Nueva Zelanda reduce su índice de mortalidad gracias al coronavirus

Nueva Zelanda ha visto reducidas sus cifras de mortalidad: un artículo médico analiza el porqué del éxito añadido a su victoria sobre la pandemia.

M. R. Martín

Uno de los países señalados por el éxito de sus políticas contra el coronavirus es Nueva Zelanda: ayudado por sus condiciones geográficas, aunque esta no ha sido la única clave, el país austral sólo ha registrado 25 muertos y 1.744 contagios confirmados desde el comienzo de la pandemia.

Su primera ministra, Jacinta Ardern, confinó al país cuando sólo se habían detectado 50 casos, con medidas que incluyeron el cierre de fronteras y de las actividades no esenciales y confinamiento de la población en sus domicilios. A la estrategia se sumó el rastreo y aislamiento rápido de los infectados y sus contactos. Como resultado, en junio el país dio por terminada la pandemia aunque se han seguido detectando casos aislados importados. La rapidez en actuar, sumado a la estrategia de test, el control estricto de fronteras y, por supuesto, el hecho de que el país sea una isla y la baja densidad de población contribuyeron a un éxito similar al vivido en otros países como Taiwan y Corea del Sur. Ahora, a esa buena noticia se suma otra: durante 2020, desde el inicio de la pandemia, la mortalidad en el país ha descendido respecto a otros años.

Un artículo publicado en la revista médica The Lancet compara la mortalidad en el país desde 2015 hasta ahora y subraya cómo en la semana 17 del año, la quinta desde que se pusieron en marcha las medidas contra el coronavirus, los fallecidos descendieron un 11% respecto a años anteriores, una tendencia que se ha mantenido todos estos meses. Por el momento no hay datos específicos sobre la causa de la muerte de todos los fallecidos este año, pero los investigadores señalan que el dato permite extraer varias conclusiones:

  • La mortalidad se mantuvo baja respecto a años anteriores durante el confinamiento y después, cuando las medidas se relajaron, es decir: la baja mortalidad no es solo atribuible a la menor actividad durante el confinamiento, que habría conllevado, por ejemplo, menos accidentes de tráfico o accidentes laborales.
  • La irrupción del coronavirus, a diferencia de lo ocurrido en otros países (como España), no ha supuesto una mayor mortalidad provocada por una congestión del sistema sanitario que haya conllevado retrasos en los diagnósticos, pruebas o cirugías.
  • Las medidas para prevenir el coronavirus han provocado la desaparición de otras enfermedades respiratorias contagiosas como la gripe o la neumonía. En España, los pediatras ya han avanzado que están empezando a ver lo que se ha vivido en el hemisferio sur, con la desaparición en la práctica del VRS, responsable de la mayoría de bronquiolitis, y de la gripe en los primeros días de incidencia en nuestro país, aunque aún hay que esperar a ver si la tendencia se mantiene en invierno.

Entre tanto, el país sigue tomando medidas contra la pandemia: además de comprar dosis suficientes para vacunar a sus más de cinco millones de habitantes de aquí a junio, la primera ministra ha anunciado que ayudará a sus vecinos a adquirir dosis con el fin de controlar al coronavirus en esa zona del mundo. Nueva Zelanda adquirirá en total 7,6 millones de dosis de la vacuna de AstraZeneca y otras 10,72 millones de la de Novavax, mientras que anteriormente había acordado la compra de 750.000 dosis de la vacuna de Pfizer/BioNTech y 5 millones de la de Janssen.

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