Seriemente

Las 10 mejores series del año

Las uvas, los mazapanes, las broncas familiares o el cotillón. Seguro que muchos aboliríamos alguna de las tradiciones que trae aparejada la época navideña, pero hay una que estamos encantados de salvar de la quema: los ránking de lo mejor y lo peor del año. ¿Porque nos gusta echar la vista atrás y hacer repaso? No. Porque nos pierde eso de ponernos el traje de juececillos, y destripar sin remedio las series que hemos devorado desde la más absoluta parcialidad y subjetividad. Y pelearnos, claro está.

Así que, aquí están las series que Juanma González y servidora salvamos de esta temporada 2011/2012 que arrancó potente en el mercado estadounidense, pero que acabó con un claro predominio británico. Nos ha costado, pero hemos sintetizado en cinco las mejores producciones del año, aunque habríamos puesto muchas más, qué duda cabe. No se impacienten: la semana que viene haremos sangre con todo aquello que pasó por nuestras pantallas y se nos indigestó.  Pero, empecemos con buen pie, aunque sin orden ni concierto: aquí van las 10 mejores, aunque ya saben: no están todas las que son, pero si son todas las que están.

1. Breaking Bad

(Bárbara Ayuso) ¿Somos muy pesados al repetir una y otra vez que Breaking Bad es una de las mejores series en antena? Probablemente sí. ¿Vamos a dejar de hacerlo? A buen seguro que no. Porque la condenada perfección de esta joya seriéfila se supera en cada temporada, créanme. Y ya van cinco. Olvídense del argumento de la contraportada del DVD que reza que Breaking Bad trata de un profesor de química con cáncer terminal que se asocia con un exalumno yonkie para cocinar metanfetamina. ¿Por qué? Porque eso será lo que vean en la primera temporada: un hombre patético en calzoncillos, desesperado por salvar a su familia. Pero despídanse, porque ese hombre nunca será igual. Breaking Bad rebasa el argumento de partida para convertirse en una de las series más redondas del panorama seriéfilo, que es muchísimo más de lo que despunta en su argumento incial. La violencia, el orgullo, el fracaso, la traición, la ambición y los límites de lo moralmente correcto: no hay extremo de la conciencia que no sacuda esta creación de Vince Gilligan, para la que no existe un género concreto. Aterra, emociona, inquieta, entretiene y engancha a la vez. Entonada con dureza y sin concesiones, Breaking Bad resulta explosiva para la retina y también para el estómago. Este 2012 ha emitido los ocho primeros capítulos de su última temporada, en la que se han colocado las minas que explotarán en un final que promete ser apoteósico. Aún están a tiempo. Conozcan a Walter White, pero sobre todo, conozcan a Mr. Heisenberg y su descenso a los infiernos. Y… Say their name.

2. The Newsroom

(Bárbara Ayuso) The Newsroom no es la creación más brillante de Aaron Sorkin. No alcanza la calidad de El Ala Oeste de la Casa Blanca, ni ha sido la serie que mejor ha retratado el universo periodístico. Es tramposa, algo tendenciosa y tiene un arsenal de fallos y pecados para enumerar hasta la abulia, como ya hicimos. Y sin embargo no he podido parar de verla, ni de disfrutarla. Con todo, la producción de HBO me ha mantenido fiel semana tras semana… y no nos engañemos: no ha sido sólo para destriparla y señalarle las imperfecciones. No la veo porque me la crea, sino porque me gustaría creérmela. ¿O los fans del género romántico lo son porque creen que algún día vivirán esa idílica historia de amor? No: la ven para soñar que podría ser así. Y eso es exactamente The Newsroom: una ensoñación sobre el periodismo imposible, sobre los quijotescos héroes que sólo viven en las redacciones de la pequeña pantalla. Critiquen a Sorkin, pero a mí déjenme soñar, que yo me pago esta ronda.

