Seriemente

Las mejores series de 2013

Sí, esto es otra lista de las mejores series del año. Y además, viene con instrucciones de uso.

  • No es una lista especializada. Para eso acudan a la de la Asociación de Críticos de TV, la de TIME o qué se yo, la de The Guardian.
  • “Te has olvidado de tal serie”. No, probablemente no. Habrá algunas que no estén ni en lo peor ni en lo mejor y no solo por la maravillosa escala de grises existente. Puede que incluso no la haya visto.
  • La lista es de 2013. Sí, puede parecer absurdo recordarlo, pero insisto: De 2013, emitida o estrenada en este año. Así que NO, no va a salir The Wire.
  • “No hay casi comedias”. No las considero un género menor, la explicación es mucho más simple: este año se han estrenado un porrón de despropósitos que vamos a tener que olvidar de algún modo. Lo mejor es fingir que nunca ha ocurrido.
  • “Hay muchas series peores que esas que has colocado en lo peor”. Claro, pero es que decir que The Millers o The Carrie Diaries son malas tiene el mismo mérito que criticar la calidad de las bragas del mercadillo. Vamos a intentar ir un poco más allá.
  • “No hay series españolas”. Ni tampoco suizas, ¿y?
  •  ”Esto es muy subjetivo y el autor demuestra no tener ni idea”. Exacto.
  • No, yo tampoco creo que el mundo necesite otra lista de las mejores series. Puede solucionarlo, simplemente, no leyéndola.

Breaking Bad

Si usted es uno de los afortunados que aún no se ha introducido en el universo de la meta azul y Walter White, ha debido pasar un año estupendo esquivando a esta legión de fans que hablamos de Breaking Bad con una mano en el corazón y la otra apuntando al cielo. ¿Es para tanto? Sí, rotundamente sí. La quinta y última temporada ha terminado de elevar al Olimpo de las series esta producción de AMC que ha dejado sin uñas a la mitad de ejecutivos de HBO. Así que, si esta lista pretende tener algún sentido, debe empezar por Breaking Bad y ese maravilloso final en tres tiempos que aún nos tiene echándola de menos. Y me temo que será así por mucho tiempo, pero tenemos Ozymandias para ver en bucle hasta que deje de doler.

Ray Donovan

Violenta, adictiva y buena a rabiar. La serie protagonizada por Liev Schreiber y Jon Voight ha sido una de las sorpresas de la temporada, de la que esperaba poco y ha acabado siendo un placer en todos los sentidos, amén de la salvación de Showtime tras la caída en desgracia de Homeland. La vida privada de este solucionador de problemas – una versión blanca y en chulazo del Sr. Lobo de Pulp Fiction- nos sumerge de lleno en ese atractivo y oscuro Hollywood soleadísimo, llenito a reventar de crimen, vicio y muchas cosas buenas más. Doce capítulos que pasan como un suspiro y que nos dejan con ganas de más.

The Americans

No era, ni mucho menos, el gran estreno de la temporada. Con grandes nombres como Kevin Spacey o Kevin Bacon volviendo a la pequeña pantalla y Fincher o Alan Ball estrenando producciones, pocos ojos estaban puestos esta serie de FX. Pero así, con escaso bombo y mucha calidad, la serie protagonizada por Keri Russell y Matthew Rhys se ha encumbrado como una buena serie que no se cree más de lo que es. La historia de estos dos espías durmientes en la era Reagan tiene un desarrollo lento pero certero, de los que apuntan directos al estómago. Thriller político, drama familiar y por si faltaba algo, Margo Martindale poniendo la guinda. Ni la avinagrada Russell ni los pelucones de Rhys han conseguido aguarme el festín: Los Jennings son mi pareja del año.

Masters of Sex

Quizás he dicho demasiado rápido lo de la pareja del año. Porque yo empecé a ver Masters of Sex exclusivamente por el protagonismo de Michael Sheen -cada uno tiene sus fetiches- y acabé fascinada por esa Lizzy Caplan completamente arrebatadora. Ambos consiguen elevar una serie simplemente buena a una categoría superior, más que suficiente para entrar en el ranking de lo mejor del año. La adaptación de la la historia de los doctores William Masters y Virginia Johnson ha arrasado en EEUU, donde sus estudios sobre la sexualidad revolucionarion los años sesenta. Aunque puede que una innecesaria segunda temporada acabe malogrado el buen sabor de boca que deja la primera.

