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'El Príncipe' es una decepción total

Telecinco no es HBO. Obviamente, nadie esperaba que la nueva serie policial protagonizada por el eficaz José Coronado fuera The Wire (JAJA). Aunque a lo mejor sí que retuviera algo de Grupo 7, una película formidable cuyo recuerdo campa a sus anchas por este primer episodio de El Príncipe. Hay que reconocerlo: tras varios intentos (exitosos) de la ficción española por alcanzar cierto estándar de calidad, inteligencia y entretenimiento, había esperanzas en torno a la serie, sobre todo tras ese golpe sobre la mesa de Antena3 con El tiempo entre costuras. Quizá por eso mismo la nueva ficción de Mediaset, cuyo argumento gira en torno a una comisaría conflictiva en el barrio ceutí que le da título, se convirtió en una prioridad absoluta para la cadena, tanto a nivel de producción como de promoción. Pero si notan desencanto en el párrafo de presentación, no van desencaminados. Porque la decepción es total.

El Príncipe, esa serie que se nos vendieron como un thriller hard-boiled sobre la lucha a pie de calle contra el narcotráfico, además de un intento serio de alejarse de los tópicos de las series españolas con algo más despiadado, se conforma con ese tono doméstico y de andar por casa de la mayoría de las ficciones de su cadena y de la otra. Como si estuviéramos en Siete Vidas, no falta un bar de menú donde confluyen los personajes, una historia de amor que insiste en interrumpir la pseudo-trama, por no hablar de esos colores brillantes y entornos cálidos que son la marca de estilo visual de Globomedia y similares. Señoras y señores, seguimos atascados en El Comisario y ¿perdón, quien se acuerda de Brigada Central?. El Príncipe, a diferencia de aquel clásico que produjo TVE, se esfuerza por aclararnos todavía más desde el primer capítulo que todos los polis tienen vida personal, que incluso el más corrupto de todos ellos esconde sentimientos, por mucho que ahora -señores, que esto es una serie adulta- también tenga una amante. Poco importan estos avances, ya que al final todo está conectado e incluso queda en familia, dado el parentesco que une a la mitad de protagonistas de la serie. ¿Hablábamos de El Comisario? Mejor dejémoslo en Menudo es mi barrio. ¿O era Menudo es mi padre? Ustedes me entienden.

Hemos visto sólo el primer capítulo de El Príncipe, pero el pronóstico para el resto no es muy halagüeño. La serie se pasa el procedimiento policial por el arco del triunfo, los extras marroquíes ni están ni se les espera, y el tono de la relación entre los personajes de Álex González y Jose Coronado parece que queda establecido desde el principio. Aquí el único muerto, lo adivinamos ya, es el suspense. Aún hay más: el joven Morey un día sale a patrullar y al siguiente hace trabajo de despacho; el veterano Fran tiene cosas que ocultar, y con eso todas las cartas de los personajes están ya sobre la mesa. Pero la cosa empeora cuando toca rozar temas serios porque, ya saben, hay que mostrar también los conflictos raciales y sociales de un barrio a caballo entre Oriente y Occidente. Aquí es donde El Príncipe se ventila las ambigüedades con una desvergüenza que, en realidad, mola bastante: ese policía marroquí que es más español que nadie (“yo soy español, coño”), frases memorables como “aquí en El Príncipe eres español o eres moro”, destinadas a los Razzie, si los tuviéramos. Y sí, los gazapos, como por ejemplo ese del prólogo, en el que un grupo de policías se deshace de un cadáver… ¡a bordo de un furgón policial!.

En medio de todo esto, como era de esperar, brilla un José Coronado que no necesita esforzarse demasiado para aportar casi todo el peso y solidez que tiene la serie. Y Álex González, correcto, sabe salir de la ducha con garbo y toalla a la cintura, aunque está mejor cuando esgrime un arma y corre ante una turba que cuando tiene que hablar para decir algo. Lo dicho: El Príncipe, con sus cinco millones y pico de espectadores, todo un éxito de audiencia, demuestra que los tiempos de la entrañable El Comisario no están tan lejos. De hecho, están aquí a la vuelta de la esquina.

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