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Los otros Obama: Presidentes de EEUU en la pequeña pantalla

Se pongan como se pongan, Barack Obama no fue el primer presidente negro. Acabemos con la farsa. En la realidad paralela de los seriéfilos, ese título corresponde a David Palmer (24) y para los cinéfilos a Douglas Dilman (The Man). Ya saben que Hollywood adora el Despacho Oval. Mientras que sólo 44 tipos han dirigido el mundo libre desde 1789, la factoría cinematográfica ha retratado más de un centenar de presidentes de EEUU. Como hagiografía, luchando contra los marcianos o dando puñetazos en el Air Force One, la realidad es que el hombre más poderoso del mundo ha sido un imán para la cinematografía desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, en las series es otro cantar. En esta semana de resaca electoral, y con el presidente real ya metido en faena, nos planteamos un periplo por los presidentes ficticios que han ocupado la Casa Blanca en la pequeña pantalla, con historias menos atrevidas que las de su hermana mayor, pero igualmente apetecibles.

Pocos, pero variados: presidentes negros, mujeres, malvados, sobrevenidos, latinos o inútiles. En ocasiones, la ficción televisiva ha ido varios pasos por delante de la realidad; adelantando lo que estaba por ocurrir en el 1.600 de la Avenida de Pennsylvania. Estos son algunos de esos POTUS, y estas son sus historias.

Presidente Jed Bartlet (El Ala Oeste de la Casa Blanca). Ni supermán, ni el macizo de Arrow, ni Papá pitufo. Si me preguntan que personaje de ficción me traería a la realidad, no lo dudaría ni un segundo: Ave, presidente Josiah Edward, a ti me rindo Jed Bartlet. El líder más carismático del mundo libre, con una cabeza providencial para el almacenaje de datos aparentemente inútiles. Sorkin nos lo diseñó para amarle –aunque en principio no estaba llamado a protagonizar la serie- y nosotros no tuvimos más remedio. Endiabladamente inteligente, mordaz, tierno, socarrón, temeroso de Dios y progresista hasta la médula. La idealización del presidente perfecto que, en el fondo, sabemos que no soportaríamos en la vida real. Pero el trono no puede ser para otro. Let Bartlet Be Bartlet y no tendrás más remedio que votarle.

Presidente David Palmer (24). A punto estuvo Sidney Poitier de protagonizar El Ala Oeste de la Casa Blanca, y le habría arrebatado el ¿mérito? de ser el primer presidente negro a David Palmer. Pero llegó 24 y nos regaló este personaje afable hasta el extremo, que debió hacer algo imperdonable en otra vida para que le tocara una existencia tan desgraciada en la pantalla. Secuestros, intentos de asesinato, esposa psicópata, hijos problemáticos, puñaladas a tutiplén…muchos han visto en el personaje ecos de Lincoln, pero el mandato de Palmer supuso más una fusión entre el culebronaco y el thriller político. Una pérdida trágica e irreparable que no pudo evitar ni Jack Bauer.

Presidente Charles Logan (24). Si Palmer era Lincoln, Logan no podía ser otro que Nixon. Posiblemente, el presidente más malvado que ha ocupado la Casa Blanca, se convirtió en mi villano favorito con su cobardía y su ruindad. Tras la candidez de su predecesor, el mandato del exgobernador de California nos proveyó de un personaje menos naif, y a mi juicio (me pirran los malvados, qué le vamos a hacer) mucho más interesante. ¡Por fin el hombre más poderoso del mundo fue capaz de matar!

Presidenta Mackenzie Allen (Sra. Presidenta). Si la realidad calca a la ficción, la primera presidenta de los EEUU lo será de rebote. Como Geena Davis. En la miniserie de ABC, la lideresa del mundo libre llega al despacho Oval por la repentina muerte de su antecesor, que le deja un panorama de lo más complicado: ni sus colaboradores, ni el Congreso, ni su familia la apoyan. Pero a wonderwoman Davis le resbala todo, y decide dirigir el país sin pertenecer a ningún partido (típico), y convencer a su molesta familia de que también puede ser madre del año. Le valió el Globo de oro, pero yo siempre me fijé más en Donald Sutherland.

