "Estoy alucinando" asegura a Libertad Digital. "¡Esto es de locos! Aquí los que somos discriminados somos los que hemos solicitado alguna vez algo en castellano", denuncia indignada.

Ella, que sufría cada día viendo cómo sus hijos "crecían pensando que hablar en castellano estaba mal", llevó su lucha a todas las instituciones posibles. Consiguió que el Defensor del Pueblo le diese la razón y corroborase que, efectivamente, el colegio Can Raspalls discriminaba a las familias que solicitaban educar a sus hijos en castellano.

Sin embargo, a nivel educativo, lo único que logró fue que el consejero Martí March, el mismo que hoy habla del "dolor" de los catalanoparlantes, acudiese al centro a apoyar a todos aquellos que discriminaban a sus hijos. Incluido Godofredo, el profesor que se disfrazaba de payaso para dar castellano y ridiculizar así la enseñanza de esta lengua. "¿Y ahora va diciendo que abre la oficina ésta para paliar el dolor de los catalanoparlantes?, se pregunta indignada. Es que es ridículo y absurdo, cuando es justamente él el que se lo está haciendo a los demás. Es repugnante".

Aquella visita del consejero socialista a Can Raspalls "sirvió para advertir a los demás padres de qué pasaría si también hacían lo mismo que yo", lamenta Irma. Y lo cierto es que este tipo de actuaciones parecen haber surtido efecto, ya que si bien son muchas las familias que en privado corroboran episodios como los que sus hijos han sufrido en Baleares, cada vez son menos los que se atreven a hacerlo públicamente.

Hoy, los hijos de Irma, como tantos otros que quieren huir del acoso, estudian en un colegio concertado. Ella, por fin respira tranquila. "Mis hijos siguen estudiando la mayoría de las asignaturas en catalán, pero es que yo no estoy en contra del catalán", aclara una y otra vez. "Simplemente es otro ambiente distinto".

Lamentablemente, por muchas oficinas de derechos lingüísticos que el Gobierno balear abra en las islas, la huida sigue siendo el destino obligado para muchos castellanoparlantes. No sólo para los alumnos. También para muchos docentes que han sufrido el acoso catalanista en primera persona. Es el caso de Pedro, un profesor de inglés de Ibiza que prefiere esconder su nombre real por miedo a represalias.

Su situación saltó a los medios hace meses cuando denunció que el Instituto Sant Agustí de Ibiza en el que trabajaba le prohibía hablar en castellano con alumnos, padres y compañeros. "El catalán está por encima de tus derechos laborales", le llegaron a decir el director y la coordinadora lingüística del centro, que incluso firmaron un acta en la que le reprendían por hablar en su lengua materna.

El profesor se dio cuenta de que le vigilaban y que hasta se asomaban a su clase e intentaban escuchar las conversaciones que mantenía con sus compañeros o con las familias de sus estudiantes. Así que, tras recibir todo tipo de presiones para que dimitiera, este profesor de Ibiza decidió pedir el traslado, aprovechando su condición de interino.

Otro "chiringuito" más para "colocar a sus adeptos"

Hoy, Pedro asiste perplejo a la puesta en marcha de esta oficina lingüística y, sobre todo, a las sorprendentes declaraciones del Gobierno balear hablando del "dolor" de aquellos que quieren usar el catalán y no pueden. "Es sangrante", denuncia indignado. "El único dolor que existe realmente es el que sufrimos los hablantes de español que somos perseguidos por usar nuestra lengua y a quienes se nos niega la enseñanza en nuestra lengua materna".

A su juicio, esta oficina "es otro chiringuito más para distraer dinero público en beneficio de los catalanistas". La maniobra no dista mucho de las que ya se han visto en Cataluña y la Comunidad Valenciana: "Usan el dinero de todos los ciudadanos para colocar a sus adeptos".

Al igual que los hijos de Irma, este profesor ha conseguido dejar atrás aquellos días de acoso constante, pero su lucha, aunque sea desde el anonimato, continúa. Si algo le ha demostrado su experiencia docente, es que "la inmersión lingüística es una aberración que provoca frustración y fracaso" escolar. "Eso sí es verdaderamente doloroso", sentencia.

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