Seriemente

'Revolution': A mí no me llames más, J.J Abrams

Se avecina tormenta, amigos. Hoy toca hablar del nuevo megaestreno chupiguay de J.J Abrams, Revolution, y yo no sé cómo hacerlo sin que se me abran las carnes del despotrique. No sigan leyendo si veneran al personaje, o si les ha encantado el piloto. Si desobedecen la recomendación, procuren insultarme con estilo. Porque no es sólo que los dos capítulos de la serie que me he tragado no me hayan gustado: es que me he hartado.

A propósito de lo que estoy a punto de hacer -criticar, así, sin más- decía Alberto Rey el otro día que meterse con Revolution y J.J se había convertido en ‘deporte nacional’. Y no le falta razón. Porque hay que asumir como masoquismo absoluto sentarte a ver algo de un tipo que te ha decepcionado tan numerosas veces.  AlcatrazUndercovers… Muchos dirán eso de “Mujer, si ya sabes que no te gusta, pasa de él, ¿no?” Sí señores, este sería el proceder lógico de alguien que goza de salud y coherencia mental. Aunque me lo prometa a mí misma bodrio tras bodrio, al final siempre vuelvo. Porque J.J Abrams es como mi amor de juventud. Ya saben, esa historia pasiva-agresiva a la que acabas volviendo porque te proporcionó dignos momentos de placer en el pasado, acudiendo a él con ganas de revivir lo que fue … Y, como dice Sabina, al lugar donde has sido feliz
no debieras tratar de volver. Y así pasa.

Que, seducida por el fuegos de artificio de la campaña publicitaria de cada nueva criatura de J.J. Abrams, irremediablemente, me acabo sentando ante el sofá. Trato de vislumbrar algún destello de esos momentos gloriosos que me dieron Alias o Lost, de recuperar sensaciones. Es como una llamada del citado novio del instituto, que acaba reblandeciendo tus defensas con la baza de la nostalgia, y al final le das una oportunidad. Y allí que vas, dispuesta a revivir lo bien que lo pasábais, rememorando esa intensidad. Te las prometes felices. Pero el tipo en cuestión sigue anclado en esa edad en la que os perdisteis la pista, en un estado de perpetua fascinación por Kafka y la marihuana, sin ningún chispazo de evolución o madurez. Y que te hablen ahora de Historias del Kronen como de una obra cumbre, o te toquen la guitarra, te deja una cara de estúpida avergonzada de sí misma difícil de desencajarse. Y en el fondo, sabes que la culpa es tuya, porque no deberías haber ido, porque el tipo trata de perpetuar lo que en otro día le hizo atractivo y ahora sólo le convierte en un adulto alopécico estancado en los 17, con los pantalones cagados y que sigue creyendo que triunfará en la música o que será el nuevo Bukowski. Pero también te cabreas con él porque no ha sabido evolucionar, qué narices.

Igualito que con Jota Jota.

Si ahora me pusiera a revisar Lost o Alias, renegaría de haber disfrutado en algún momento con ellas. Porque lo que en su momento me satisfizo como novedoso o rompedor, ahora se revelaría pueril y superficial. Infantilón. Asumo mi parte de culpa, y me flagelo convenientemente por acudir donde no debí volver, buscando que Abrams me entretuviera con sus series como si nunca hubiera visto The Wire, Breaking Bad o A dos metros bajo tierra. Pero, digo yo, que en el reparto algo le deberá tocar al bohemio de J.J, ¿no? Que en algún momento alguien debe decirle que lo de producir series como si fuera una churrería, con una pasta grasienta y prefabricada, no va a colar siempre.

