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Regresa 'House of Cards' con Kevin Spacey

14 de febrero, día de los enamorados. Momento de intercambiar presentes con sus parejas, si la tienen. Aunque también es el día en el que la plataforma digital Netflix pondrá a disposición del público los 13 episodios de la segunda temporada de House of Cards, una de las series estrella de la pasada temporada. Y para el matrimonio Underwood interpretado por un magistral Kevin Spacey y una elegantísima Robin Wright, qué el mejor regalo que el poder.

La adaptación de la novela del británico Michael Dobbs se convirtió, en manos de David Fincher y su protagonista Kevin Spacey, en una suerte de Breaking Bad en la Casa Blanca. Su protagonista, el congresista Frank Underwood, emprende un plan de venganza contra sus adversarios en los pasillos de Pennsylvania Avenue que deja todo un reguero de consecuencias políticas. Como Walter White, un antihéroe cruel y sin remordimientos. Pero a diferencia suya, Underwood ostenta el poder desde el minuto uno de la producción.

Aunque no faltó quien señaló que la serie sufría con la traslación de Reino Unido a EEUU, debido a las diferencias políticas entre un país y otro, la elegante y oscura puesta en escena y paleta cromática de David Fincher, director de Seven y Zodiac (por cierto, si la han visto vuelvan a hacerlo: gana) y la alegre maldad desplegada por Spacey solucionan la papeleta con creces. La serie, además, se convirtió en un evento por razones bien distintas, dado que no se emitió por televisión sino online, por streaming, y a cambio de la consiguiente suscripción. Nuevas vías, nuevas posibilidades, 13 capítulos de una tacada. ¿Tiene el cable las horas contadas? La respuesta es sí.

Una de las cosas que más me llamaron la atención de la serie fue que su protagonista parece pasar las noches en vela tras jornadas maratonianas, jamás duerme. Spacey lo interpreta como si realmente no le hiciera falta: guiñando un ojo al espectador, despliega su encanto con acento sureño con sus interlocutores, pero sólo conocemos sus intenciones cuando se vuelve hacia la cámara para revelarnos sus secretos, hacernos cómplices de su plan de dominación. La mejor broma del show no es convertir al villano en protagonista, sino hacer que éste por fin trabaje parapetado tras el discurso demócrata y no el republicano, ya saben: energías limpias, escuela pública, etc etc. Puede que hayamos visto antes a Spacey en una maléfica carrera hacia el mal (hablemos claro: este tipo nunca ha tramado nada bueno, salvo en ésa que hacía de alienígena) pero la elegante puesta en escena y el persuasivo trabajo de dirección y guión nos envuelven.

Pero me voy por las ramas. Mi intención era sólo dejarles el tráiler recién sacado del horno de la segunda temporada de House of Cards. “Cazar o ser cazado”.

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