La enorme crisis socioeconómica de Nueva York: así se ha hundido tras la pandemia

La política neoyorquina está marcada por un dominio casi absoluto de los candidatos más escorados a la izquierda del Partido Demócrata.

Diego Sánchez de al Cruz

A lo largo de los últimos años, un promedio de 300 personas dejaba Nueva York cada día. El perfil de muchos de estos "exiliados" se correspondía con el de trabajadores de sueldo medio-alto que buscaban otro lugar de residencia para pagar menos impuestos y disfrutar de una vida más cómoda y menos azarosa.

El célebre economista Arthur Laffer y su colega Stephen Moore, expertos en evaluar la movilidad provocada por los impuestos en el país norteamericano, alertaron en 2018 de que esta tendencia se aceleraría durante la presente década. Además de la presión fiscal, ambos autores citaban los elevados precios del sector inmobiliario o el peor desempeño de los salarios y el empleo como algunos de los motivos para esta salida.

La política neoyorquina está marcada por un dominio casi absoluto de los candidatos más escorados a la izquierda del Partido Demócrata. En clave económica, esto se traduce en una apuesta clara por medidas francamente alejadas del espíritu liberal que sí se observa en muchas otras regiones del país: recurso continuo a un gasto público insostenible, subidas impositivas pronunciadas y reiteradas, regulaciones orientadas a restringir el grado de laissez faire de los mercados, etc. El Instituto Cato, prestigioso think tank liberal con sede en Washington, coloca a Nueva York como colista en el Índice de Libertad Económica que ha dedicado a las distintas regiones de Estados Unidos.

La preocupante tendencia a la baja de la Gran Manzana se ha acelerado con el colapso socioeconómico provocado por la covid-19. No hay que olvidar que Nueva York ha sido uno de los territorios más golpeados por la pandemia, primero en términos sanitarios y después en el ámbito económico. Pues bien, estas circunstancias podrían ir peor, o al menos eso es lo que cree el reconocido gestor de fondos y divulgador económico James Altucher, quien ha firmado un demoledor artículo al respecto.

Altucher repasa distintos indicadores para poner de manifiesto la ruina que enfrenta Nueva York:

  • Los principales edificios de oficinas están vacíos al 90%. Las empresas ya pueden reabrir pero se han dado cuenta de que pueden apostar por el teletrabajo y reducir sus gastos, de modo que los rascacielos lidian ahora con un monumental problema de capacidad.
  • Los alquileres han caído entre un 30% y un 50% en algunas zonas de NYC. Lo mismo sucede con los precios de compra-venta. La oferta inmobiliaria de la Gran Manzana, notoria por su escasez, se torna ahora excesiva por la clamorosa falta de demanda.
  • En redes sociales se suceden los grupos y comunidades de jóvenes que se plantean migraciones masivas hacia otras áreas del país. Salir de la ciudad ya no es solo cosa de altos cargos o empresarios, sino que ya es una dinámica socialmente aceptada entre muchas otras capas de la población.
  • La cultura está bajo mínimos. Los teatros de Broadway no tienen previsto reabrir hasta 2021. Muchos de los museos de la ciudad operan a medio gas, mientras que otros mantienen el cierre. Con su colapso se esfuma también la viabilidad de la industria de la restauración y el ocio, donde más del 60% de los restaurantes habría cerrado.
  • Las cuentas públicas están devastadas, el mercado de trabajo ha sufrido una auténtica sangría y la bancarrota es una perspectiva real que, además, forzará a las autoridades a tomar medidas impopulares que solo contribuirán a generar más desencanto, sea por duros recortes en el gasto o por importantes subidas de impuestos.

Son muchas las voces que sostienen que "Nueva York siempre será Nueva York" y confían en la remontada de muchos de estos indicadores. Sin embargo, también es cierto que el pesimismo sobre la viabilidad de su modelo socioeconómico ha ido a más en los últimos meses, acelerando una tendencia de largo plazo que ahora se manifiesta de manera repentina debido al shock provocado por la pandemia.

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