El mundo tras el coronavirus: "Ojalá tengamos una cierta normalidad en 2022"

La vacuna nos permitirá volver a una vida normal, pero no del todo. Así ven los expertos el futuro tras la irrupción del Sars-Cov-2.

Mercedes R. Martín

La segunda ola de coronavirus está disparando las cifras de contagios, hospitalizados y también fallecidos en toda Europa y se alerta de un otoño e invierno "muy duros". Muchos países están tomando más medidas restrictivas, anticipo, quizás, de nuevos confinamientos a imagen de los vividos en primavera. Todos miran a la vacuna (varias, entre ellas la que adquiriría España, están ya en fase de ensayo clínico) y a los nuevos tratamientos para una posible vuelta a la normalidad. Pero aunque algunos políticos le hayan querido poner fecha (Salvador Illa llegó a hablar de esta Navidad), aún es incierto cuándo tendremos acceso a una vacuna eficaz y segura y si, aunque la tengamos, será la garantía de que todo vuelva a ser como antes.

Algunos de los principales expertos del mundo, como Anthony Fauci, están pidiendo prudencia en los mensajes que se lanzan para no generar unas expectativas demasiado altas en la población. En un seminario hace pocos días en la Universidad Thomas Jefferson de Filadelfia, el director del Instituto Nacional estadounidense de Enfermedades Infecciosas dijo estar cada vez más seguro de que "vamos a necesitar un cierto grado de medidas de salud pública" tras la llegada de la vacuna: "No va a ser como con las vacunas de la polio o del sarampión, con los que cuando logras la vacuna todo está hecho; vamos a necesitar meses y meses de medidas de prevención". Seguirán siendo necesarias, avisó, tanto la distancia social con las mascarillas, al menos mientras se distribuye y se prueba su efectividad.

Christian Dorsten, virólogo del hospital Charité de Berlín y uno de los que más ha influido en la política germana contra el virus, declaraba hace unas semanas en la Deutsche Welle que en 2021 habrá vacunas pero la población no accederá a ellas hasta "final de año". "No dejaremos las mascarillas tan rápido", avisaba. La inmunidad, aun con una vacuna que funcione, tardará en llegar y buena parte de la población, indicaba, tendrá que protegerse.

Hemos preguntado a virólogos, catedráticos e investigadores españoles por sus vaticinios para los próximos meses en torno a la pandemia y coinciden en que la normalidad puede tardar más de lo esperado y que habrá cosas que no volverán a ser iguales, para bien, y para mal. Estas han sido sus respuestas.

Coronavirus: ¿cómo estaremos dentro de un año?

El catedrático de Microbiología en la Universidad de Navarra Ignacio López-Goñi augura unos próximos meses "muy duros" y un 2021 con varias olas de distinta intensidad cuya fuerza dependerá de cómo "vaya evolucionando el virus" y cómo vayamos "evolucionando nosotros", si adquirimos inmunidad y si van llegando las primeras vacunas. "Vamos a tener un año complicado en el que nos tendremos que acostumbrar" a que esto "va a durar".

José María Eirós, catedrático-jefe del Servicio de Microbiología del hospital Río Ortega de Valladolid, apunta que no puede descartarse "la existencia de una tercera ola" al final del invierno o principios de la primavera de 2021, "de menor entidad que las dos primeras".

Adolfo García Sastre, virólogo, director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergente e investigador en el hospital Monte Sinaí de Nueva York, tiene "gran esperanza en las vacunas" y augura que puedan empezar a "distribuirse en gran cantidad a mediados de 2021". "Una vez distribuidas, creo que volveremos a la normalidad: el virus seguirá circulando y habrá gente enferma que todavía necesite hospitalización y que incluso pueda morir, pero en menor cantidad".

La vuelta a la normalidad: ¿cuándo?

El virólogo del CSIC Esteban Domingo Solans insiste en que todo depende de la vacuna: "Si hay vacunas o tratamientos eficaces, que en este momento no se puede saber, sospecho que podría haber una vuelta muy cercana a la normalidad que teníamos hace un año en cuestión de tres a seis meses, tiempo aproximado necesario para que un número suficiente de dosis de vacunas y tratamientos estuvieran efectivamente disponibles para toda la población". "El tiempo dependerá de la naturaleza de la vacuna o tratamiento, su coste y cuellos de botella que limiten su producción y distribución".

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Toma de muestras para test rápidos en Italia. EFE

