La pesadilla de los Aguado continúa tras el desalojo de los okupas: "No puedo volver a mi barrio"

La propietaria con discapacidad de Argumosa sigue sufriendo dos okupaciones más y el Sindicato de Inquilinas no deja de acosar a la familia.

Elena Berberana

Tapiadas con ladrillos y cemento se encuentran las viviendas recientemente desokupadas de la familia Aguado en la calle Argumosa, en el madrileño barrio de Lavapiés. "Para que no vuelva a pasar", sentencia Pedro Esteban, uno de los propietarios. Este catedrático universitario relata el nerviosismo y la ansiedad vividos la semana pasada tras el nuevo intento de bloqueo de desalojo por parte del Sindicato de Inquilinas de Madrid, apoyados por la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) y representantes políticos de Unidos Podemos y Ahora Madrid.

"Afortunadamente se ha hecho justicia y Rosi, Pepi y Juani han sido desalojadas. No se quedan desamparadas. Rosi posee una vivienda en Valencia, así figura en el registro mercantil. Y aún así, son nuestras casas, no tengo dinero para pagar la clínica a mi hermana discapacitada y todavía no creo que pueda alquilar las viviendas. Tenemos aún miedo en el cuerpo de que esta locura vuelva a pasar", lamenta Pedro.

Los Aguado hablan de una amarga victoria. Creen que se ha hecho justicia tras una larga agonía sufriendo acoso, amenazas y persecuciones. Pero, como el protagonista de esta dura historia revela a Libre Mercado, "la pesadilla todavía continúa". Aún tienen dos viviendas más okupadas. Uno de los inmuebles por familiares de Rosi, la exokupa, y otro de ellos por otra familia que desconocen. Ambas viviendas pertenecen a la hermana discapacitada de Pedro, que no es consciente por su enfermedad de que no dispone de las casas que heredó.

Con los nervios a flor a piel

"Todavía duermo mal. Estuve muy nervioso y lo sigo estando. Se montó un gran revuelo mediático y político. Desde las 2 de la madrugada el Sindicato de Inquilinas y sus secuaces se plantaron para bloquear por cuarta vez la ejecución del desalojo. Nosotros habíamos perdido toda esperanza en las instituciones españolas. Pero, gracias a Dios, parece que aún funcionan, aunque ha sido un proceso doloroso y dañino para mi familia. No entendíamos cómo habiendo ganado los juicios, este grupo organizado impedía que las órdenes de un juez pudieran ejecutarse", explica todavía con el tono de voz tembloroso el profesor universitario.

Esperando a que la policía actuara, se encontraba a lo lejos un grupo de albañiles contratados por los Aguado. Las tres viviendas se quedaron vacías y los okupas, finalmente, sacaron sus pertenencias. Rápidamente, los obreros subieron las escaleras con ladrillos y sacos de cemento para disponerse a tapiar las tres casas libres de okupas. "O lo cerrábamos a cal y canto o volvían a entrar", comenta el afectado.

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Propiedad de los Aguado con la entrada tapiada

Politización del movimiento okupa

Los Aguado veían, en mitad de todo el jaleo y siguiendo el desahucio en directo, cómo representantes políticos se posicionaban a favor de Rosi, Juani y Pepi. Uno de ellos fue el Secretario General de Podemos, Pablo Echenique, quien en su cuenta de Twitter acusaba a los propietarios de ser "fondos buitre", algo que desmintió la familia.

A pesar de que los afectados aseveraron que eran familias y que, además, una de las okupas, Rosi, tiene un dúplex en Valencia, de nada sirvieron dichas explicaciones a los políticos de Podemos y Ahora Madrid, como Rafa Mayoral, Carlos Sánchez Mato, Montserrat Calcerán, Pablo Carmona o Alejandro Rodríguez. Todos se personaron in situ en Argumosa 11 para colaborar en la paralización del desalojo.

La decisión de los jueces tampoco parecía importar a nadie. De este modo, la extrema izquierda se unía a los 200 manifestantes, de los que 6 fueron detenidos por los mandos policiales que intervinieron.

"Argumosa ha sido una bandera política y les ha dado igual mentir sobre nuestro drama. Es deleznable que se utilicen estos casos para hacer campañas electorales", lamenta Pedro. Tal es el miedo que se les ha quedado en el cuerpo que, a pesar de no andar sobrados de dinero, los Aguado quieren dejar pasar un tiempo con los pisos tapiados. "De momento, sólo queremos volver a dormir. Esto ha sido un calvario. No sé ni cómo están nuestras casas por dentro, pero los albañiles nos han dicho que tenemos que reformarlas", señala el propietario a este diario.

No obstante, aún siguen viviendo el infierno del acoso y señalamiento público que hacen desde las organizaciones okupas. Este catedrático confiesa muy apenado que "ya no puede volver a su barrio de toda la vida". "Me han expulsado del sitio donde crecí. Tenemos miedo de represalias, nuestras caras siguen colgadas en cientos de carteles en farolas y contenedores. Nos pueden increpar, insultar y, quizás, pegar, quién sabe", lamenta profundamente Pedro.

Pero los Aguado quieren dejar claro que, tarde o temprano, tendrán que volver a intentar alquilar sus viviendas porque "necesitan el dinero para los tratamientos de sus dos hermanos con discapacidad". Tan sólo esperan que "los malos no vuelvan a ganar" y que sus dos casas aún okupadas sean finalmente desalojadas por la Justicia española.

Pedro concluye contudente y lanza un mensaje a políticos y plataformas antideshaucio: "Por favor, les pido en nombre de mi familia y nuestra salud a los sindicatos y movimientos de okupación que nos dejen vivir tranquilos. Tenemos derecho a nuestras casas, es la herencia de mi familia, y a estar en paz. Quiero volver a dormir por las noches".

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