Wanda y el descrédito de España frente a China

Wanda no es cualquier cosa, es el grupo inversor más importante del mundo.

Javier Santacruz

Desde la misma entrada del Grupo Wanda en España, los problemas institucionales y la mala prensa de este grupo inversor, se han sucedido de una forma continuada en el tiempo. En junio de 2014, tras la compra del "Edificio España" al Banco de Santander por 265 millones de euros, el grupo encabezado por el hombre más rico de China (Wang Jianlin) empezó a recibir las primeras críticas difundiendo rumores falsos en la prensa de que "el edificio iba a ser demolido".

A partir de estos primeros hechos, se forjó una mala relación evidente entre Wanda y el Ayuntamiento de Madrid, además de otras instituciones involucradas en la conservación y restauración de uno de los primeros rascacielos que hubo en Madrid a mediados de los años cincuenta. El proyecto de Wanda ni siquiera hablaba de derruir el edificio ni tampoco hacía mención a nada semejante, pero la opinión pública ya se formó su propia teoría acerca de esta supuesta intención.

En este sentido, una relación que empezaba así difícilmente podía llegar a buen término, tal como ha ocurrido. Por el camino, Wanda ha dejado una inversión multimillonaria con proyectos como la "Operación Campamento" en vía muerta desde hace ya casi un año e inversiones estratégicas como la compra del 20% del Club Atlético de Madrid donde no sólo le abre la puerta al fútbol español sino también a uno de sus negocios principales: la industria de distribución de salas de cine.

Por mucho que instituciones como el Ayuntamiento de Madrid intenten quitar hierro a este asunto, la verdad es que es un duro golpe a la imagen de España en el exterior, particularmente en mercados de interés estratégico para España como es el chino. El Grupo Wanda no es cualquier cosa es la escena internacional: es, nada más y nada menos, que el grupo inversor más importante del mundo y que acapara en este momento una porción notable del total de la inversión extranjera en España.

Para que nos hagamos una idea: Wanda es la primera empresa mundial en real estate comercial, el mayor propietario inmobiliario de Asia, la mayor industria cultural de China, el mayor distribuidor de salas de cine de Estados Unidos (donde acaba de invertir otros 3.500 millones de dólares más), la mayor compradora de productos culturales del gigante asiático, el mayor operador chino de hoteles y resorts de lujo y el mayor creador de empleo de toda Asia (146.000 puestos de trabajo por cada año).

Solamente con ver la posición de mercado de Wanda podemos observar hasta qué punto esta salida le puede costar más de un disgusto a España en su imagen frente a China. Un grupo con un volumen de activos de 75.000 millones de euros y una facturación de 34.000 millones de euros a cierre de 2014, el cual había elegido a España como puerta de entrada a Europa, es una muestra palpable del coste que tiene una administración sobredimensionada y extraordinariamente intervencionista.

Pero, a la vez, es también un ejemplo de política de comunicación inexistente y el arquetipo de compañía que tampoco se ha defendido ante ataques más que furibundos por parte de medios tradicionalmente anti-chinos.

Siendo muy preocupante la pasividad de España en sus relaciones con China -mientras Merkel u Hollande corrieron a coger un avión para entrevistarse con el Presidente Xi después de su visita a Londres-, no es menos relevante la necesidad de abonar el terreno por parte de los inversores extranjeros, máxime cuando los indicios apuntan a que alguna de las muchas Administraciones va a ser hostil al desarrollo de sus actividades.

En el caso de China, esta política de comunicación es imprescindible dado el "discurso oficial" instalado en muchos agentes de mercado, los cuales piensan que las empresas chinas están por definición muy endeudadas y que la segunda mayor economía del mundo va camino del colapso. Ante este panorama, en suma, la comunicación se convierte en un valor más que en alza para evitar el perjuicio económico que genera el abandono de un grupo tan importante como Wanda.

Javier Santacruz Cano es economista, socio de China Capital y profesor de IEB.

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