Boardwalk Empire

A los que decís que la serie de Nucky Thomson os aburre no os juzgo, pero por favor pasad al siguiente punto. Porque como Boardwalk Empire siga haciéndolo tan rematadamente bien no me va a quedar más remedio que incluirla dentro de un top 5 de series del que tendré que sacar alguna, y no sé cual. La cuarta temporada empezó floja, como dando volantazos sin saber la dirección. Pero vaya si la sabía. Los capítulos iniciales fueron una preparación del terreno para poder permitirse regalarnos un segundo tramo absolutamente espectacular, con despedidas dolorosisímas y fichajes muy a la altura del extraordinario cásting de la serie. Qué portento, qué maravilla de imagen, de música y de todo. Yo no sé dónde vamos Boardwalk, pero quiero ir contigo.

Mad Men

Otra que ha repetido la tendencia de Boardwalk Empire, empezando la temporada un poco renqueante pero acabándola en lo más alto. Este año Mad Men nos ha dado momentos de una intensidad bestial y ha aprovechado nuevos filones como el de Sally Draper para compensar algunas ausencias. No sé si me gusta más el descenso a los infiernos del guaperas o el ascenso a los cielos de Peggy, pero no puedo esperar a ver cómo acaba esto. Mal, claro.

The Good Wife

Señores, pero en qué se ha convertido esto. The Good Wife era casi un guilty pleasure y ahora cada capítulo nuevo es como un huracán interpretativo y argumental de dejarte patidifuso. Cinco temporadas en las que Alicia Florrick, Will Gardner y Diane Lockhart no han parado de crecer y de hacer grande una serie que debería estar ya en el visionado obligado de cualquier aficionado a lo bueno, así en general. Yo todavía me pregunto cómo una producción de abogados que se emite en abierto puede estar logrando tales cotas de calidad. Y por mucho tiempo, por favor. ¡Vivan los ascensores!

Hannibal

Vale, quizás el final de temporada de Hannibal dio unos cuantos bandazos, no pasa nada por reconocerlo. Pero es que tiene tantas cosas buenas que ha logrado que importe un bledo la resolución, porque con lo que disfrutamos es con el planteamiento. Y yo, particularmente con ese Mads Mikkelsen  por el que volvería a jugarme la crucifixión diciendo que se ha zampado a Anthony Hopkins y ha conseguido mitigar el coñazo que es ese Hugh Dancy (no en vano, marido de Claire Danes). Onírica, perturbadora y muy disfrutable. Yo me quedo el tango perverso

Broadchurch

Cuando empezaba a plantearme si las series de pueblo-en-el-que-matan-niño recibían algún tipo de subvención secreta, apareció Broadchurch. Si David Tennant está en esto, mala no puede ser. Y claro que no. Con la misma premisa que todas sus predecesoras, la serie explora las miserias de un pequeño pueblo británico que se pone patas arriba con el misterioso asesinato de un pequeño. Algo profundamente malsano, inquietante y desasosegante hay en esos planos y esas imágenes tan poco convencionales que hacen de esta una de las series del año. Y con una de las protagonistas más mundanas (Olivia Colman) de la pequeña pantalla; todo un bofetón en la cara a las estrellas venidas a menos que van a parar a las series en busca de la gloria perdida. Qué viva la mujer normal.

American Horror Story

Y de mujeres normales, directamente a LA diva. Porque la tercera entrega de la locura de Ryan Murphy usa y abusa como nunca de una Jessica Lange a la que no hay halago que le quede grande, aunque en Coven le hayan salido dos rivales de altura. Angela Bassett (que ha debido venderle hasta las pestañas al diablo, qué cosa más espectacular) y una Kathy Bates que se desenvuelven a la perfección en este universo loco de brujas, hechiceras y Nueva Orleans. Las pequeñas de la saga brillan menos, pero tampoco deslucen. Lo de American Horror Story es droga de la buena, poco más puedo decir.

Orange is the new black

Otra gran reivindicación de las mujeres que este año merece llevarse premio. Llegó en el caluroso verano y Orange is the new black ha sido de las sorpresas más refrescantes de la temporada, para disfrutar sin prejuicios. Hacen falta en la parrilla más propuestas como esta de Netflix, de las de tragarse de un tirón y recomendar por igual al intenso que al espectador ocasional. Qué grandes personajes, qué manera de reír y emocionarse…. y qué miedo que todo esto lo chafen con una segunda temporada. Confiemos.

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