Presidenta Laura Roslin (Battlestar Glactica). Si, vale, en rigor la Roslin fue la presidenta de “las 12 colonias”, pero a todos los efectos era la líder del mundo libre y tal. La cuestión es que tampoco a esta la votó nadie, y su llegada al poder sería algo parecido a que el Conde Lequio se convirtiera hoy en Rey de España. Pero coló, oiga. Pasó de Secretaria de Educación a mandamás, en un giro sólo posible en la ciencia ficción.

Presidenta Caroline Reynolds (Prision Break). Está visto: si quieres llegar a la presidencia de EEUU siendo mujer, o te toca una carambola como la de Roslin o Allen, o tienes que mancharte las manos. Y esto es lo que hace exactamente la vicepresidenta Reynolds, que no tiene ningún escrúpulo en matar al inquilino de la Casa Blanca para sentarse ella en el Despacho Oval. Con La Compañía echándote un cable, cualquiera. Tan mala ella como la deriva de la serie.

Presidente Elías Martínez (The EventSi, a punta de pistola, me pidieran que dijera algo positivo de aquella patraña que fue The Event, no me esforzaría mucho en pensar. Al menos, ese fracaso de la NBC nos trajo el primer presidente buenorro de la pequeña pantalla. El presidente de ébano me hizo tragarme más capítulos de los que debía, pero ni por esas. Guaperas y blandito, le venía grande hasta la conspiración extraterrestre que no había por dónde coger.

Presidente Samuel Arthur Tresch (Mr.President) Si nunca han oído hablar de la comedia de la Fox Mr. President, es por algo. La serie merece pasar al olvido tanto como su protagonista (el estupendo George C. Scott) ser rescatado del olvido. Aunque no fue el mejor de sus trabajos, salvó de la quema esta producción sobre el Presidente Samuel Arthur Tresch que lidiaba con la huída de la Primera Dama. Comedias que provocan llanto, de ese género hablamos.

Presidente Robert McCallister (Jack&Bobby). Y aquí llega el presidente sui géneris de la lista. La menospreciada Jack&Bobby, retrataba la vida de dos hermanos  y adolescentes, uno de los cuales sería el presidente de EEUU en 2049. A modo de flashbacks-documental íbamos conociendo cómo fue la adolescencia del hombre más poderoso del mundo, marcada por Grace, una madre de las que piden a gritos un spin-off. Serie que merecía ser vista por mucho más que cuatro gatos, y que a pesar de eso aún agradecemos a Greg Berlanti (de la maravillosa Everwood).

Presidente Fitzgerald Grant (Scandal). Vale, que ya sabemos todos que Shonda Rimes es una petarda. Y que sus series no tienen ni pies ni cabeza. Y que es una envidiosa que odia profundamente a las actrices bellas. Pero, aprovechémonos de que esta inquina no la tiene con los varones, y disfrutemos de otro presidente de los EEUU que se rompe de guapo: Fitzgerald Grant, un estupendo Tony Goldwyn. Desde Bill Clinton, nunca el Despacho Oval volvió a inundarse de tamaña tensión sexual y sicalípticas situaciones. Pendenciero, de bragueta floja e irremediablemente atractivo: así es el presidente de Scandal. Para todo lo demás, pónganse otra serie.

Presidente Matthew Santos (El Ala Oeste de la Casa Blanca). The West Wing abre y cierra este círculo. Para mí, el  mejor sucesor de Bartlet que pude imaginar. Alumbrado a imagen y semejanza de un Barack Obama que por aquél entonces aún fantaseaba con la Casa Blanca, la evolución del tejano fue de lo más apasionante de la serie. Siempre nos quedarán las ganas de saber cómo habría sido la administración del Obama televisivo.

No, no crean que me he olvidado de los presidentes reales cuyas vidas han sido llevadas a la pequeña pantalla: Los Reagan, Jhon Adams, The Kennedys … Pero las adaptaciones son harina de otro costal. Tampoco puede pasar sin mencionarse los presidentes “fantasma”, aquellos que sabemos que existen, pero nunca salen en pantalla, en casos como Veep o Homeland. ¿Dónde narices se supone que están?

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