Washington y Tomjanovich: el puñetazo más duro en la historia de la humanidad

9 de diciembre de 1977. Un único golpe cambiará para siempre la vida de dos jugadores de la NBA. Pero qué golpe.

Tolo Leal

Fractura de cráneo. Fractura de mandíbulas y dislocación de la superior. Fractura del tabique nasal. Laceración facial múltiple. Conmoción cerebral severa. Pérdida de fluido espinal. Había que intervenir de inmediato. Era una cuestión de vida o muerte. "Es como si hubiera estampado el rostro contra el parabrisas del coche yendo a más de 80 km/h", comentó el doctor que le atendía, según relata magistralmente Gonzalo Vázquez en su libro ‘101 historias NBA’.

Unas horas antes a aquella dramática situación se enfrentaban los Lakers y los Rockets en el Forum. Partido tremendamente igualado. Tras volver del descanso, con un empate a 55 en el marcador, el encuentro apenas duró un minuto. Kevin Kunnert y Abdul Jabbar se habían enzarzado en una pelea en mitad de cancha –para regocijo de las televisiones-, y ahí comenzó el desastre. Aunque no serían los dos protagonistas negativos de la noche.

Muy cerca de ellos andaba Kermit Washington. El escudero perfecto de Abdul Jabbar. Nacido en Washington DC el 17 de septiembre de 1951, no fue la de Kermit una infancia cómoda ni mucho menos. Los continuos enfrentamientos entre su padre y su madre –aquejada de una enfermedad mental- terminaron en divorcio, y con Kermit y su hermano Chris deambulando por diferentes casas de familiares primero y de acogida después.

El baloncesto fue su refugio, cuando lo fácil entonces era caer en el mundo de las drogas y la delincuencia, como tantos amigos suyos. Trasladó a la cancha su carácter, entrega y agresividad. Siempre en beneficio de sus compañeros. Siempre en beneficio de su equipo.

No tardaría en destacar en la NCAA. Sus números le avalaban. Son muy pocos los que consiguen promediar a lo largo de toda su carrera universitaria 20 puntos y 20 rebotes por partido. Julius Erving, Bill Russell, Spencer Haywood o Elgin Baylor. Pocos más. Entre éstos, Kermit Washington.

Así que su salto a un grande de la NBA no se hizo esperar. Los Lakers le eligieron en el número 5 del Draft de 1973. Era el complemento ideal para Kareem Abdul Jabbar. Era un titular en un equipo que luchaba por el anillo. El sueño estaba cumplido.

Por su parte, Rudy Tomjanovich (Míchigan, 24 de noviembre de 1948), estaba considerado como uno de los mejores aleros del momento en la NBA, después de ser 4 veces All-Star, con una gran capacidad defensiva, pero a su vez capaz de promediar 20 puntos por partido.

El incidente

Volvemos a la tarde del 9 de diciembre de 1977. Volvemos al Forum. Después de toda una primera mitad dándose golpes, empujones, codazos… Kevin Kunnert y Kareem Abdul Jabbar se enganchan nada más comenzar la segunda parte.

Kermit Washington, como otros compañeros, se aproximó al foco de la pelea. Estaba poseído. Su relación con Kunnert no era buena desde hacía tiempo .Y aquella era la oportunidad perfecta para desatar viejas rencillas

Otro de los que se acercó al tumulto fue Tomjanovich. Lo hizo corriendo, con la idea de poner fin a todo ello. No llegó. "Corrí hacia ahí con las manos abajo, sin saber muy bien qué haría al llegar. No recuerdo nada más".

Lo que pasó fue que Washington, enfrascado en la pelea, vislumbró cómo una sombra roja se le acercaba por la espalda. Sin perder una décima de segundo se volteó y soltó un durísimo puñetazo a aquello que se acercaba. El Forum quedó mudo. Helado.

¡Está muerto! ¡Dios mío! ¡Está muerto! ¡Cómo ha podido ocurrir algo así!, clamaba el cronista del Times Ted Green. Los minutos siguientes parecieron horas. Rudy Tomjanovich yacía en el suelo, sobre un charco de sangre. "No te muevas", le señalaba Dick Vandervoort, técnico de los Houstron Rockets.