De cómo Jota Jota se tiró el rollo

Vayamos al meollo: ¿Qué problema tengo con Revolution? La serie, como todas las del amigo, tiene un buen punto de partida: En nuestro mundo hipertecnologizado de iPads, iPods y pantallas planas a cascoporro, de repente un día, todo se apaga. Clic. Adiós electricidad y agua corriente. En esta postapocalipsis quince años después, los supervivientes salen adelante sin Internet ni cosméticos, ignorando quién o qué ha provocado el apagón… Porque pronto sabemos que sí que ha sido alguien, y que además, tiene una llavecita muy molona para volver a conectar todo. El misterio está servido.

A partir de ahí, J.J Abrams se pone a encadenar despropósitos,  y es un no parar. Porque ya hace tiempo que el bueno de Jeffrey Jacob crea las series en piloto automático, creyéndose que ha encontrado la fórmula mágica para hacer series triunfonas, engarzando sus piezas como en una cadena de producción de coches o lavadoras.

Como hacía brillantemente Cristian Campos para diseccionar la fallida Prometheus,  imaginemos ahora cómo pudo ser (o no) el proceso de creación de Revolution, en conversación directa de cualquier responsable de Bad Robot (su productora) y nuestro carismático J.J.

BR: Jota Jota,  necesitamos otro éxito para los domingos, ¿Tienes algo en mente?

J.J: ¡Pero si os acabo de hacer Alcatraz! Y me quedaban mogollón de misterios que abrir que no tenía ninguna intención de resolver pero que iban a ser la leche. Además, ya estoy preparando una de jóvenes con poderes, que es una cosa hipernovedosa que sorprendentemente nadie ha tratado.

BR: Ya JJ, pero Alcatraz no ha terminado de funcionar. Era un producto demasiado elitista, ¿sabes? No todo el mundo lo entendía. Pero tú no te preocupes, que esto les pasa a todos los revolucionarios, que sois unos incomprendidos. En unos años la adorarán como serie de culto. Pero mientras tanto, necesitamos algo más que nos haga levantar cabeza: ya sabes, sentar en el sofá a toda la familia, vender mucho merchandising… Venga, seguro que algo te ronda esa cabecita…

JJ: Cómo me conoces, bribón. Que no me canso de crear. Vale, no hay problema. Mira, se me ocurre una serie en la que de repente se vaya la luz del mundo y haya que vivir como en las cavernas.

BR: ¿Y?

JJ: Pues que en realidad la luz no se ha ido, sino que hay alguien  que lo ha apagado todo. Y que les tiene a todos ahí viviendo como salvajes, y que tiene llaves para volver a reactivarlo todo, pero ellos no lo saben. Es una gran conspiración. Brillante, ¿eh?

BR: ¿Y quien es ese malvado? ¿Para qué corta la luz?

JJ: Bah, ni idea, ya lo iré pensando. Pero va a molar mucho porque mientras voy abriendo secretos, le iré soltando a la gente reflexiones muy sesudas que se me ocurren a mí cuando me pongo filosófico por la noche: por ejemplo, que la tecnología nos conecta pero también nos deshumaniza, al disminuir el contacto con nuestros semejantes.  Ahí hay un tema.

BR: No está mal, ¿eh? Pero hay algo que no me convence… Un montón de gente con el pelo sucio viviendo en la selva del trueque, no sé yó…

JJ: Qué va, escucha: además, también meteré un rollo de guerra de bandas, entre los que han sobrevivido al apocalipsis. Y milicias. Y esclavos. Habrá unos malísimos, que irán por ahí en plan secta matando gente y tal, y otros super buenos que quieren salvar el mundo y ser felices. Y hostias. Habrá muchas hostias ahí entre ellos. ¿Y qué  narices dices de ir sucios? ¿Acaso en Lost se les marcó alguna vez un cerco de sudor? ¿Un pelo fuera de su sitio? ¿un ojo sin delinear? Pues eso, confía en mí.

BR:  Vale, vale. Acción, intriga, misterio, conspiración y apocalipsis. No está mal.

