Puigdemont: la lenta digestión de la no independencia

El prófugo admite que haya quien considere que la república catalana no merece la pena.

Pablo Planas (Barcelona)

Conferencia telemática de Carles Puigdemont en la "Universidad catalana de Verano" que cada año se celebra en la localidad francesa de Prada de Conflent. El coronavirus modifica por completo el formato de las conferencias, que se celebran sin público. El expresidente prófugo comparece arropado por su esposa, Marcela Topor, sus compañeros de fuga, Clara Ponsatí y Toni Comín, el delegado de la Generalidad en Perpiñán, Josep Puigbert, el letrado Gonzalo Boye, la diputada en el Congreso Laura Borràs y los diputados autonómicos Elsa Artadi, Albert Batet, Josep Costa y Francesc de Dalmases.

Es el núcleo duro del nuevo partido de Puigdemont. Ni su valido Quim Torra ni ningún consejero de la Generalidad arropan al fugado en su excursión al sur de Francia. El presidente de la Generalidad y su antecesor mantienen unas difíciles relaciones. Torra quiere convocar elecciones cuanto antes y Puigdemont pretende apurar la legislatura y que la inhabilitación de su sucesor dé paso a otro enfrentamiento con el Estado que engorde sus expectativas electorales.

El independentismo está fracturado. Comín, de JxCat, habla de una guerra fría con ERC, su anterior partido. También hay grietas notables entre los restos de la antigua Convergencia. En su conferencia Puigdemont sostiene que tres años después del referéndum ilegal el Estado no ha logrado decapitar al independentismo, que en la cárcel o en el "exilio", los líderes siguen en política. Admite, no obstante, que haya gente que considere que la independencia no merece la pena.

"Todos somos conscientes de que el camino es tan difícil, complicado y doloroso que es comprensible que haya quien decida que no vale la pena", asegura el prófugo. Apela a una "confrontración inteligente" contra el Estado, "sin falsas ilusiones". Añade que del Estado no saldrá ninguna propuesta negociadora y asegura el independentismo debe debatir sobre el liderazgo, la unidad estratégica y la preparación "a todos los niveles". Dice que tal preparación debe ser más grande que hace tres años. El líder de JxCat da muestras de que el independentismo empieza a ser consciente ahora del fracaso de 2017, pero se viene arriba. El Estado ha fracaso, apunta, en su intento de "decapitar" al independentismo.

En paralelo y en Barcelona, Torra reconoce que su legislatura no ha sido la de la consecución de la república catalana, pero que él y su gobierno han estado "a la altura". Tanto Puigdemont como Torra ponen como excusa la "represión".

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