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'Hannibal': este doctor Lecter se zampa a Anthony Hopkins

Hoy me juego la crucifixión, lo sé. Porque hasta el momento, no tengo noticia de nadie que haya salido indemne de la innoble tarea de sacarle pegas a los mitos del cine universalmente aceptados. Tanto más si hablamos de personajes umbilicalmente ligados a los actores que les dieron vida: Scarlett O’Hara siempre tendrá el rostro de Vivien Leigh, no admitiremos otro Don Vito que el de Marlon Brando y Norman Bates siempre nos mirará desde los ojos de Anthony Perkins. Son más que iconos: ellos son el personaje. Por eso, las adaptaciones o remakes lo tienen crudo, porque en el fondo, volver a interpretar esos roles es casi como profanar terreno sagrado. Y criticarlas, también.

Convendrán conmigo en que Hannibal Lecter forma parte de esa lista: el doctor caníbal  de las novelas de  Thomas Harris, permanecerá asociado a la interpretación que de él hizo Anthony Hopkins en El silencio de los Corderos. Nadie más podrá ser Lecter… ¿o sí?

Como ustedes, guardo grabado en la retina ese Quid Pro Quo, Clarice, y la inquietante  interpretación de Hopkins en el film de  Jonathan Demme, que la mayoría de los ránkings convienen en señalar como una de las mejores de su carrera. Consiguió “borrar” el recuerdo de un Lecter anterior (Brian Cox) y quedarse con el trono de la psicopatía caníbal, incluso en las postrimerías de la saga.

Por eso, cuando NBC presenta una nueva serie que pretende ‘colarnos’ un Doctor Lecter diferente con ‘Hannibal‘ , lo lógico es afilar los dientes y preparar el arsenal de críticas  ante la desfiguración del mito. La desconfianza aumenta al pensar que, desde una cadena pública y no de cable, será imposible dotar al doctor de carácter retorcido, insano y profundamente depravado que requiere el personaje. El primer paso atrás llega con la elección de nuestro nuevo Lecter: el actor danés Mads Mikkelsen (estupendo Le Chiffre  en Casino Royale) que me apasiona y turba a partes iguales. Y a mí esto ya me empieza a interesar. Encima la dirige Bryan Fuller (Pushing Daisies) y en los primeros episodios tendremos por ahí rondando a la mente que creó Hard Candy (David Slade).

Hannibal, que en España emite AXN, replantea la historia de El Dragón Rojo, en la que de nuevo, el  doctor caníbal no toma un rol protagónico (aún) sino que cede planos al agente del FBI Will Graham (interpretado por Hugh Dancy); un especialista en perfiles criminales que está mucho más cerca de ingresar en la López Ibor que de parecerse al Edward Norton de la versión cinematográfica.

El planteamiento, sin ánimo de revelarles demasiado, no es ninguna novedad: un serial killer está haciendo de las suyas (¡y qué suyas!) y los cuerpos del orden reclutan al afamado psiquiatra Lecter para que ayude al inestable Graham. Lo sorprendente aquí, es la ejecución: tanto de los asesinatos, como de los protagonistas, incluso el planteamiento visual no son lo que cabría esperarse.

Las muertes son cruentas y retorcidas, crueles sin necesidad de cascadas de mercromina. Con un barniz entre onírico y kubrickiano (de hecho, hay una escena en la que el director, directamente copia el baño de El Resplandor) incluso las escenas más inocuas nos desasosiegan e incomodan sin saber muy bien por qué. Y lo mejor, es que logra poner a su favor uno de las principales hándicaps de la serie: la información con la que ya contamos sobre el Doctor Lecter. Esperamos un psicópata que se zampe a sus víctimas con un exquisito aria de fondo, pero la serie no nos lo da. Aún no. Juguetea con el caramelo frente a nosotros, resabiados espectadores, pero el dulce no se acerca a nuestras fauces.  Seguimos expectantes, ansiosos por corroborar que ese filete que Lecter deglute con exquisitas maneras es el hígado de algún desgraciado que descansa en su sótano. Como un tango perverso, la serie juega, en sus primeros compases, a equilibrar la bestialidad del serial killer, con el refinamiento de un tipo que sabemos que es ponzoña pura cuando nadie le ve.

Como no podía ser de otra manera, la relación entre Lecter y Will es otro de los puntos fuertes de la serie, y amenaza con regalarnos auténticos momentazos, aunque de momento sólo se está insinuando. Además, consigue hacer del soso Hugh Dancy algo así como un actor solvente, aunque aún persiste mucha de la pereza absoluta que me provoca (no es tan fácil olvidar todas esas comedias románticas insufribles, Hugh). Pero el mayor tanto se lo anota el danés, alcanzando uno de esos logros que tanto gusta repetir a los actores: ha hecho suyo el personaje, sin profanar el mito.

Y sí, ya ha llegado el momento de crucificarme: este Lecter ha conseguido inquietarme aún más de lo que Hopkins lo hizo en su día. ¿Es ese desagradable gesto de su boca? ¿Sus maneras reptilianas? ¿Su elegantísimo porte? ¿Su destreza en los fogones? ¿El hecho de que no sorba como Hopkins? En el fondo, me sobran los argumentos. Tiemblo con él en pantalla, y a la vez quiero ser su Clarice. Escalofríos y adrenalina al 50%.

De momento, Hannibal ha tirado los dados, y estos le han devuelto una altísima puntuación. Habrá que ver cómo prosigue la jugada, pero a mí el doctor Lecter me ha comido el seso. Aún no literalmente.

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