3. Black Mirror

(Bárbara Ayuso) Es difícil que, a estas alturas, no hayan leído algo parecido a esto: la princesa británica es secuestrada, generando una gran conmoción en el país. Sus captores ponen una única condición para liberarla: que el primer ministro aparezca en televisión, en prime time, manteniendo relaciones sexuales con un cerdo. Fundido a negro. Si les suena, ya saben que este es el argumento inicial del primer capítulo de la trilogía Black Mirror, compuesta por tres episodios completamente independientes. A través de distópías y otras argucias, la serie trata de ponernos frente al “espejo negro” de nuestras tecnológicas vidas, llevando al extremo la dependencia y utilizando el futuro para hablar del presente. ¿Hasta donde está llegando nuestra dependencia de la tecnología? ¿Hasta dónde podrías llegar a encadenarte? Black Mirror merece verse, pero más por lo que estimula que por las conclusiones que deja en el aire. La serie quiere meterles una patada en los mismísimos, alarmales, escandalizarles y asustarles. Prueben a ver si lo consigue. Porque, además, plantea una serie de dilemas que no son nada nuevo para la literatura, pero que en la seriefilia han sido escasamente explorados, y mucho menos de una manera tan macabra y kamikaze como la de Brooker. Arriesgada, absorbente y muy estimulante: éntrenle al juego a Black Mirror, pero sobre todo, discútanla, que para eso está.

4. Boardwalk Empire

(Bárbara Ayuso) La Bárbara de hace un año se equivocó. Cuando acabó la segunda temporada de Boardwalk Empire no quise creer que la tercera conseguiría mantener nivel tras el inconmensurable final que amenazaba con dejar la serie coja y manca. Pero en 2012 mi error me abofeteó en la cara con una tanda capítulos cuya calidad ha roto las costuras de la serie. Ahora ya es definitivamente imprescindible. No se dejen apabullar por su ficha: (Martin Scorsese, Steve Bucemi, Terence Winter) y véanla. Dénle cinco capítulos, para que la(s) trama(s) despeguen, pero no lo tomen como un esfuerzo, porque no lo es. Desde el primer minuto hay algo en esta historia de gángsters en el Atlantic City de la ley seca que les sabrá a clásico y les prometerá algo en cada plano: que va a ser muy grande. Un capítulo después, lo cumplirá. Y entonces, les cogerá de las solapas por haber pensado que no podía ser aún más buena, y crecerá todavía más. Así es Boardwalk Empire: una serie durísima, descarnada y sórdida que sin embargo no deja de resplandecer con la promesa de superarse a sí misma, dejando fiambres a su paso. Y esto no para, señores.

5. American Horror Story

(Bárbara Ayuso) La pregunta de 2011, en lo tocante a series de terror, fue qué narices se esconde en ese sótano de la primera temporada de American Horror Story. Con la segunda entrega de la serie de Ryan Murphy, la incógnita es bien distinta: ¿Hasta dónde le van a dejar llegar? ¿Qué más puede pasar? Es la pregunta que no deja de asaltarnos con la llegada de la nueva temporada de esta loquísima serie, que ha dado carpetazo a la historia de la casa de los horrores para sumergirnos en un entorno que infinitamente más terrorífico y asfixiante. Ya no hay muertos que perturben el sueño, ni hombres de látex, pero quién los quiere teniendo en escena a esa grandérrima Jessica Lange, que todo lo inunda. El horror depravado y algo enfermo de Murphy le ha dado otra vuelta de tuerca al género, trasladándonos a un manicomio espeluznante que degrada a cuento infantil cualquier otra serie de terror. ¿Ingredientes? Sexo, depravación, misterio, barroquismo visual y todo lo que se puedan imaginar. Elevado al cubo y bien bañado de sangre.

6. Sherlock

(Juanma González) Los últimos tres capítulos del Sherlock más contemporáneo continúan los méritos de la anterior tanda, al tiempo que engrandecen el universo londinense del oligofrénico protagonista. Más personajes (una desabrigada Irene Adler), más acción (a cámara lenta, por qué no) y tramas más sinuosas que subrayan la habilidad de Stephen Moffat de no perder el control del cotarro, que por cierto, tardará en volver más de lo deseable, según todos los augurios, debido a la hiperactividad laboral de sus protagonistas. Sherlock me sigue pareciendo la misma maquiavélica montaña rusa de siempre, la mezcla perfecta de las perversas maquinaciones psicológicas de Christopher Nolan y su falso realismo, con el thriller pirotécnico en todas sus distintas y saludables variedades, todo ello sin ofender a la abundante base lectora de Conan Doyle. Y encima, con duración de largometraje.

