Wenger le niega el asiento a Mourinho

Durante la reunión anual que la UEFA organiza para los entrenadores en Nyon, el técnico del Arsenal protagonizó un nuevo desaire a Mou.

Alfredo Somoza

A José Mourinho el United le ha cambiado la vida. El matrimonio Mou-Red Devils va viento en popa. Ambos se necesitaban. En Old Trafford desde el adiós de Ferguson, el banquillo estaba vacío de un verdadero líder. Por su parte, el técnico portugués, tras terminar de manera abrupta sus dos últimos proyectos -Real Madrid y Chelsea-, ansiaba llegar a un club que le proporcionara estabilidad.

Mourinho, que ha formado un equipo a su medida, está feliz, relajado, irreconocible. Reparte abrazos y sonrisas entre sus colegas de profesión y en las ruedas de prensa, en ocasiones, hasta habla de fútbol.

En la reunión anual de técnicos organizada por la UEFA en Nyon -es un foro que se viene realizando desde hace 18 años y que tiene a Alex Ferguson como embajador, y en el que los técnicos comparten ideas, hablan de fútbol y cenan con un buen vino- Mourinho transmitía esa felicidad.

Reparte tanto cariño, prensa incluida, que entra el último en la sala donde Ferguson se dispone a dar el discurso de bienvenida. Entonces, como cuenta en exclusiva José Felix Díaz en el diario Marca, se produce un hecho insólito. Pocos asientos libres quedan. Atrás, Mou divisa uno. El portugués se acerca y pregunta a la persona que está al lado que si se puede sentar ahí. "No, aquí no es posible". La respuesta deja atónitos a los presentes. Esa persona, que niega el asiento a José Mourinho no es otra que Wenger.

Una enemistad que viene de años

Wenger y Mourinho son enemigos irreconciliables desde hace 11 años. En la temporada 2004/05 Wenger prendió la mecha hablando del Chelsea, criticando su estilo de juego -"el Chelsea de Mourinho pone en riesgo el deporte negándose a tomar la iniciativa"- y haciendo de gurú afirmando que los dos tropiezos de los blues ante el Everton y el Charlton, "minaría su moral y se resentirían".

La respuesta de Mou dejó tiritando a Arsene. "Creo que (Wenger) es una de esas personas que es un 'voyeur'. Le gusta mirar a otras personas. Hay algunos tipos que cuando están en su casa, tienen un enorme telescopio para ver qué están haciendo otras familias".

A partir de ahí, Wenger jamás volvió a mirar a los ojos al técnico luso. El cruce de declaraciones entre ambos ha sido constante. El último episodio se dio en la rueda de prensa de presentación de José Mourinho como nuevo técnico del United. "Hay entrenadores que hace 10 años que no ganan. Si yo tengo que demostrar, imagina ellos", en una clara alusión al técnico del Arsenal.

Wenger, más vinagre que nunca

El técnico del Arsenal, Arsene Wenger, vive sus momentos más delicados en sus 20 años como entrenador gunner. Las voces criticas se han multiplicado en los últimos años y el francés afronta está temporada con muchos hinchas mirando con lupa lo que haga su equipo.

Wenger lleva más de 19 temporadas impartiendo clases en la Premier League y sus más de 1.000 partidos con el Arsenal lo convierten en una leyenda que llegó para poner patas arriba los cánones del fútbol inglés. Aportó color, alegría y dinamismo a un juego que aún estaba instalado en el blanco y negro. Su abecé futbolístico cambió por completo el rumbo de la Premier League.

Bajo su batuta, los gunners cambiaron de casa. Atrás quedó el viejo Highbury, donde cabían 38.000 personas, sin asientos, y fue momento de dar la bienvenida al nuevo hogar: el Emirates, donde el conjunto del este de Londres se embolsa por cada partido como local un millón de libras. Sin embargo, no todo fue un camino de rosas. Reventó la burbuja inmobiliaria, se multiplicaron por tres los costes de la urbanización del nuevo estadio y el francés tuvo que comprometerse con los dueños del club a clasificar al equipo para la Champions durante cuatro años consecutivos y, al tiempo, vender a una de sus estrellas al finalizar cada curso futbolístico.

Durante años, la afición se lo agradeció, pero de un tiempo a esta parte le han pedido más títulos y menos beneficios, y han surgido voces muy críticas desde las gradas del Emirates. Y no sin razón. Desde hace dos años, con el presupuesto ya cuadrado, Wenger dispone de unos 80 millones de libras cada temporada para retocar la plantilla a su antojo. Llegaron jugadores de la talla de Özil o Alexis Sánchez, pero ahí se cortó el grifo.

Tras convertirse en una leyenda del Arsenal, el problema de Wenger es que no ha sabido reinventarse. Sus métodos de entrenamiento y su filosofía de juego son innegociables. Como parece que también lo es el hecho de caer por decreto en los octavos de Champions porque tu estilo de juego va como anillo al dedo a rivales tipo Barcelona o disponer una temporada sí y otra también de una lista interminable de lesionados.

Otro de los pecados de Arsene Wenger es el hecho de no saber aprovechar el mal momento de históricos como el Chelsea, el Liverpool o el Manchester United, fallando en los momentos clave. Por último, la cascada de mirlos blancos sacados de la chistera por el galo parece que comienza a menguar. Nada le sale bien al le professeur.

Las dos F.A. Cups conseguidas en las pasadas dos temporadas aliviaron su situación, enmascarando la realidad. La afición, que antaño lo idolatraba, comienza a estar muy quemada. La luz que iluminaba a los gunners, poco a poco, se va apagando. Esta temporada Wenger se la juega. Él lo sabe y su rictus lo delata. Wenger no está para bromas.

Wenger y Mourinho, hoy por hoy, el yin y el yang, el día y la noche.

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