JJ: ¡Y también habrá amor y conflicto generacional! Podemos meter por ahí, no sé, una historia de tensión sexual ente una jamona que las chicas imiten y los tíos veneren, y un mocito que saldrá en los póster de todos los adolescentes. Además, la chica se llevará mal con su familia, para reforzar el componente empático. No, aún mejor: su padre se va a morir y su madre está desaparecida, ya la sacaré cuando me apetezca.  Tampoco va a tener hermano: le van a secuestrar los malos.

BR: ¿Y entonces? ¿Me puedes decir con qué familia se va a llevar mal?

JJ: Pues le endilgamos una madrastra que quiere ser maja pero a ella le cae mal. Que esté buena, también. ¡Ah! Y un tío también, un hermano de su padre que no conoce, y que al principio no la quiere pero luego sí.

BR: Pero todo este culebrón te va a costar un montón de capítulos desarrollarlo, ¿no? No sé si tenemos tiempo…

JJ: ¡Qué va! Menos es más: todo en uno. En el primer capítulo se verá que se lleva mal con su padre justo antes de  cargármelo, escondo a la madre, le planto a la madrastra, busca al tío y le encuentra, la rechaza y luego la quiere, y se queda sin hermano. Y me sobran minutos.

BR: Y el amor, no te olvides del amor.

JJ: Sí, eso corre de mi cuenta, no te preocupes. En el primer capítulo se va a enamorar y la van a traicionar también. Una historia de amor en cuatro minutos, ¿ves? otro concepto nuevo. Su enamorado llevará un arco, que me moló de no sé que película que he visto este año.

BR: Esto me gusta, va tomando forma. Pero oye, cuéntame más del resto de personajes, que la chica me convence.

J.J: Pues mira, todos tendrán secretos que esconder. Nadie es lo que parece: todos harán cosas raras que nadie entenderá, y así les tendré a todos intrigados. Y el tío de la chica va a molar mucho: porque va a parecer que tiene superpoderes, o que es ninja, no sé. Va a ser muy bruto, el tío. Ah, también habrá un gordito simpático, eso siempre le da realismo a la cosa.

BR: ¿Pero qué van a hacer durante el capítulo? ¿Pelearse?

J.J: No, mira, yo lo planteo todo como un viaje.  La chica, su tío y la madrastra tratan de recuperar al hermano secuestrado, que lo tiene el malo malísimo, que además ha matado a su padre. Pero el chaval se ha escapado, y el malvado también tiene que volver a cazarle, y manda a muchos sicarios y tíos duros. Pero es que el malísimo –que era colega del padre de la chica- también quiere cazar al tío de la chica, por lo que en la búsqueda del hermano tienen que tener mucho cuidado para que no los cacen.

BR: Bueno, si tú te aclaras, yo no tengo problema. Pero tengo una pregunta: ¿Para qué quieren coger al tío de la chica?

J.J: Pues porque creen que sabe algo de cómo volver a conectar la electricidad.

BR: ¿Pero no era el malo malísimo el que había apagado el interruptor y tenía  la llave para reconectarlo?

J.J: No, ese va a ser otro malo. O él mismo, no sé, ya lo iremos viendo, no te preocupes. Yo creo que podría ser el padre. El malo más malo que el malo malísimo.

BR: ¡Pero si el padre has dicho que estaba muerto!

J.J: Ah, ya. Pues metemos flashbacks para que salga. O podríamos resucitarle. O hacerle un doble. O quizás, nunca estuvo muerto. No, ¡ya sé! Es robot. ¿Eso molaría, verdad? Podría meter referencias a Asimov y…

BR: Bueno, tu pásamelo a limpio que empezamos a rodar pasado mañana.

J.J: Va a ser la serie definitiva. La fusión de todos los géneros. ¿Terminamos de perfilar con unas cañas?

Creo que te ha quedado claro, J.J: a mí no me vendes más humo. No me llames más, porque la próxima vez no iré. Y esta vez, de verdad.

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