7. Homeland

(Juanma González) Tras la generosa primera temporada, caracterizada por su brillante y sostenida torsión del moderno thriller de espionaje, llegan sus verdaderas consecuencias. Pese a que la segunda temporada de Homeland parezca eso, menos Homeland que la anterior, el legado de la misma permanece intacto: no son pocos los que aseguran que La noche más oscura, el retrato de Kathryn Bigelow de la muerte de Bin Laden con una heroína femenina de protagonista (y uno de los títulos fuertes para la futura temporada de los Oscar)  bebe sin complejos de la Carrie Mathison de Claire Danes en la presente. Ese es quizá mérito más duradero de la serie y el mejor aprecio que puede hacerse a este segundo año: su aproximación a un feminismo oscuro, frenético, solitario, que busca a toda costa equipararse en todo y ante todo, todo ello empaquetado a través del dramático retrato de unos personajes inestables movidos por una eterna insatisfacción. Y ella está como un gofre.

8. The Walking Dead

(Juanma González) La serie que ha popularizado el mito zombie se deja de intimismos moñas y da caña en su tercera temporada. El largo impasse rural del año pasado, con sus restricciones presupuestarias, sus machaconas preguntas morales y la poco elegante patada a Frank Darabont, podría haber sumido a cualquiera en el descrédito. En realidad, eso fue lo que pasó. Pero tal y como nos avisaron en los últimos coletazos de aquel año, The Walking Dead se ha convertido en su tercer año en la mejor versión de sí misma, y una orgullosa estandarte del orgullo friki: un extremo drama de supervivencia en el que sus protagonistas combaten contra la putrefacción interna (al fin y al cabo, ya nos aclararon la causa sin que nos diéramos cuenta: todos los vivos estamos infectados), y externa, con todo un ejército de muertos vivientes dispuestos a acosarte a bocados. Al contrario de lo que opinan sus detractores, el foco de atención en las (buenas) películas de zombis no es sólo la destrucción del cuerpo humano, sino que siempre ha estado en el simbolismo de la amenaza, o en todo caso, en los vivos. La transformación de un sheriff afable y padre de familia ejemplar en un antihéroe bad-ass es buena prueba de ello.

 9. Downton Abbey

(Juanma González) La otra gran e inevitable aportación british de la lista y para quien esto escribe, la serie que ensancha nuestra idea del culebrón hasta las más dignas cotas de alta alcurnia y abolengo. Una serie que derriba fronteras de esta forma (las americanas, se entiende), convirtiendo el género Merchant-Ivory en moneda de cambio USA, merecería un sesudo análisis en alguna parte, por ejemplo esta. Pasiones reprimidas, conflictos interclasistas, amoríos, perrerías y hermandades conmovedoras. Y sí, hasta besos gay y una muerte. Todo ello ha congregado a seis millones de americanos conmovidos por los problemas de clase y financieros de sus protagonistas, y en cuyo tercer año cobran especial protagonismo la maternidad y el contestón personaje yanqui de Shirley MacLaine, madre de la condesa y reverso puñetero de la británica Maggie Smith.

10. Modern Family

(Juanma González) Modern Family es imbatible. En su cuarta temporada, sus guionistas mantienen un control perfecto de su poblado plantel de personajes, de la larga lista de situaciones que generan por pura combinatoria. Y cuando todo debería dar síntomas de agotamiento, da gusto ver como las cosas simplemente siguen fluyendo gracias al trabajo de un reparto ejemplar. Como creo que debo haber dicho o escrito en alguna ocasión, Modern Family es un producto convencional pero no conformista, de esos que inyectan aire fresco a un género, y en la que cristalizan todos los hallazgos de la fecunda y abundante cantera cómica americana. Una serie que no te cansas de ver una y otra vez.

A continuación