¿Cómo quedaría la Vuelta si no hubieran repescado a 93 ciclistas?

El jurado técnico se pasó por alto el reglamento y decidió repescar a 93 ciclistas que llegaron fuera de control por 25 minutos el pasado domingo.

Alfredo Somoza

El pasado domingo en la Vuelta a España se produjo un hecho insólito. En la etapa con final en Formigal, la más corta de esta edición, el infernal ritmo de salida impuesto por Alberto Contador, que tiró de clase para sacarse de la manga una emboscada genial que hizo añicos el pelotón en el kilómetro 6, terminó con la victoria de etapa del italiano Gianluca Bambrilla, con Nairo Quintana dando un gran paso para el triunfo final -sacó 2:42 a un Chris Froome que salió dormido y lo pagó muy caro-, y con 93 ciclistas llegando, de paseo, a 54:25 minutos del ganador, 25 minutos fuera de control -en una etapa de solo 135 kilómetros el límite estaba en 32 minutos-.

En una decisión vergonzosa, el jurado técnico de la Vuelta miraba para otro lado, se saltaba el reglamento y repescaba a los 93 ciclistas. Sin causas de excepcionalidad o de fuerza mayor, como reza el reglamento de la UCI. Les repescaron por la cara. Creando un precedente peligroso. Se justificaron diciendo que dejar fuera a 93 ciclistas sería perjudicial para la imagen del ciclismo quedando una semana de Vuelta.

Si las normas se hubieran cumplido, la ronda española tendría 71 corredores. Algunas escuadras, como el Sky de Chris Froome, se quedarían con los efectivos mínimos. Por ejemplo, el británico estaría solo, sin equipo, ya que todos sus compañeros llegaron fuera de control. Otros, como todo el Direct Energie y el Bora Argon18, directamente, desaparecían de la Vuelta, ya que todos sus ciclistas llegaron ese día a meta en el grupo de cola. Evidentemente, los espónsors no iban a permitir una sangría de dinero de esta índole. El dinero manda, incluso, por encima de las normas. Increíble.

Sin embargo, la decisión, sin duda, afecta a la carrera. Un Froome sin equipo, podría, incluso, perder el podio. En la etapa del lunes, con final en Peñíscola, los 13 primeros fueron repescados el día antes.

Drucker fue el ganador, aunque moralmente, la victoria fue para Chaves, que llegó 14º, el primero de los no repescados en cruzar la meta. Y es que el domingo, mientras muchos se dejaban la piel en el asfalto, otros se tomaban el día de asueto y recargaban pilas para el final de Peñíscola, donde estaba cantada una llegada masiva al esprint.

Un esprint que se vislumbra en el horizonte en las etapas llanas de este jueves y la última del domingo, donde es muy probable que se produzcan triunfos de alguno de los repescados. Contando con la de Drucker, serían tres victorias fantasma, de no ser por el capricho de los jueces. Tres victorias marcadas por los intereses económicos de los de arriba, que podrían dar la gloria a algún ciclista que el domingo no fue de paseo.

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