Plasma hiperinmune: la terapia que nació con la gripe de 1918 y que ahora salva a muchos de la UCI

Se probó en la "catástrofe" de la primera ola y sus buenos resultados han hecho que se siga usando con éxito para tratar a pacientes de coronavirus.

Mercedes R. Martín

La llegada de la vacuna contra el coronavirus se ve inminente pero aún quedan plazos que cumplir, autorizaciones que alcanzar y, sobre todo, lograr el ritmo de producción y distribución necesario para que llegue a todos. Por ello, científicos e investigadores están centrándose también en otras formas de curar la enfermedad, como antivirales o terapias revolucionarias como los anticuerpos monoclonales. Un arma muy antigua y al alcance de todos también se está revelando clave para tratar pacientes de coronavirus: el plasma hiperinmune.

Aquellos que enfermaron en la segunda ola y que podrían tener altas dosis de anticuerpos en su cuerpo están llamados ahora a colaborar con el Centro de Transfusiones de la Comunidad de Madrid, que ha emprendido una campaña para aumentar sus reservas de plasma hiperinmune destinado a tratar pacientes de coronavirus. El tratamiento consiste en suministrar al paciente de coronavirus plasma de una persona que lo ha tenido recientemente y que por ello conserva una alta cantidad de anticuerpos. Se trata de que el paciente reciba una "inmunidad pasiva", explica a LD la hematóloga Ana Arruga, que ayude a combatir la infección y que, en el caso del coronavirus, se ha demostrado especialmente eficaz en los pacientes en estados "más precoces", antes de que enfermen de gravedad, y en aquellos con alteraciones de la inmunidad, por ser oncológicos o inmunodeprimidos.

La terapia con plasma hiperinmune comenzó a experimentarse con otra pandemia, la de gripe de 1918, y desde entonces se ha empleado contra varios virus, entre ellos el ébola o los "primos" del SARS-CoV2, el SARS de 2002 y el MERS. Con la irrupción del coronavirus en marzo, hematólogos como ella en España y en otras partes del mundo apostaron por probar esta vía para curar a enfermos. Comenzaron a desarrollarlo en el Centro de Transfusiones de la Comunidad de Madrid, el lugar reconocido por Sanidad para "fabricar, producir y recoger" donaciones de plasma. "En un principio empezamos a abastecer de plasma a compañeros que hacían ensayos clínicos", es decir, grupos muy reducidos y controlados, "con unos requerimientos muy estrictos". Conforme pasaban las semanas y se revelaba la gravedad de la situación, Sanidad abrió la posibilidad de que el plasma se utilizara en "estudios observacionales", en los que el médico opta por utilizar los tratamientos que cree que van a beneficiar al paciente y que en la práctica suponía que cualquier médico pudiera reclamar plasma para tratar de curar a sus enfermos.

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Un donante de plasma | EFE

Ante "una catástrofe mundial" y una vez conseguidos los permisos, el centro se convirtió "en productor de plasma" abierto en la práctica "casi al cien por cien de la población y de los médicos". Cuando arrancaron apenas había stock y las donaciones fueron, sobre todo, de sanitarios, puesto que buena parte de los infectados ni siquiera estaba diagnosticado de forma oficial mediante PCR. Al final de la crisis, quedaron almacenadas 500 unidades de plasma y con ellas se entró en la segunda ola. Según Arruga, en esta ocasión muchos médicos optaron por el plasma tras la buena experiencia de la primera ola y desde el centro optaron por hacer un llamamiento para convocar a más donantes: enfermos recientes con más anticuerpos. Hay, además, otros centros de transfusión autonómicos recogiendo plasma hiperinmune.

En estos momentos el centro tiene unas 300 unidades de plasma listas para ser enviadas y otras 54 en proceso: tras la donación, el plasma se somete a un tratamiento que consiste en una "técnica de inactivación, que elimina el riesgo de transmisión de enfermedades infecciosas de todo tipo", y también se somete a "analíticas similares a las de la donación de sangre", para comprobar que no haya virus como el VIH o la hepatitis B, y se comprueba de nuevo que la cantidad de anticuerpos sea suficiente. Las unidades están a disposición de los 70 hospitales de la Comunidad de Madrid, aunque hasta ahora sólo lo han solicitado 24, y también se han cedido en alguna ocasión a otras autonomías.

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Plasma hiperinmune almacenado en Madrid | EFE

Las personas que hayan pasado la enfermedad recientemente y quieran donar tienen que cumplir una serie de requisitos: tener entre 18 y 65 años, pesar más de 50 kilos, presentar un buen estado de salud, no haber sido nunca sometidos a una transfusión y no haber estado nunca embarazadas. El motivo, según Arruga, es que el cuerpo de la mujer se expone durante la gestación a "antígenos extraños" de nuestros hijos y pueden formarse anticuerpos que provoquen en el receptor "una reacción adversa potencialmente grave".

El proceso de donación dura unos 35 minutos, durante los cuales una máquina separa el plasma de la sangre y devuelve el resto al donante. Aunque es más largo que una donación de sangre, "tiene la ventaja de que como sólo sacas plasma", el cuerpo se repone "muy rápidamente", señala Arruga. De hecho, se podría donar cada 48 horas aunque nunca más de 20 al año. En el centro, recomiendan venir como mucho una vez a la semana y hay donantes que han acudido hasta 14 veces.

El boca a boca está ayudando a que el banco vuelva a llenarse, aunque Arruga advierte de que aunque "están bien" por el momento, "pensamos que tenemos que tener más" para afrontar una posible tercera ola. En su intento ahora de buscar "al donante de la calle" contribuye también salir en los medios y la colaboración de la gente que "muchas veces también es donante de sangre".

Si quiere colaborar, puede escribir al correo donarplasma@salud.madrid.org con sus datos y teléfono para recibir una cita.

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