Un Foro Liberal

El segundo Foro Liberal que organiza la Asociación Estudios de Axiología tendrá lugar el próximo 16 y 17 de noviembre.

Fernando Muñoz

Gracias a la liberal generosidad de la Asociación Estudios de Axiología se celebran unos foros para discutir sobre el liberalismo. Aguardamos para este año un segundo Foro que traerá nuevas ocasiones para la libre discusión, cada vez más necesaria en una España, y una Europa, en trance de descomposición. A la espera del nuevo curso que se celebrará los días 16 y 17 de noviembre de 2016, recordemos lo que pasó el año pasado.

En noviembre de 2015 tuvo lugar, con sede en el Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid, el primer Foro Liberal organizado y promovido por la Asociación Estudios de Axiología. Se constituyó como un foro, es decir, un espacio abierto para la libre discusión de los principios y fundamentos de la concepción liberal del hombre, la sociedad y la historia.

Dos notables mesas redondas reunieron a nombres determinantes del liberalismo español contemporáneo. La primera de ellas, que tuve el honor de presentar, se reunió el día 18 de noviembre en torno a la concepción liberal de la economía y contó con la presencia de D. Manuel Llamas, D. Juan Ramón Rallo y D. Carlos Rodríguez Braun. Bajo el título de "Liberalismo y Economía" los ponentes ofrecieron una defensa de la comprensión liberal de la economía, para señalar con contundencia que la economía actual, realmente existente, y pese a la extendida alarma contraria al conocido como neoliberalismo, no sólo no responde sino que contradice los principios de funcionamiento de una economía liberal.

El discurso de los ponentes alcanzó desde la actualidad, cuya figura definió D. Manuel Llamas en una exposición saturada de datos y referencias a la crítica situación económica de nuestros días, pasando por una perspectiva media, ejercitada por D. J. Ramón Rallo, capaz de coser los fenómenos del presente a los principios fundamentales -no estrechamente económicos- del liberalismo, hasta alcanzar, en la exposición a cargo de D. Carlos Rodríguez Braun, los fundamentos filosóficos de una idea de libertad con efectos en todas las dimensiones de la realidad humana y, naturalmente, con consecuencias directas en la producción, distribución y consumo de bienes.

La virtudes que el diseño de un orden liberal encierra fueron expuestas con una pasmosa precisión, con ellas quedaron a la vista también las mayores dificultades de un orden social o de bienestar que, en nombre de un humanismo abstracto, promueve una intervención política que, incapaz de dar respuesta a los problemas que señala, tiene capacidad sobrada para arrojar un mundo constreñido y estrecho donde ha sido limitada cualquier holgura de la voluntad. Y de hacerlo además con el consentimiento de unas masas capaces de defender las cadenas que les oprimen.

El liberalismo defendido por los ponentes pretende no incurrir en el peligroso utopismo revolucionario que busca realizar en el mundo una justicia perfecta, con completo olvido de sus costes, aplicando un aterrador fiat iustitia pereat mundus. Pero este liberalismo -precisamente por no utopista- conoce las dificultades que encierra. Acaso quedara pendiente la cuestión de la posible constitución de una forma de vida compartida que pudiera evitar, por una parte, la asfixia política propia de modelos sociales o socialistas pero que, por otra parte, limitara la creciente reducción económica de todos los aspectos de la realidad antropológica a la que parece conducir una defensa sin matices de un liberalismo económico radical y militante.

Política y gobierno

Pero esta cuestión sería abordada durante la segunda jornada del primer Foro Liberal que debemos a la Sociedad Española de Estudios de Axiología y especialmente a su presidente: D. José María Méndez. Esta segunda jornada reunió en torno a la mesa a tres destacadas figuras de la teoría política contemporánea en España, figuras afines a concepciones del pensamiento liberal matizadamente diversas: D. Francisco Sosa Wagner, D. J. María Lasalle y D. Francisco Rosell Fernández. La jornada estuvo presentada, moderada y enriquecida por D. Jorge Casesmeiro Roger.

Podría resultar preocupante que acaso el más decantado sentido común caracterizó la ponencia de los menos próximos a la arena política o al ejercicio real del gobierno. Sin duda, los tres protagonistas de la mesa redonda del día 19 de noviembre son ciudadanos inmersos en la vida política ya sea desde la universidad, el periodismo o el gobierno. Pero el ejercicio de gobierno es, parece evidente, políticamente determinante en un sentido más inmediato.

Sin embargo, el sentido común pareció quedar más lejos del político que del profesor o el periodista. Un sentido común que contempla el necesario arraigo de las sociedades de individuos en tradiciones que los trascienden y no reniega de esa implantación del individuo en instituciones, costumbres o tradiciones que desbordan su estrecho radio de acción individual. Frente a este sentido común apareció una visión liberal abstracta que concibe individuos sin atributos, flotantes en un espacio público sin estructura histórica, o en un mercado abierto sin otro valor que el valor de cambio.

Pero el liberalismo clásico nunca renegó de la matriz histórica común que antes le sirvió de soporte que de obstáculo, una matriz que no se reducía a la mera suma de voluntades individuales intangibles, sino que respondía a comunidades cuyas costumbres e instituciones antropológicas -infrapolíticas- servían no de límite, sino de esqueleto sobre el que levantar el funcionamiento formalmente jurídico, la estructura meramente política o la forma abstractamente económica de una sociedad de individuos.

El liberalismo no puede deshacerse sin riesgos de alguna forma de comunidad cuando de hecho históricamente acompaña la constitución de la moderna nación política y la idea de nación es, aunque moderna, una idea que no se desprende enteramente de su dimensión comunitaria. Una idea totalmente falsa del liberalismo pretende implicar una neutralidad perfecta entre valores plenamente relativizados, manteniéndose equidistante entre distintas concepciones del bien, la verdad y la historia. Es preocupante que este liberalismo se presentara en las posiciones del ponente más comprometido con el ejercicio del gobierno.

No debiéramos olvidar que "…a través de la mayor parte de su larga historia, la tradición liberal estaba imbuida de los ideales clásicos y cristianos de dignidad, cortesía y tolerancia (…). En el siglo XX liberales destacados como Keynes, Isaiah Berlin y Lionel Trilling daban por descontado que una de las funciones del estado era la defensa de la civilización. Es una concepción superficial del liberalismo la que cree que implica neutralidad entre las distintas visiones del bien. En todo caso, la neutralidad es una fantasía." (Skidelsky Robert y Skidelsky Edward. 2012)

La urgencia y la complejidad del debate planteado en este primer Foro Liberal es cada día más evidente, para notarlo basta la lectura de la prensa diaria. Si el pasado año era obvia la emergencia, es hoy una emergencia extrema la que nos acucia a afrontar estas dificultades. Desde luego no tranquiliza la defensa de tan abstracta neutralidad por parte de un gobernante, pero consuela pensar que pudiera ser advertido en un libre debate público.

Si en la circunstancia presente resulta arriesgado el falso liberalismo que pretende la renuncia a toda promoción política de una idea positiva del bien, la verdad o la historia, resultará más peligroso si cabe el desprecio sin matices de la clásica tradición liberal. Dicho muy brevemente el liberalismo no puede olvidar, hoy menos que nunca antes, la defensa de la civilización sobre cuyo tácito supuesto ha podido desplegarse.

Fernando Muñoz es profesor de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid y coordinación del Iº Foro Liberal 2015 organizado por la Asociación Estudios de Axiología

A continuación