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Diciendo adiós a House: cosas que hemos aprendido

Ya está, no hay remedio: House se ha ido, y no va a volver. Después de ocho años en antena, la serie del doctor cum laude en irreverencia ha emitido su último capítulo, un desenlace a la altura de la producción estrella de Fox. Pero no se me preocupen los que aún no han disfrutado de la season finale: no habrá espoilers en este post. O mejor dicho, los relegaremos hasta el final del texto, así que ya saben: si sobrepasan la señal indicativa, aténgase a las consecuencias.  [Léase con risa malvada]

Aconsejados por un solvente equipo psicológico, en Seriemente no vamos a llorar la pérdida de House. Apetece algo de pataleo y melodrama, pero no. En lugar de eso, apostaremos por algo mucho más constructivo, rindiéndole un modesto homenaje a modo de balance, recordando algunas cosas que hemos descubierto a través de esta gran serie. Puede que con lo aprendido no nos alcance para el MIR, pero es innegable que House marca un antes y después en las series de médicos al uso, enseñándonos cuán absurda e insólita puede ser la práctica de la medicina, especialmente en el Princeton Plainsboro. Estrujándonos las neuronas, hemos recordado algunas de las enseñanzas que nos han dejado 149 capítulos, y después, hablaremos de ese último llamado Everybody dies.

Hemos aprendido que…

  1. Los médicos profesan más fe al principio de ‘Todo el mundo miente’ que al Juramento hipocrático.
  2. En el Princeton Plainsboro, 10 minutos después de tu ingreso tendrás una media de 3 tubos introducidos en el interior de tu cuerpo.
  3. Un termómetro puede olvidarse en cualquier sitio. Incluso en el recto de un Policía.
  4. Una rata puede ser un animal doméstico como cualquier otro.
  5. El percebe es el animal con el pene más grande, en proporción a su tamaño.
  6. Aunque lo parezca, nunca hay demasiadas plazas para minusválidos en un hospital.
  7. Puedes jugar de tú a tú con Dios.
  8. Si tienes que devolverle un peine a tu novia, es mejor que cojas el autobús.
  9. El allanamiento de morada no necesita prescripción médica.
  10. Carmen Electra puede ser el colofón perfecto para una ponencia magistral.
  11. La comida de los aviones puede derivar en histeria colectiva.
  12. Los hongos pueden estar en cualquier parte.
  13. Un mono con un frasco de analgésicos podría atender una consulta entera.
  14. A pesar de todo, hay pacientes que prefieren ver la tele con House que volver al trabajo.
  15. Ir a ver los Monster Trucks no es la mejor idea para una primera cita
  16. Numerar a tus trabajadores como ganado puede dar mucho juego
  17. Puedes mandar a tus empleados a comprar droga en horario laboral
  18. Puedes pedir una prueba de paternidad de 3.000 dólares para ganar una apuesta
  19. Hurgarse los dientes con un palillo es más peligroso de lo que parece
  20. Si existiera el Nobel a la paciencia, no habría más candidatos que Wilson.
  21. Ir a un bar es una buena idea casi siempre. Salvo si acabas de salir de un accidente de tráfico. Y menos si el camarero es el cantante de Limp Bizkit.
  22. Los mejores diagnósticos surgen viendo culebrones. O botando una pelota.
  23. Un pato puede deambular por un hospital con completa tranquilidad.
  24. Ni siquiera siendo uno de los mejores médicos del mundo, operarse en una bañera es buena idea.
  25. Aunque sufras cojera, puedes lograr que un equipo de médicos corra tras de tí por los pasillos.
  26. El diagnose&walk es una derivación más que digna del walk& talk.
  27. Es mejor que tus familiares salgan de la habitación cuando entra House, si no quieres que descubran tus secretos más incómodos.
  28.  El cáncer “es aburrido”
  29. Si alguien pregunta por tí para pegarte un tiro, lo mejor es señalar al de al lado.
  30. Que nunca es lupus. Aunque lo parezca.

Y ahora, hablemos del capítulo final (Spoilers)

 

Podría hacerme la resabiada -como habitualmente- y sacarle los defectos al último capítulo de House, Everybody dies. Pero allí donde habitualmente me muestro asquerosamente intransigente y quisquillosa, hoy sólo puedo albergar satisfacción: el final me ha dejado un estupendísimo sabor de boca. Ha estado a la altura, sin lugar a dudas.

Todo ello, a pesar de que me he contado entre las defensoras de que House estaba alargando su vida innecesariamente, y era imperativo darle un final digno. Aunque en ciertos bajones de la serie he dudado de que fuera a conseguirlo, y he temido que sus últimas temporadas supusieran un bajón de calidad, ahora reconozco que lo han logrado: el final está a la altura de esta grandísima serie.

Porque si algo puede decirse de la season finale, es que ha sido fiel a todo lo que sus seguidores hemos adorado durante años: la intriga, el drama, la tragedia, el humor ácido, la emoción pura y todo lo demás. Ha sido, por encima de todo, coherente. No tenía sentido que la serie acabase con House muerto, fruto de su propia autodestrucción. Tampoco que fuera salvado por el amor, felizmente arrejuntado con un bebé en los brazos. Y muchísimo menos que asumiera una trayectoria circular en la que el personaje acabara donde empezó; siendo el mismo hijo de puta cascarrabias amargado, con imposibilidad congénita para ser feliz y para hacer felices a los demás. Las muertes, las tragedias, y las experiencias no podían caer en saco roto, y debían hacer mella en el doctor. Le hemos visto cambiar y evolucionar, pero debía ocurrir algo más.

Y ese algo ha sido el ser capaz de conseguir la felicidad de alguien querido, aunque ello implique que no tome la vía que juzgas adecuada. Aunque eso te lo arrebate. Lo cual, había sido una quimera para el House que conocimos hace ocho años. Que sea él quien salve a Wilson es un acierto, además de un emotivísimo giro que nos habla de la evolución moral y personal del personaje al que su escudero ha salvado en centenares de ocasiones. Aunque adoremos al House tal cual es -porque no está junto a nosotros, claro- que ese cambio se produzca con objetivo tan noble es un giro poético maravilloso para concluir su historia. Para mí confirma lo que siempre he sentido: que la historia de House no se entiende sin Wilson, y viceversa. No sé que pensaréis, pero situar la amistad como el verdadero motor de cambio, como epicentro de todo lo demás, ha hecho grande a esta serie. Y es, además, una deliciosa ironía: House ha pasado su vida egoístamente, tratando de salvarse sólo a sí mismo y siendo salvado siempre por Wilson. Al final, es él el que socorre a Wilson de manera desinteresada, consiguiendo de rebote, su propia salvación.

Por eso, y porque me siento gratamente tratada por la serie, no le pondré pegas. A mi juicio, ha sido fiel con sus seguidores hasta su última escena, y ha convertido todo reproche posible en melindres sin importancia. Sólo un ‘pero’ rápido, hacia Lisa Edelstein: Cuddy merecía estar en ese capítulo final.

Así que, agradecida y emocionada que diría la Morgan, me despido de esta maravillosa serie, satisfecha de ese giro final homenaje a Sherlock Holmes, su inspiración. Adiós, House: ha sido un verdadero placer.

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