Kareem Abdul Jabbar, claro, estaba justo al lado. "No lo vi, pero sí que pude oírlo. Espero no volver a escuchar algo similar en toda mi vida. Fue terrorífico, como el ruido de un melón cayendo y quebrándose".

Minutos después, Rudy Tomjanovich era trasladado inconsciente en ambulancia hasta el hospital. Las heridas en la cabeza eran severas. Fractura de cráneo. Fractura de mandíbulas y dislocación de la superior. Fractura del tabique nasal. Laceración facial múltiple. Conmoción cerebral severa. Pérdida de fluido espinal... "Es como si hubiera estampado el rostro contra el parabrisas del coche yendo a más de 80 km/h". Fue operado de urgencia. A vida o muerte. Y salió bien. Por suerte para Rudy. Por suerte para Kermit.

Prolongación de la polémica

Pero todo lo que envolvía a aquella noche, a aquel puñetazo, no terminó ahí, ni mucho menos. El primero en avivar la polémica fue Jack McCloskey, segundo entrenador de los Lakers, quien llegaría a afirmar que había sido "el puñetazo más duro en la historia de la humanidad".

Los titulares de la prensa eran claros: Kermit Washington era un villano. Y como tal había que tratarlo.

Hasta que la NBA, quizá azuzada por todo aquello, sancionó al de los Lakers con una multa de 10.000 dólares (casi un tercio de su ficha), y un mínimo de 60 días de suspensión de empleo y sueldo. La mayor sanción conocida hasta la fecha.

Entonces las tornas cambiaron. "Podría haberle ocurrido a cualquiera", "fue una reacción natural", "chivo expiatorio", comenzó a publicar la prensa…

Lo que estaba claro es que desde aquel 9 de diciembre de 1977 la vida de ambos jugadores iba a cambiar para siempre.

Kermit Washington no volvería a jugar con los Lakers. Sería traspasado a los Celtics. Jugaría varios años más, en varios equipos más, pero sin llegar a alcanzar nunca el rendimiento previo al incidente. Recibía continuas amenazas e insultos racistas. La policía le recomendó que no pidiera nada en el servicio de habitaciones de los hoteles. E incluso su mujer, embarazada de ocho meses, se encontró con la negativa de su médico a verla simplemente por el hecho de ser la esposa de Kermit Washington, según se relata en Skyhook.

Tras su retirada trató de ser entrenador, pero tampoco le dejaron. No querían a aquel chico que había dado aquel puñetazo en ningún banquillo. "Ojala pudiera volver atrás. Dame una máquina del tiempo y jamás empezaría aquella pelea. Pero no puedo".

Parecía enderezar su vida cuando tomó la decisión de desplazarse hasta Nairobi, Kenia, para fundar la Project Contact Africa, una ONG con la que pretendía ayudar a los más necesitados del país y combatir el sida en África. Pero tampoco. Todo terminó siendo una asociación ilegal por la que hoy Washington cumple una pena de seis años de prisión por evasión de impuestos, robo de identidad y fraude.

Carrera de altibajos

Por su parte, Rudy Tomjanovich volvió a las pistas cinco meses después. Tendría que pasar por cinco operaciones en la cara y 117 ausencias hasta su retirada en 1981. Le sucederían años de alcoholismo, hasta que se centró en su carrera como entrenador precisamente de los Houston Rockets. Ganaría dos anillos en 1994 y 1995, además de un oro olímpico con la selección estadounidense en el 2000. Poco después se vería obligado a retirarse por un cáncer de vejiga.

En 2002, veinticinco años después de aquel puñetazo, el periodista John Feinstein se encargó de reunir a ambos con motivo de la publicación de su libro ‘The Punch’. "Cometí un terrible error. Pero no soy el delincuente que creyeron que era", declararía al respecto Washington. "La gente comete errores, y todo el mundo merece otra oportunidad. Yo no soy quién para juzgarlos. Él pidió perdón y en lo que a mí respecta, lo tiene", zanjaría Tomjanovich.

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