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'Isabel': ¿vence el pulso a la polémica?

Con un “se arrepentirán”. Así acaban, poco más o menos, los dos primeros capítulos de Isabel, la controvertida producción televisiva estrenada epor La 1 en el prime time de la noche de los lunes, tras no pocos problemas, pero con un incontestable éxito de audiencia. La futura reina interpretada por la joven Michelle Jenner (Los hombres de Paco), convertida en toda una heroína de folletín, jura ante nosotros que los responsables de la desgracia de su familia y su humillación personal lo pagarán bien caro. Y son muchos, como pueden imaginar. Con ese juramento, los responsables de Isabel también hacen una promesa al espectador televisivo de los lunes: el de un puñado de semanas de ficción nacional confeccionada según el modelo de las series históricas del cable –Los Tudor, Los Borgia, Los pilares de la Tierra- que, sin llegar a resultar soberbia en resultados (la acción rara vez sale fuera de Palacio y hay demasiada exposición), sí resulta de lo más apreciable.

Isabel no se libró de la polémica incluso antes de ser emitida. Su retransmisión  se paralizó el pasado febrero debido a las limitaciones en el presupuesto de la corporación, ya que pese a que los 13 capítulos de la serie estaban finalizados, cada vez que la entidad emite un capítulo debe pagar una determinada cantidad a la empresa productora, Diagonal TV (Amar en tiempos revueltos). La decisión, no exenta de polémica, afectó también a otras producciones de éxito como la veterana Águila Roja, también ambientada en tiempos pretéritos pero de naturaleza bien distinta. Comparar ambas sería un error en términos artísticos.

El relato comienza sin ahorrarse resonancias heroicas y, por supuesto, históricas. La joven Isabel y su hermano Alfonso viven una infancia y adolescencia idílicas en Arévalo. Comparten techo con su madre Isabel de Portugal, viuda del rey Juan II de Castilla, y su tutor Gonzalo Chacón. No obstante, su hermano mayor, el rey Enrique IV, ordena que se trasladen a la Corte con motivo del embarazo de su esposa, doña Juana de Avis. La reina no tarda en manifestar su desprecio por los jóvenes, una amenaza para la posición de su bebé recién nacido, y la misma noche de su llegada organiza una serie de provocaciones (sexuales, por supuesto: acuérdense de series como Los Tudor) para así minar la moral de la joven Isabel. Más tarde se suceden las conspiraciones por el trono, el arreglo matrimonial con el rey de Portugal auspiciado por su principal enemiga, e incluso un intento de secuestro resuelto en un plis por Sergio Peris-Mencheta.

Pese a la excesiva textura digital de sus imágenes (una batalla perdida, la del grano cinematográfico), el esfuerzo de producción realizado en Isabel queda patente desde su mismo comienzo. Sus responsables tratan de combinar intriga palaciega con la dosis justa de misterio y sexo explícito (ausente -por cierto- en el segundo capítulo, para decepción de los más jacarandosos) y escenas de relativa épica que aprovechan la grandeza del infravalorado paisaje castellano. En sus mejores momentos, Isabel consigue enganchar a la audiencia utilizando procedimientos exclusivamente visuales, aunque se echa de menos una mayor visualización de batallas o escaramuzas que forman parte de la historia. El reparto, bien sin más: Michelle Jenner parece aún un tanto tierna, pero a cambio contamos con una villana a la altura, la reina consorte encarnada por una extraordinaria Barbara Lennie.

Lamentablemente, el primer episodio peca de cierto exceso de exposición que perjudica la cohesión de la trama, y el segundo -que mejora en fluidez- no acaba de rematar por la ausencia de verdadera emoción. Muchos personajes, muchos nombres y muchas subtramas. El peso de la Historia es lo que tiene. El guión parece sentirse obligado a establecer las pautas para posteriores episodios, obligando al espectador a buscar el verdadero gancho en los apuntes escondidos en un segundo término. Como suele ocurrir, los instantes más aparentemente intrascedentes (que hacen referencia a el fin de la inocencia de Isabel, los problemas económicos de la corte, o los escándalos monárquicos) son los más humanos y los que establecen la conexión emocional con el espectador.

No obstante, y pese a que no todos sus elementos confluyen con éxito (¡hablamos todavía de los dos primeros capítulos!) resulta obvio que la serie entra fuerte en la parrilla, y que sólo la voluntad de ahondar en años trascendentales de la Historia y cultura española, a menudo despreciados en beneficio de otros períodos históricos (todos sabemos cuáles), y el ansia de profundizar para el gran público en la construcción de cierto relato patriótico, retrotrae a tiempos pasados y mejores en la producción audiovisual española. Se trata, simplemente, de hacer un espectáculo digno con nuestra propia identidad, pero anteponiendo el entretenimiento, el espectáculo y la pura narración por encima de otros intereses espurios. En este sentido, lo que hemos visto de Isabel merece un pase.

Puede ver online Isabel, emitida la noche del lunes, en la web oficial de RTVE.

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