Raúl Ortiz de Lejarazu, profesor de Microbiología, virólogo y consejero científico del Centro Nacional de Gripe de Valladolid lo imagina más lejano: "Diría que dentro de un par de años o tres: ello dependerá de la coordinación internacional, de los esfuerzos de vacunación y de la efectividad y eficacia de las vacunas que aparezcan". "Los humanos solo tenemos experiencia en haber erradicado una sola enfermedad infecciosa, la viruela. Si se repasa cómo se logró, se ve que fue resultado de la conjunción de tres factores: un reservorio exclusivamente humano, síntomas clínicos típicos fácilmente reconocibles y una vacuna protectora y esterilizante casi de por vida. Eso permitió la detección de casos sin necesidad de diagnóstico de laboratorio y un esfuerzo mundial de vacunación global sin precedentes, liderado por la OMS. Por contra, no conozco una sola enfermedad de transmisión respiratoria (vírica o bacteriana) que hayamos conseguido erradicar con vacunas protectoras y esterilizantes de larga duración", apunta Lejarazu, poniendo como ejemplo la tosferina, "una enfermedad antigua, con una vacuna protectora pero no esterilizante, que tenemos que seguir vigilando y manteniendo altas coberturas de vacunación para que no aparezcan casos o brotes". "Los microorganismos de infecciones respiratorias tienen mecanismos complejos de convivencia con sus huéspedes y esta es la primera y única pandemia que padece la humanidad causada por un coronavirus, tendremos que convivir con él mucho tiempo hasta que lo domestiquemos. Los países que antes lo entiendan y adapten mejor sus sociedades a esta realidad remontarán mucho mejor esta situación".

López-Goñi le pone fecha: "Ojalá sea en 2022", entendiendo la vuelta a una "cierta normalidad" la celebración de "reuniones masivas" y "grandes celebraciones" y la vuelta de los "viajes internacionales con una frecuencia como la teníamos antes". Eirós señala que la normalidad sólo llegará cuando "la inmunidad natural pueda ser importante".

Mientras, Inés Muñoz, jefa de la Unidad de Cristalografía e Ingeniería de Proteínas del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y una de las responsables de una investigación puntera sobre anticuerpos y coronavirus, no ve una vuelta a la normalidad "en el corto plazo" aunque subraya que "gracias a los avances científicos somos capaces de desarrollar estudios en un tiempo muchísimo más corto y es un hecho que nos está ayudando a progresar de manera inimaginable hace unas décadas".

¿Qué cambios han llegado para quedarse?

La normalidad, según Lejarazu, será "ligeramente diferente pero no excesivamente distinta a la de ahora, en el sentido de que las sociedades "tendrán que seguir observando precauciones básicas para evitar los contagios y brotes futuros de la covid-19". "Conseguir una adaptación del virus a los humanos es un proceso lento y complejo. Este es un virus totalmente nuevo para la especie humana. Sus primos (otros coronavirus endémicos, 229E, OC43, NL63 y HKU1) aparecieron siglos atrás. Según los informes de secuenciación e investigación filogenética algunos de ellos pudieron aparecer entre los humanos hacia el año 1200, 1800 y 1900 y ahora son virus estacionales. Dependiendo de su efectividad, las vacunas podrán cambiar ese escenario, pero será necesario que sean capaces de proteger al menos de la enfermedad grave y mantener una inmunidad protectora de duración superior a un año". Aun así, tendrá que seguirse manteniendo la vigilancia sobre el virus en un mundo "mucho mejor comunicado e interrelacionado que 100 años atrás". "Si el mundo no logra contener al virus SARS-CoV-2 en todas las naciones, seguirá entre nosotros".

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Control en la estación de Valladolid. EFE

Algo similar opina López-Goñi: se observará más la higiene, el lavado de manos se hará más frecuente y se hará más habitual mantener la distancia social y llevar mascarilla "cuando uno está enfermo", una cultura "que tienen más asumida los asiáticos" y que debería entrar dentro de la educación sanitaria. "En invierno se adoptarán esas medidas básicas para protegernos y proteger a otros; esa mentalidad ha venido para quedarse", apunta. Eirós también considera que "el lavado frecuente de manos" quedará incorporado en los hábitos de mucha gente.

Otro cambio de nuestro día a día que perdurará es, según Domingo Solans, el trabajo telemático, algo en lo que coincide con Lejarazu, que augura más planes de contingencia en las empresas y actividad semipresencial y cambios en la enseñanza colegial y universitaria. Domingo Solans confía en que esta pandemia sirva como "toque de atención general para evitar el contacto masivo de humanos con animales vivos como ocurre en mercados muy populares, por ejemplo en Asia". "Este problema ya era conocido antes de la pandemia con motivo del salto de la gripe aviar a humanos. La pandemia covid-19 acentúa la evidencia de que los animales son potenciales portadores de enfermedades víricas emergentes", por lo que sería de esperar una nueva legislación o recomendaciones para "minimizar contactos masivos ente animales y personas". Lejarazu, mientras, espera que la pandemia sirva para que la población aprenda a usar la mascarilla "en los sitios importantes" y en el futuro "no seamos de los pocos países del mundo que ha borrado la sonrisa y una parte de la empatía gestual con la mascarilla obligatoria por ley en cualquier sitio. Nuestros niños tienen derecho a ver un mundo de caras más expresivas en lugar de epsilones agestuales enmascarados".

Sastre, por su parte, confía en que "se invierta más en estar preparado para responder a la próxima pandemia, tanto en el sector hospitalario, como en el de salud pública y de ciencia. Pero, por desgracia, la memoria histórica suele ser muy corta, y no estoy seguro de que esto suceda", afirma. Muñoz destaca, por último, cómo la sociedad ha tomado conciencia de la importancia de los avances científicos: "Hasta ahora nunca había visto a la gente tan interesada tanto en el conocimiento del virus como en la evolución de los tratamientos".

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